Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Don Oscar Ornelas Küchle: una juventud de lucha

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/ Don Julio Ornelas Reza, padre de una importante dinastía de profesionistas chihuahuenses (Archivo familiar-Ornelas K.).
/ Doña María Küchle Meraz, mujer luchadora y verdadera orientadora en la formación profesional de sus hijos (Archivo familiar-Ornelas K.).
/ Doctor don Julio Ornelas K., ejemplo de superación para su hermano Oscar (Archivo familiar-Ornelas K.).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 26 marzo 2021 | 05:00

Continuando con el desarrollo de nuestro invitado en Crónicas de mis Recuerdos el licenciado don Oscar Ornelas K., y cuando su hermano mayor Julio Ornelas que en el futuro llegaría ser también un gran personaje en el campo de la medicina y de la academia universitaria, siempre estuvo muy cera del primero, fueron como una verdadera mancuerna, hermanos “hasta la muerte” decían siempre que se veían a la cara y ante una decisión de los tiempos, Julio a corta edad ya tenía la capacidad y el permiso para trasladarse a la Ciudad de México a estudiar lo que siempre le había gustado y de la profesión de la cual se enamoró. La situación económica no era buena, sin embargo, los papás de Julio tuvieron que “rifársela” para mandar a su primogénito a formarse como galeno. 

No solo vieron en Julio al único que apoyarían para que estudiara, sino boletaron a ver a los demás y en particular a Oscar para que desarrollara una carrera profesional. Decía don Julio y doña María que no importara lo que hicieran, pero que trabajarían duro para sacar adelante a sus hijos y ofrecerles una carrera que los hiciera hombres y mujeres de bien. Pasaron los años y para julio de 1929 el jovencito Julio que en un tiempo se fue a luchar por ser médico y con todas las carencias económicas que se tenían, regresaría a Chihuahua ya convertido en todo un galeno, lo que le permitió asentarse en la ciudad y no pasaría mucho tiempo para que empezará tener una gran cantidad de pacientes y éxitos en su profesión. Ante éste tan importante ejemplo que Julio imprimía ante Oscar y el prestigio y el reconocimiento de la sociedad a don Julio el padre, el joven Ornelas pensó que tenía que luchar por alcanzar sus ideales y demostrar y devolver con gratitud el esfuerzo de sus padres y del ejemplo de su hermano mayor para impulsarlo en alcanzar las metas del éxito.

El joven Oscar Ornelas se trasladaría a la Ciudad de México a estudiar la carrera de Derecho y uno de los acontecimientos más tristes para su familia fue, cuando tomó el ferrocarril junto con su hermano Héctor a “conquistar el mundo” ya que estaban habidos de prepararse para el futuro. Llegarían a la estación de ferrocarriles a eso de las 8 de la mañana de 1929, para subirse al que le llamaban el “pollero” o tren de segunda. Los lazos familiares estaban muy estrechos y el deseo del matrimonio Ornelas era que sus hijos se prepararan independientemente de las circunstancias económicas modestas en que vivían. Por ejemplo, otro de los hermanos de Oscar, Roberto, ya estaba también encarrilado en las aulas del Instituto Politécnico Nacional y Luis Fausto a punto de iniciar su propia carrera.

Por otra parte, Oscar en sus memorias recuerda que la asistencia con sus compañeros a las primeras diligencias en el juzgado de Coyoacán en México con motivo del asesinato del célebre personaje León Trotsky al lado de su maestro el juez Raúl Trujillo, donde empezaría a “foguearse” dentro de sus cátedras de la escuela de Derecho: “Como el homicida de la supuesta nacionalidad belga, expuso que no sabía español, pues hablaba francés, por lo que el juez Trujillo sin más le comenzó a hablar en correctísimo francés”, por lo que sorprendió a todos los estudiantes que estaban escuchando la audiencia: “Es impresionante la sabiduría del maestro”, exclamaban unánimemente. “Con el tiempo, el criminólogo el doctor Alfonso Quiroz Cuarón con quien años después, tuve la oportunidad de tener un trato más estrecho y una relación profesional muy cercana, descubriendo la verdadera identidad del homicida que no era belga ni canadiense como se mencionaba en el pasaporte, sino era español y comprometido con el gobierno soviético. Se trataba de un complot para eliminarlo de la faz de la tierra del mundo soviético, hecho que fue muy polémico en esos años cuando registraba el calendario el 20 de agosto de 1940 ya en su segundo intento de atentado, el cual por fin había sido efectivo”, manifestaba el joven Ornelas en sus memorias.

El aprendizaje práctico que recibió nuestro protagonista como estudiante, lo llevó al futuro abogado a una notaría donde toda la familia eran notarios y estos distinguidos licenciados tenían el apellido Del Valle, quienes le abrieron las puertas a Oscar Ornelas para que pudiera desarrollar y aplicar sus conocimientos adquiridos en las aulas. Dentro de esta notaria empezaría a trabajar en su tesis de licenciatura con el título de “La Cosa Juzgada”, sin embargo, la falta de recursos económicos suficientes lo orilló a escribirla de forma modesta tal como él lo señala en sus memorias, logrando imprimir cien ejemplares con un costo de 400 pesos que en aquel entonces, era un mundo de dinero y más con la precaria situación de Oscar ya que aparte de estar soportando el pago de la misma universidad y los gastos diarios de alimentación, vestido, salud y renta del departamento, pudo sortear las adversidades aún y cuando se llegaba a quedar sin comer por no tener algún centavo.

El aprendizaje práctico que recibió Oscar como estudiante, lo llevó al futuro abogado a una notaría donde toda la familia eran notarios y éstos distinguidos licenciados tenían el apellido Del Valle, quienes le abrieron las puertas para que pudiera desarrollar y aplicar sus conocimientos adquiridos en las aulas. Dentro de esta notaria, empezaría a trabajar en su tesis de licenciatura con el título de “La Cosa Juzgada”, sin embargo, la falta de recursos económicos suficientes lo orilló a escribirla de forma modesta tal como él lo señala en sus memorias, logrando imprimir cien ejemplares con un costo de 400 pesos que en aquel entonces era un mundo de dinero y más con la precaria situación que tenía, ya que aparte de estar soportando el pago de la misma universidad y los gastos diarios de alimentación, vestido, salud y renta del departamento, pudo sortear las adversidades aún y cuando se llegaba a quedar sin comer por no tener algún centavo.

Recordaba el joven Oscar y haciendo referencia a su querido padre don Julio Ornelas Reza, que existen héroes que se hacen tales, realizando cualquier acto heroico y además mencionaba que había otros que eran héroes civiles que llegan a tener ese título porque en toda la vida, se habrían distinguido por la generosidad de sus acciones, las que llegarían a impactar a la sociedad y en una de esos momentos melancólicos en la Ciudad de México, nuestro personaje sentado en un sillón a media luz, en un cuarto que estaba lleno de libros que sacaba de la biblioteca para estudiar y entre ese mar de conocimientos, se acordaba de su padre, un ser muy modesto, bondadoso, un ser humano a toda prueba desde sus inicios en este mundo, cuando nacería en el pequeño poblado de Meoqui, Chihuahua en 1883, un lugar en donde cruzaba un río limpio y en muchas épocas del año caudaloso y alrededor cubierto de abundantes alamedas. 

Mi padre, fue hijo de un modesto administrador de correos de ese lugar en el centro del Estado. Don Julio, fue por muchos años una persona de campo, entregado a lo que hacía, lleno de energía que practicaba la agricultura tradicional. Con una educación primaria que no le impedía ser un hombre culto y dedicado a la lectura; don Julio padre de Oscar, apasionado de los libros, sería parte importante que imprimiría a todos sus hijos para que fueran personas estudiosas y exitosas. Con este respaldo cultural, empezó su camino en la política, enfocando sus actividades en la administración pública, en los negocios, en el periodismo, en las organizaciones y en general en la vida de la comunidad allá en su terruño Meoqui…Esta crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. Don Oscar Ornelas Küchle: una juventud de lucha, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea los libros de la colección de los Archivos Perdidos, tomos del I al IX, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además, tres libros sobre “Historia del Colegio Palmore”, adquiéralos sólo en Colegio Palmore y al celular 614-148-85-03 que con gusto se los llevamos a domicilio. 

Fuentes

Doña Leonor Küchle de Ornelas (†)

Ingeniero Alberto Ornelas. 

Apoyo Ashley Viramontes Silva.

Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua.

Para consulta de otras crónicas, en la dirección: 

https://cse.google.com/cse?cx=005609530166656930428%3Acaf9nj5edyu&ie=UTF-8&q=cr%C3%B3nicas+de+mis+recuerdos

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh