Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Desgarradores relatos de una valiente mujer -su vida-

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/ “Desde niña experimenté malos tratos de mi padre, junto a la terrible vida que le dio a mi madre” (Liz).
/ ¡Sin palabras!
/ “La verdad, elegí esta actividad por muchas razones, una de ellas es que me da para vivir y lo hago por necesidad debido a que, desde hace mucho tiempo, tuve que atender cuestiones muy apremiantes a partir de una crisis tan fuerte en mi casa, no solo económica sino moral, por lo que aprendí este oficio de vender mi cuerpo” (Liz).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 03 octubre 2021 | 05:00

Como muchas de las historias urbanas que se desarrollan en la ciudad de Chihuahua, “Los Desgarradores relatos de una mujer valiente”, retrata la cruda realidad de muchos seres humanos que viven, conviven, lloran, sufren y ríen en aquellas zonas que han sido denominadas de “tolerancia”. Ahí precisamente está nuestra protagonista y que habla para Crónicas de mis Recuerdos; ella, es una mujer que gracias al contacto que tuve con un joven de nombre “Chicho”, un muchacho sincero y honesto  dedicado a la venta de chicles y otras chácharas en algunos cruceros de la Ciudad. Él pudo ayudarme a encontrar a una persona que nombra como Liz, mujer de más o menos 35 años de edad que trabaja en la zona donde están algunos hoteles como “El Cobre” y “El Dorado”, muy cerca del Museo Semilla.

Pasaría una semana después del encuentro con Chicho, quien me había advertido que llegando el viernes y sábados, tal vez no sería posible que me atendiera para poder dialogar, pues son tiempos de más actividad para ella. Se llegó el miércoles 2 de septiembre de 2018 a eso de las 5 de la tarde y caminando en círculos a lo largo y ancho de la cuadra a ver si se veía “Liz”; por fin, llegaba al lugar donde se posesionaba para trabajar. Cuando llegué estaba vestida no de negro, sino con una minifalda de mezclilla y una blusa algo escotada, su expresión era como las personas que están siempre alertas. Por fin, me acerqué a no menos de un metro y ella me pregunto: “¿quieres venir al cuarto?, para lo cual un tanto desconcertado dije que sí con voz algo quebrada: “Son $$$ con todo y habitación”. De momento tuve que acceder a pagar y darle lo que ella me pedía y lograr así presentarme y explicarle el propósito de mi visita. 

El lugar, una casa muy deteriorada y adaptada como motel, su interior, con las paredes sucias y un tanto maltratadas; al llegar a la habitación de tan solo dos metros cuadrados de superficie aproximadamente, se encontraba un camastro muy antihigiénico y un baño demasiado sucio con un lavabo negro del cochambre y no sé qué más, tal vez muchos ácaros, pulgas y cosas de esas. En ese pequeño espacio tan lamentable por las condiciones antes mencionadas, me dice Liz: “¿Qué esperas? Se acaba tu tiempo”. Ella empezó a quererse quitar sus prendas de vestir y de inmediato le dije que se detuviera, pues mi intención no era tener un encuentro íntimo con ella, sino buscar una entrevista para que me contara parte de su vida. Le dije inmediatamente que venía de parte de “Chicho” y la intención del encuentro era platicar, ya que le había pedido a su amigo que me confirmara esa entrevista, por lo que ella me contestó: “Claro, mi buen amigo, que tan buen corazón tiene con todas nosotras; sí, él me habló de ti que vendrías a quererme preguntar algunas cosas.

 “Ese cab… me contó que ibas a venir conmigo y la verdad, yo dije que no tenía ningún inconveniente, solo que me pagara mi tiempo. Es muy difícil que alguien acceda a contar su vida y más si se trata de este ambiente en el que nos tienen bien checaditas”. Parecía que la situación estaba más relajada y quedaba atrás esa tremenda presión a la que estaba sometido, pues no sabía de momento que decir ante una circunstancia nueva para mí. Le pregunté inicialmente, sí la vida que llevaba era muy complicada, contestándome lo siguiente: “Mira Chiquito –así me nombró- la vida de muchas mujeres en este ambiente es muy incierta, sobre todo si habló de mí misma, pues te enfrentas a cosas peliagudas, no solo con los clientes, sino con alguna otra compañera más joven y bonita que quiera acaparar los espacios y que además, llegan a ser protegidas por quienes mueven este gran negocio y, para acabarla de fregar,  la sombra de tu vida es el “padrote” que está sobre de ti, explotándote como si fueras un objeto y que en muchos de los casos te trata como basura si no le das la cuota que te tiene fijada en el día de trabajo”. ¿Por qué escogiste esta actividad?: “La verdad yo la elegí por muchas razones, una de ellas es que me da para vivir y lo hago por necesidad debido a que, desde hace mucho tiempo, tuve que atender cuestiones muy apremiantes a partir de una crisis tan fuerte en mi casa, no solo económica sino moral, por lo que aprendí este oficio de vender mi cuerpo”. 

Ella, una dama con el rostro que reflejaba la tristeza y desventura de una vida que la había tratado y maltratado mucho. Cuenta que desde que era pequeña nunca salió “el sol” para ella, pues lo que experimentó fueron puras tinieblas, ya que tuvo como padre a un tipo tan ingrato que siempre maltrataba a su mamá y por supuesto a ella también; él ponía a su madre a trabajar en las calles de la ciudad en medio de la miseria, las vejaciones y un sinfín de cosas que la hacía estar en condiciones verdaderamente deplorables. ¿Y tú que hacías en medio de todo esto?: “Era tan pequeña que no comprendía lo que estaba sucediendo, únicamente escuchaba gritos y gritos de terror por parte de mi madre cuando él que se decía ser mi padre, ese monstruo que la golpeaba hasta casi rematarla. Me acercaba con ella y la abrazaba en medio de un charco de sangre”. ¿Todo eso pasaste junto a ese señor?: “Eso y más, nuestra vida era un infierno dentro del infierno… En los siguientes días el rostro de mi santa madre y todo su cuerpo estaba lleno de hematomas o moretones, producto de esos terribles golpes y, para acabarla de amolar, él la llevaba al siguiente día a trabajar y no precisamente en una oficina o en alguna maquila o casa para hacer el aseo. ¡No!, era llevada a la calle a laborar para vender su cuerpo.

 “Eso era muy ingrato, pues ya con ciertos años encima y con la vida que llevaba, no podía aguantar mucho. Sin embargo, cuando era llevada a las “cantinuchas de tercera” de la zona, ese señor que era llamado “El Gordo” (mi padre) obligaba a mi madre a estar con los clientes, consumiendo mucho licor y además, que les hiciera compañía hasta sacarles hasta el último centavo”. La vida de Liz y su madre era un hecho indescriptible, pues hasta se me hacía la “piel de gallina” al escuchar cada palabra que salía de su boca. En varias ocasiones ella soltaba el llanto y se ponía nerviosa al recordar esos dramáticos pasajes de su vida pasada; tomaban su cigarro y hacía unas bocanadas de humo muy profundas; yo sólo escuchaba y le brindaba pañuelos y pañuelos para que se quitara las lágrimas de sus ojos. Pero ante esto, ella vencía ese miedo que le provocaba relatar sus anécdotas. ¿Y dime, qué pasó después?: “Mira, empecé a crecer y la situación seguía igual o tantito peor, pues ese desgraciado ya no se fijaba mucho en mi madre a pesar de que toda su vida la había exprimido en todos los sentidos, quitándole hasta el último centavo que ganaba en medio de los vicios y de su trabajo como sexo servidora.

“Fue así que en la medida que mi cuerpo iba transformándose de “niña a mujer”, la hiena empezaba a mirarme con ojos maliciosos y la verdad estaba toda traumada de las pocas posibilidades que tenía de salir a la calle, pues ni siquiera pude terminar la escuela ya que sin dinero nada se podía esperar. Un día ya a la edad de 16 años, ese imbécil se acercó a mí y me empezó a tocar; la verdad sentí mucha repugnancia con lo que hacía y en realidad nada pude hacer en ese momento, pues de ser un tipo posesivo y con mucha experiencia, me forzó hasta que hizo de mi lo que quiso, dejándome con un dolor terrible y en un charco de sangre…Esta crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Desgarradores Relatos de una Valiente Mujer” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros. 

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