Opinion

Deseos para el 2021 y el resto de la tercera década del S. XXI

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Isaías Orozco Gómez

lunes, 11 enero 2021 | 05:00

Me complace estar presente, nuevamente, con mis modestas colaboraciones, en el espacio que me brinda y publica todos los lunes en las páginas de opinión, este reconocido y prestigiado Diario de Chihuahua. Particularmente, en tiempos en que por la indeseable pandemia del Covid-19, no nos es posible conversar, dialogar cara a cara, personalmente en persona.

De ahí que reitere mi agradecimiento al respetable señor Oswaldo Rodríguez Borunda y a la dirección y coordinación editorial del predicho Diario matutino, por permitirme continuar en sus páginas. Así mismo, estimo en todo lo que cabe, el seguir contando con muy apreciables lectores, que tan sólo con los de casa, superamos la docena. 

Y cómo no seguir esforzándonos por cumplir de la mejor manera, con tal compromiso semanal, si hace tiempo que este medio de comunicación es considerado y ponderado como el ‘periódico’ que día tras día informa, presenta las noticias veraz y objetivamente, y respeta la opinión de sus colaboradores, ceñido a lo estipulado en el Artículo 6º y 7º de la CPEUM. Considerando, además, el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que sustenta: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a cusa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

En cuanto al título que encabeza la presente colaboración, empezaremos por dejar establecido, que deseamos profundamente, que pronto, lo más pronto que sea posible, no siga la escalada de dolorosas y tristes defunciones generadas por el Covid-19. Que por el contrario, se entre en una fase de muy importante disminución de seres humanos contagiados, y que la Madre Naturaleza, extirpe de su faz  tan nefasta pandemia y demás virus nocivos para la salud de los entes pensantes y actuantes que pueblan el tan expoliado Planeta Tierra.

Que la dura experiencia y vivencia de la tan citada y rechazada pandemia, nos esté dejando verdaderos aprendizajes, recordando que todo aprendizaje se manifiesta en cambio de conductas. Que como el Covid-19 es un grave problema que está afectando en todos los aspectos de la vida cotidiana a los más de siete mil millones de hombres y mujeres  –desde niños y ancianos– que habitan el Globo Terráqueo, los gobiernos de los Estados-Nación, esencialmente de las grandes potencias (USA, Rusia, China, Gran Bretaña, Alemania…), en lugar de estar invirtiendo permanentemente miles y miles de millones de dólares en la industria bélica, se convenzan de que es más importante canalizar esos recursos y los que se necesiten, para estar preparados óptimamente con suficientes, eficientes y oportunos recursos humanos, hospitales y número de camas, laboratorios para la elaboración de medicamentos y vacunas para combatir pandemias como la actual, sino además las endemias y epidemias tales como los cánceres, la diabetes, la tuberculosis, la lepra… Y no vuelva a presentarse la situación que vino a exhibir a esos y más gobiernos por la falta de medidas preventivas y curativas.   

Que los niños y adolescentes escolapios, quienes más están “sufriendo” el enclaustramiento por la contingencia sanitaria en referencia, pronto vuelvan al proceso de enseñanza-aprendizaje presencial, aun cuando tengan que adaptarse cibernéticamente a los requerimientos individuales y sociales, pues la experiencia docente nos dice que la socialización, que la interacción dinámica entre los alumnos y sus mentores son hechos imprescindibles que estimulan y revitalizan sus deseos de estudiar, de aprender.

Y en relación con el anterior deseo, urge que todos los gobiernos del orbe, pero en especial de los EUM y de nuestra entidad federativa, se convenzan de una vez por todas, de manera clara, definitoria y definitivamente de la imperiosa necesidad de apoyar e impulsar el cultivo de la tierra, preeminentemente la producción agropecuaria. Pues mientras nuestros vastaguitos, incluso, gestándose en el maravilloso vientre maternal, no tengan una alimentación rica en nutrientes, su talla y peso seguirá siendo raquítica, deficiente. Trayendo por consecuencia, bajo rendimiento físico e intelectual. Y, desde luego, una mala alimentación o un estado cuasi de hambruna entre las nuevas generaciones y entre los adultos mayores y ancianos, los expondrá más fácilmente y en cualquier momento a pandemias como el Covid-19 o…

Alguien dijo por ahí: “Gracias 2020. Útil la riqueza. Valiosa la salud”.