Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Desgarradores relatos de una valiente mujer -última parte

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/ “Fui objeto de un aborto clandestino”: Liz
/ “Las condiciones de higiene de la vecindad en donde vivía eran deplorables, por lo que mi salud se fue deteriorando poco a poco”: Liz.
/ Sin palabras…(Foto: Cadena Ser)

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 07 noviembre 2021 | 05:00

En la parte final de esta desgarradora crónica, nos conducimos hasta donde estaba Liz, nuestra protagonista, convaleciente de una caída muy grave de salud y para ello ella comenta: “Doña Panchita me dio un té de tila y me expresaba que le daba mucha pena verme así, pero era la ley de Juan y de su absurda explotación”. ¿Supiste porque te desmayaste?: “Al momento en que me incorporé, fui al baño, era una letrina que estaba fuera del cuarto, ahí en el patio de la vecindad depuse todo lo que traía, licor y droga que me había “metido” en el día. La situación estaba crítica, tenía miedo que se enterara Juan y me golpeara como comúnmente lo hacía y, además, Panchita no podía ocultar lo que me pasaba porque ella a la vez era una señora muy fiel, lo respetaba hasta la muerte, pues Juan era hijo de ella y la verdad, aún y como era no se podía poner en contra. 

A eso de las 2:00 de la mañana llegó muy furioso a la casa preguntando por mí. En eso me levanté y le conté lo que me había pasado y la verdad, no sirvió de nada el haberlo hecho, pues me tomó de los cabellos, me jaló y arrastró por el piso de la casa, golpeándome, pateándome como si fuera una rata. No conforme me volvió a levantar y me arrojó a la calle cayendo en un charco de agua mugrosa donde me dejó tirada sin misericordia hasta el otro día, cuando llegaron María y Magdalena, las dos chicas que también estaban con Juan, me levantaron en medio de fuertes dolores en mi cuerpo, principalmente en el vientre donde sentía intensas punzadas”. ¿Era algo grave o qué agudizaba ese dolor?: “Sí, la cosa estaba grave, pues le hablaron a un pseudo médico que atendía a todas las chicas, era un hombre corrupto que ni siquiera había terminado la carrera ya que con dinero se vendía al mejor postor, no solo con eso, sino con el cuerpo de las chicas. Cuando llegó a la vecindad, me vio, tomó algunas muestras para ver si estaba embarazada. 

“Al muy imbécil le importaba más si me encontraba o no en cinta, aún y cuando me veía toda hinchada de la cara, manos y piernas por los golpes que me había propinado el maldito de Juan. Para mi sorpresa y mala suerte estaba embarazada, me lo temía, pues las mujeres percibimos cuando algo va suceder y más cuando se trata de una creatura y, estaba seguro que ese hijo era del mismísimo Juan, pues nunca dejaba de usar protección en mi trabajo, solo con él no utilizaba”. ¿Qué pasó cuando le diste la noticia a Juan?: “Mira, estuvo peor el asunto, pues inmediatamente el médico lo buscó para poner el chisme y ver que procedía… No tardó mucho tiempo cuando llegó el insensible hombre y con una mirada que “taladraba” a cualquiera, dándose cuenta que estaba embarazada y con una serie de insultos, y con el deseo de volverme agarrar a trancazos; el medicucho le dijo que no hiciera eso, pues al parecer estaba a punto de abortar y lo mejor sería proceder a practicar un legrado. 

De repente, Juan le preguntaba al médico sí lo que me iba hacer ocasionaría que no siguiera trabajando. La respuesta fue aterradora, pues él le comentaba que podía trabajar únicamente sin tener actividad íntima. Entonces Juan se sonrió y le dijo a Lencho, como se llamaba el médico, que procediera… De inmediato pidió que trajera unas toallas, un jabón y agua tibia para hacer el aborto en medio de la suciedad”. ¿Fue terrible el momento?: “Fue una circunstancia que no tenía nombre, por lo que consumado el hecho y con mi cuerpo hecho trizas, me exigió que me fuera a bañar, pues tenía que trabajar aún en las condiciones en que andaba; era un hecho inhumano, sin adjetivos que aún y con todo esto se atreviera a exigirme laborar… La recomendación era que no podía tener relaciones por el momento, pero ante esto tenía que obligar a los clientes a consumir y consumir bebidas alcohólicas para sacarles hasta el último peso y no se diga, yo también tenía que consumirlas, pues era parte de mis servicios. Caminé hacia el baño y tenía fiebre, estaba muy débil y pálida, no sé cómo le iba a ser para ir a trabajar. Después de dos horas ya cuando estaba lista, fui llevada por las dos chicas que vivían conmigo, María y Magdalena, ellas estaban atónitas al verme en esas condiciones”

¿A qué te refieres “eso no tiene nombre” ?: “Claro que no, y más aún que para aguantar tenía que estar consumiendo cocaína en medio de ese terror en la que estaba envuelto ¡oh Dios!, ¿dónde estás? ¿Dime que pecados he cometido para tener que vivir este infierno en vida?... Así pasó el tiempo con un sometimiento total hasta que todo empezaba a cambiar para mí, pues las malpasadas, el consumo de licor, drogas y una fuerte infección que me empezó a atacar. Estaba hecha una basura, sin remedio tendría un destino incierto, pues sabía que pronto terminaría mi estancia con Juan y me arrojaría como un perro a la calle, ya que mi condición en la que estaba ya no le sería útil. Anémica, con mucha tos y envuelta de una depresión mental tan profunda. Ya visualizaba que el fin estaba cerca de mí”.

¿Sería el final de seguir en esto?: “Tal vez no o sí, lo que si es que una noche a eso de la 1:30 de la mañana empezaron a golpear la puerta con desesperación; en eso, fui de inmediato a ver quién era y para mi sorpresa era Juan que gritaba: “¡Abran, abran!”, en eso me quedé fría y recargada en la pared, mientras él gritaba y gritaba; en eso observé que llegaron unos tipos y lo empezaron a golpear como aún perro, eran cuatro hombres de buen tamaño, fornidos que lo agarraron sin piedad y él que no podía ni siquiera gritar porque su boca estaba llena de sangre. Fue horrible la manera como lo estaban tundiendo y finalmente vi en medio de una rendija como esos tipos sacaban sus navajas y lo empezaron a desfigurar con sus armas blancas. Poco a poco los pedazos de carne salían despegados de su cuerpo. 

“Lo dejaron un rato que sufriera, decían como a un perro, y en ese momento me acordé de todo el daño que me había hecho, pero nunca sentí ese deseo de venganza, no, únicamente recordé lo que alguna vez me había dicho mi madre que todo se pagaba en esta vida; que el Cielo se encarga de cobrarnos lo bueno o malo de lo que hacemos en esta existencia… En medio de quejidos, uno de los tipos sacó una pistola y le propinó dos balazos, uno en cada pierna y finalmente le dio el tiro de gracia, quedando el miserable de Juan en medio de un charco de sangre y con sus pedazos de piel repartidos por el patio de la vecindad”. ¿Fue el final?: “Creo que sí, la policía llegó y el forense se llevó el cuerpo mutilado; nos llamaron al siguiente día para hacer nuestra declaración y ahí terminó todo; ahora sí me sentía libre y sin pensarla dos veces, me dirigí a recoger mis cosas sin cruzar palabra con nadie. 

“Por fin estaba liberada y haría de mi vida lo que quisiera, aunque me di cuenta posteriormente que estaba enferma de SIDA y además de un cáncer que me había invadido todo el cuerpo y hoy en día, solo espero la muerte, no siento remordimiento de nada y nadie, solo quiero decirles a todas las mujeres que, como yo, hemos sido vejadas y maltratadas. Que Dios les bendiga, que se cuiden, que sientan que tienen dignidad a pesar del ambiente en donde nos encontramos… Es por eso que solo espero la muerte y me siento feliz, pero triste a la vez. Mira, esta medallita de la Virgen de Guadalupe es mi única herencia que me dejó mi madre y que tengo en esta existencia, pues si nacimos desnudos, moriremos de igual manera”. Con esto terminaba la entrevista con Liz, una mujer valiente de la vida real de las calles de Chihuahua y que valerosamente me abrió su mente y corazón; es el reflejo de tantas buenas personas que viven, luchan en este ambiente y buscan cosas buenas en esta vida llena de injusticias.  

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Desgarradores Relatos de una Valiente Mujer” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros o mande un whatsaap al 614 148 85 03 para mayor información.

Fuentes:

Entrevista con “Liz”.

violioscar@gmail.com