Opinion

Desnudados por la pandemia

Los mexicanos mienten por fantasía, por desesperación o por superar su vida sórdida… Sustituyen la verdad verdadera, por una verdad social: Octavio Paz

Jaime Rodríguez Chacón

miércoles, 20 mayo 2020 | 05:00

En mi estadía temporal en el lugar de los pieles rojas -eso significa Oklahoma- en los Estados Unidos, -en el exterior, desde donde Octavio Paz, insinúa, reflexionamos sobre nuestra identidad: nuestra cruda realidad como fruto de nuestro mestizaje- allá, conocí a un buen ciudadano de origen asiático, el cual me confrontó con la mala imagen que tenemos los mexicanos ante el mundo.

El hombrecillo de ojos rasgados, me cuestionaba de pronto, si en México se produce y trafica una gran cantidad de droga diciendo: Is there a lot of drug trafficking in Mexico? A lo cual asentí que sí,  y, si querría podría viajar allá, y disfrutar de cuanto quisiera, a lo cual rápidamente me respondió: ¡No, no, coffee, coffee, coffee! Insinuando que el vicio del café le bastaba.

Total que para vergüenzas no saca uno. Ahora en tiempos recios de Coronavirus, con las noticias que corren en las súper carreteras del Internet, se conoce, se sabe, en tiempo real, lo que ocurre en cualquier rincón del mundo, y nuestro país no es la excepción como veremos.

Si el intelectual Paz, intuye que, el mexicano es reservado; por defender su intimidad, evita las miradas que podrían desnudarlo, dejándolo en cueros, pero se desenmascara con el tesgüino, la cerveza y el alcohol, -por cierto la venta del adulterado, compite con el Coronavirus arrastrando más muertos al panteón-  eso es, exactamente lo que hace la Internet: ¡Revela esa realidad nuestra, vergonzante, dramática y atemorizante ante el mundo!

Hay ciertos patrones de comportamiento social, que no por ser autóctonos dejan de ser vergonzantes y, que ocurren únicamente en nuestro país. ¿Quién se sentiría orgulloso saber que nuestra nación tenga el nada honroso primer y único lugar mundial en agresiones a trabajadores de la salud, como nueva modalidad por la pandemia? Es porque somos únicos y tenemos una historia violenta. ¿Eso lo justifica? El presidente, tampoco ayuda, porque niega por razones políticas, que entre su pueblo bueno y sabio haya violencia. Negar esa realidad, es mentirse a sí mismo, es motivar el autoengaño colectivo.

Por efectos colaterales de la pandemia, hay escasez de alimentos en gran parte de la población- muchos de ellos, todavía gracias a Dios, no acostumbrados a robar o delinquir- sin embargo, desesperados buscan la manera de llevar los víveres a su familia, contrastando con las largas filas de personas para comprar cerveza, en expendios de licores o tiendas de auto servicio, pagando no sólo un sobreprecio por ello, como unas buenas asoleadas, y arriesgándose al virus que es muy contagioso.

¿No son acaso esas imágenes vergonzantes ante el mundo? Mientras millones en nuestro país padecen la escasez de alimentos por el confinamiento y la pérdida de empleos, otros miles malgastan en bebidas espirituosas. ¿De dónde sale el dinero sin trabajar? Pues, en algunos casos son los recursos que aportan los mismos patrones para el confinamiento, y que los empleados lo toman como vacaciones; en otros más, es dinero del mismo gobierno, que reciben a través de los programas sociales, como el apoyo a los “ninis” y por qué no, la Pensión para El Bienestar; no faltaría uno que otro anciano aficionado a la tetera.  

En culturas más avanzadas, la gente se embriaga dentro de sus casas, sin molestar a nadie, no obstante, en México, desde hace décadas, los borrachos dejaron las tradicionales tabernas, por las cantinas itinerantes, al aire libre, usos o abusos y costumbres que, aún persisten en plena pandemia, sin que autoridad alguna ponga orden. 

Pero esos mismos anárquicos cuando visitan Estados Unidos, desde que cruzan la frontera sufren una mutación moral, que los hace comportarse civilizadamente. ¿Cómo cambiará nuestro carácter para bien o para mal, en esta época pandémica que nos ha tocado vivir? 

¿Lo tomaremos como una lección de vida para ser mejores, o aflorará lo peorcito de nosotros mismos?