Opinion

Disculpas a quién, Ciudadano Presidente

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Sergio Alberto Campos Chacón
sábado, 30 marzo 2019 | 21:11

Los que votamos por Andrés Manuel López Obrador para construir un país más justo, como los que no, merecemos aclaraciones satisfactorias de algunas de sus decisiones.

Dijo que en seis meses regresaría al ejército a los cuarteles y la Policía Federal se encargaría de la seguridad; no lo hizo ni pidió disculpas por incumplir. Incentivó la Guardia Nacional que será un ejército paralelo con ramales de investigación de Ministerio Público civil. Se le destinarán miles de millones de pesos en vez de aplicarse a construir hospitales del IMSS, escuelas, centros de salud en las regiones más apartadas, etc.

A más de 300 mil niños, de familias de escasos recursos, les vulneraron sus derechos humanos por el recorte de recursos directos a las Estancias Infantiles; si la desatinada decisión se revocara, habría que pedirles disculpas.

La vida de miles de mujeres y sus hijos están en riesgo mayor por el cambio de modelo de los Refugios para Mujeres Violentadas, ahora, dijeron, a cargo del Estado, sin precisar cómo funcionarán; igual, restaurarlos y disculparse por la afrenta a su seguridad.

En Centla, Tabasco, el presidente de la República dijo el 25 de marzo en declaración grabada que envió una carta al Rey de España para que se haga un relato y ese Estado pida perdón a los pueblos originarios por las matanzas e imposiciones durante la llamada conquista española.

Dijo en Tijuana que lo que se publicó de la carta fueron dos páginas, no las cuatro que la componen, e investigaría como fue que se filtró a la prensa; alguien hurga el escritorio en la oficina del Ejecutivo.

Los pueblos originarios, no sólo de América, sino de las regiones del mundo invadidas por naciones colonialistas, merecen disculpas.

La petición del presidente de la República al Rey de España motivó opiniones locales e internacionales de toda naturaleza, verbi gratia, de temporalidad y oportunidad. Al presidente le compete, constitucionalmente, conducir la política exterior que, ya vimos, levantó muchas tolvaneras y comentarios, para algunos, que la solicitud se la sugirió su esposa Beatriz Gutiérrez.

La historia registra que ese 12 de octubre de 1492, los indígenas de la isla Guanahani, curiosos y asombrados, vieron llegar a Cristóbal Colón y sus tres naves. Hoy se llama Isla Watling, en posesión de Inglaterra, en Las Bahamas. 

La llamaron San Salvador, porque encontrarse con esa isla los salvó de la inanición que ya les golpeaba. 

Es cierto, arribaron la espada y la cruz, y también, aunque usados para avasallar, los conocimientos acumulados en Europa entre las naciones colindantes con el Mar Mediterráneo, por los viajes de Marco Polo a China e intercambio de mercaderías, el dominio del hierro, la pólvora, el carbón, la astronomía, los textiles, la medicina hasta donde llegaba, los cálculos árabes en ingeniería y otros más.

En esa época apenas se gestaban las naciones, o los Estados si se quiere; el territorio español en el siglo XVI era un mosaico de comarcas o reinos que no formaban una entidad política uniforme; estuvo 400 años bajo dominio de los moros, de los árabes, a los que terminaron de expulsar en enero de 1492, entre otros factores, por la unión de los reinos más fuertes, el de Castilla y el de Aragón, por el matrimonio de Isabel I y Fernando II.

Desde luego que venían por el oro. Fueron complicadas las peripecias de los invasores españoles para someter a los indígenas del centro de México, luego avanzar al norte para encontrar el riquísimo Reino de las Siete Ciudades de las que los nativos del sur les hablaron: Quivira, en la que el oro estaba por todos lados.

En 1550, en Chihuahua había 17 etnias. Exterminaron 13, quedaron cuatro: tarahumaras, guarojíos, pimas y tepehuanes.

España debe disculpas a 13, como los mestizos a las 4 que sobreviven aún atropelladas, como Inglaterra, Francia, Portugal o Bélgica, a comunidades originarias en Canadá, Estados Unidos, Suramérica, África o Indonesia.

Estados Unidos debe disculpas e indemnizar a Viet Nam por el uso del “agente naranja”, que es un herbicida y defoliador usado por el Pentágono para destruir la selva protectora de los soldados vietnamitas y evitar que la población civil produjera alimentos para aquéllos. Lo elaboraron Monsanto Corporation y Dow Chemical. Se lanzaron 20 millones de galones durante la guerra entre 1962 y 1971.

500 mil niños nacieron con malformaciones por la cercanía de sus madres con ese químico. 

Hace años que Viet Nam tiene relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos, como México con España. Viet Nam no olvida y sostiene controversia con los americanos para ser indemnizado por los perjuicios a la salud de su gente.

 Pueblos enteros merecen disculpas; en estos momentos, naciones capitalistas asociadas, globalizadas, explotan a millones de personas, niños entre ellas, nacen, viven y mueren en la miseria e insalubridad.

¿Quién habla por ellos? Formalmente las Naciones Unidas. En mi artículo del 21 de junio de 2018 “¿Para qué sirven las Naciones Unidas?” formulé cuestionamientos al respecto.

Desde el esclavismo, la historia enseña la reiterada conducta del hombre para aprovecharse de los más débiles y atrasados. La suma sintetiza los defectos de nuestra especie: voraz, egoísta, auto genocida, ecófaga, xenófoba, intolerante y racista.

Los días 14 y 15 de octubre de 1880, los mestizos de Chihuahua representados por el coronel Joaquín Terrazas, al mando de 600 hombres, sitiaron y derrotaron a Victorio, líder apache chiricahua, en un lugar llamado Tres Castillos, municipio de Coyame, Chih.

Los apaches se reorganizaron en Estados Unidos y, en mayor número, volvieron a Chihuahua; incapaz el gobierno local para contenerlos pidió ayuda al gobierno federal que envió unidades de tropa muy superiores hasta su exterminio. No sólo aquella España cometió masacres.

¿Quién se disculpará por las muertes hoy, por desnutrición de niños tarahumaras?, ¿por el despojo de sus bosques y aguas? La espada mestiza sigue sobre ellos. La Cruz, española y mestiza insiste en desvirtuar, sin lograrlo, sus creencias religiosas milenarias.

¿Quién asesinó a los líderes indígenas que defendían sus bosques? ¿Los mestizos en la delincuencia organizada?

Aseguro que muchos apostamos por reformas más profundas y efectivas que las prometidas por López Obrador.  Igualdad en los hechos, más camas en hospitales públicos con servicios oportunos y de calidad, escuelas salubres, dignas.

No votamos para que se sometan a consulta popular los derechos fundamentales sexuales y reproductivos de la mujer, como abortar por decisión personalísima; no se consultan, están en la Constitución y los tratados internacionales.

¿Tú, presidente de la República, te disculparás con los deudos o huérfanos de la mujer, especialmente indígenas excluidas, que mueren en un aborto mal practicado, clandestino e insalubre? 

¿Repararía los agravios?


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