Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Desgarradores relatos de una valiente mujer -¡Siempre de pie!-

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/ “Fui maltratada por mi padre”: Liz.
/ “Tuve una niñez de infierno”: Liz.
/ ¡De niña a mujer!

Oscar A. Viramontes Olivas

sábado, 09 octubre 2021 | 22:29

Liz comentaba: “Fue así que en la medida que mi cuerpo iba transformándose de “niña a mujer”, la hiena empezaba a mirarme con ojos maliciosos y la verdad estaba toda traumada de las pocas posibilidades que tenía de salir a la calle, pues ni siquiera pude terminar la escuela ya que sin dinero nada se podía esperar. A la edad de 16 años, ese imbécil se acercó a mí y me empezó a tocar; la verdad sentí mucha repugnancia con lo que hacía y en realidad nada pude hacer en ese momento, pues de ser un tipo posesivo y con mucha experiencia, me forzaría hasta que hizo de mi lo que quiso, dejándome con un dolor terrible y en un charco de sangre.

“En ese momento salí corriendo y pude escapar por una de las puertas de la parte trasera de la casa que afortunadamente no tenía barda; corrí y corrí sin parar, llorando como loca al sentir que fui lastimada, burlada, violada y ante la mirada de la gente que se reía de mí y me gritaban groserías, pues me conocían que era hija de una mujer que se dedica al sexo servicio”. ¿Pero qué te gritaban? “Me decían de todo y hasta de lo que me iba morir; me recordaban a mi madre a cada rato, ¡No, no!, fue terrible esa experiencia que viví cuando fui burlada”. Y ¿después qué pasó?: “Pude llegar a la casa de doña Panchita, una viejecita que siempre nos apoyó en los momentos más difíciles. Cuando ella me abrió la puerta, entré precipitadamente y con una ternura implacable me abrazó preocupada de mi aspecto…Después de un momento, cuando me pude serenar, le conté todo lo que había sucedido y le pedí que me ayudara para irme al otro lado en busca de nuevos horizontes.

“Panchita me insistió que volviera a mí casa, pero le respondí que jamás de los jamases regresaría a ese lugar, por lo que le pedí algunos cuantos pesos para irme a Ciudad Juárez y ahí cruzar al Paso Texas de mojada. Amablemente me prestó algunos billetes y de inmediato me encaminé a la frontera: Panchita, dígale a mi madre que me tuve que ir, pues la situación en la que me encuentro es vergonzante, por lo que pronto tendrá noticias de mi”. Fue así que se llevó tan solo el dinero y la bendición de la humilde señora que la acompañaría hasta la frontera. Al llegar ahí, cuenta Liz: “Me contacté con un conocido de mi madre para que me cruzara al otro lado y así fue, estaba por fin más allá del Río Bravo. Fui con una dama, amiga de mi madre que vivía por la calle Montana en una casona, donde se decía que se ejercía la prostitución. 

“Cuando me recibió, de inmediato me acogió en su casa para ayudarme, pero con algunas condicionantes, pues me comentaba que las reglas para estar viviendo ahí eran, que trabajara para ella en el sexo servicio y que fuera demasiado discreta, porque estaba prohibido el ejercicio en la ciudad del Paso, Texas”. Pasaron los días y meses y la joven mujer empezó a desarrollar la actividad más antigua de la humanidad, donde comenzaría a experimentar el consumo de alcohol y drogas, pues era parte del “kit” que tenía que hacer para entretener a sus clientes. Era duro, muy duro y más aún cuando desde Chihuahua recibía una carta de Panchita, su gran amiga: “Hija espero que estés bien, te escribo estas líneas para decirte que tu abnegada y sufrida madre murió hace algunas semanas producto de un conflicto que tuvo con “El Gordo” tu padre, donde él con saña, le propinó varias puñaladas al pecho quedando fulminada…Solo te aviso que ella fue sepultada en la fosa común y él al momento del homicidio se enfrentó con la policía quedando cocido por los balazos que le dieron, pues él se resistió y ya sabes en que terminó todo eso… Además, gracias por mandarme el dinero, que Dios te bendiga y te cuide y espero que un día puedas venir para abrazarte y decirte que te quiero, tu amiga Panchita”. 

Fue dura la notica que la hizo desvanecer, pues su mundo, pequeño e infeliz se convertía en un verdadero infierno. Pasó el tiempo y la pobre muchacha fue a comprar algo de alcohol y drogas con un muchacho que ella conocía y para sorpresa estaba la policía vigilando al “puchador” y en ese momento cayeron como abejas y la detuvieron junto con Charlie: “Parecía que era el fin, ya que me trasladaron a una de las cárceles cercanas de la ciudad del Paso y ahí, duré por espacio de cuatro años recluida hasta que me soltaron en el puente “Córdova” de Ciudad Juárez. Sólo contaba con unos cuantos pesos para el pasaje de regreso a chihuahua, encaminándome a la Central Camionera; tomé el autobús y después de cuatro horas de viaje llegué al otro infierno, donde había vivido mis primeros 16 años. 

“Pronto me encaminé a la casa de doña Panchita para saludarla y abrazarla, pues era como mi segunda madre. Al llegar donde estaba su casa, me sorprendió porque ya la vivienda había sido demolida y de inmediato me puse a preguntar a los vecinos por ella; varios me dieron la mala noticia que había muerto al golpearse la cabeza en el momento en que se estaba bañando. No sé, era tan dramático vivir así sin ningún sentido, me sentía como “basura”, pero no había remedio, algo me decía que tenía que continuar y que no era el momento para caer derrotada”. ¿Te repusiste de estos duros golpes?: “Fue difícil pero no imposible estar sin mi madre y sin ninguna posibilidad de tener algo de momento, por lo que solo me quedó empezar a trabajar en lo mismo. 

“Hasta cierto punto los primeros meses me fue bien, pues tenía algunos clientes que me frecuentaban”. ¿Te enamoraste con alguno de ellos?: “Mira, en este asunto hay que dejar los sentimientos a un lado y solo cumplir con lo que el cliente te dice, sin ningún tipo de intercambios afectivos, sin embargo, me empezó a gustar un hombre que se veía muy apuesto y que de vez en cuanto buscaba mis servicios. Cuando llegaba conmigo se mostraba muy cariñoso y respetuoso, pues me llevaba algunos regalitos que me hacían sentí algo por dentro, muy diferente que con los otros que no sentía absolutamente nada, incluso con ciertos de ellos hasta repugnancia me provocaban estar en el cuarto. 

“Su nombre Juan, pues cada vez que iba conmigo al cuarto sentía “mariposas” en mi estómago y la verdad con él si intercambiaba el amor y la pasión verdadera, prácticamente me enamoré de él, sin remedio”. ¿Buscaste formar un hogar?: “Eso era lo que quería y así fue, me propuso con el tiempo que me fuera a vivir a su casa, no precisamente a casarme, sino estar ahí…Los primeros meses fueron muy felices, siempre fue muy caballeroso y atento con migo, pero desgraciadamente él llevaba una doble vida que la verdad nunca me imaginé por aparentar ser todo un hombre cabal, pero me equivoque, parecía que la vida me había sellado para ser infeliz, pues las desgracias me perseguían como las pulgas a los perros.

Liz terminaba de contarme parte de su relato, ella me recibiría en otra ocasión pues necesitaba sacar algo de dinero, por lo que amablemente me dijo que me esperaba la siguiente semana para seguir platicando. Ella me agradecía el haber tenido la oportunidad de dialogar y desahogarse de todo lo que tenía guardado en su corazón y mente, que con gusto volvería a recibirme.  Pasaron algunas semanas y volví a buscar a la noble mujer con la que había tenido los primeros diálogos, esos que fueron de principio aterradores por las condiciones en donde se desarrollaron los hechos más importantes de su infancia y que se extrajeron en medio de un cuartucho insalubre y un mar de lágrimas que brotaban desde muy dentro de su corazón.

Pero Liz estaba de pie, convencida que la vida tenía que seguir aún y cuando no había sido muy benigna con ella. Eran exactamente las 16:00 horas del mes de marzo de 2019, cuando logré de nuevo contactarla. Se encontraba sentada en un escalón en la entrada del motel donde siempre trabaja hojeando el cuento “Vaquero” y, de repente cuando me vio, me sonrió y me dio la mano en son de amistad. Se incorporó y me invitó a pasar nuevamente al mismo lugar, ahí donde ella le tienen destinado para que realice sus actividades, un lugar sombrío, insalubre y con tanto vacío en sus paredes que emitía un frío y olor que calaban…Esta crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Desgarradores Relatos de una Valiente Mujer” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros. 

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