Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Don Ventura Chavira y los últimos años de la Quinta Carolina

(Tercera Parte)

/ Doña Carolina Cuilty Bustamante y su esposo el general don Luis Gonzaga Terrazas Fuentes, contrajeron matrimonio en 1852 y donde el segundo, regalaría una hacienda a su esposa a la que le llamaría “Quinta Carolina” (Foto-Fine a Grave).
/ “El trabajo en la “Quinta Carolina” era apasionante y más, cuando se tenían años con mucha lluvia, pues era una delicia contemplar la vegetación exuberante que crecía alrededor de la hacienda”: Ventura Chavira (Foto-INAH-Chihuahua).
/ “En sus años esplendorosos, la “Quinta Carolina” se levanta en medio del semidesierto chihuahuense (Foto-México en Fotos).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 05 junio 2022 | 05:00

Siguiendo con la tercera parte del legado dejado por un distinguido y apreciable señor, último administrador de la antigua “Quinta Carolina”, don Ventura Chavira Irigoyen, el cual comenta a Crónicas de mis Recuerdos que en algunas de las cartas hechas por el hijo de don Luis Terrazas, Luis “Chico” Terrazas Cuilty comentaba lo siguiente “Algunos puentes de la hacienda han sido incendiados”, los cuales estaban frente a las casas de la Quinta Carolina; no sé sabía con exactitud si fue la gente que vivía en la misma hacienda, los haya quemado o fueron revoltosos o cómplices que tenían simpatía por el movimiento revolucionario o, fueron gente que vivía en Nombre de Dios (población contigua a la Quinta) o en la ciudad de Chihuahua. 

“Los informes –comenta Ventura Chavira- daban que los puentes afectados habían sido el de los arroyos “Los Nogales”, “Casa Colorada” y “Arroyo Seco”, sin embargo, los revoltosos no habían tocado la casa del Sauz, Encinillas, ni la Quinta Carolina.Sin embargo, en otra carta fechada del 28 de marzo de 1911, Terrazas Cuilty, le informaba a su padre que el sirviente Antonio Gallegos se había presentado con el encargo de los macheros (encargado de fabricar los “machos” en la producción de piezas de metal en las fundiciones), diciéndole que iba de parte de Francisco Estrada, administrador de la Quinta para que le entregaran el caballo ensillado del mismo Pancho.

“Ese bandido se montó y se largó –comentaba Terrazas Cuilty en la carta a su padre-, seguramente para unirse con los revolucionarios entre el 29 o 30 de octubre de 1911”; otra noticia, dentro de la correspondencia, sería: “La tienda de raya anexa a la Quinta Carolina fue afectada por ladrones, los cuales utilizaron un berbiquí para abrir la puerta de madera, logrando llevarse un botín de $130 pesos, por lo que Francisco Estrada (que era el administrador), acudió a notificar dicho robo al jefe político del distrito”; sin embargo, en otra carta fechada del 31 de octubre de ese mismo año, éste (Paco) le informaría al “Chico” lo siguiente: “Fue imposible entrevistar al jefe político, porque andaba muy ocupado con la visita del presidente Madero en la ciudad de Chihuahua”. Este robo, trascendióen toda la familia Terrazas al grado de que una carta del 31 de octubre, le expresaría Luis hijo, su preocupación por el movimiento zapatista en el centro de la República, advirtiéndole que iba a ser muy difícil retomar el orden debido a que estaba siendo difícil someter a los revoltosos.

“Antes de continuar platicándoles sobre el avance del conflicto revolucionario que se estaba gestando en el estado de Chihuahua y específicamente en los alrededores de la Quinta, me daba lástima –comenta Ventura- al ver ese enorme edificio que con los años estaría condenado a un incierto destino, ya que, en sus tiempos mozos, la “Carolina” era un ligar paradisiaco, pues a principios de siglo XX se encontraba a una hora de camino en coche desde el centro de la ciudad de Chihuahua y, si uno llegaba cuando la primavera estaba en su mero apogeo, la amplia calzada que conducía a la casa principal, se miraba bordeada por dos hileras de verdes y corpulentas arboledas que, con sus enormes copas, detenían la fuerza incandescente de los rayos del sol. Me acuerdo que la Quinta contaba con cuatro entradas simétricas, rodeadas por una elegante verja de hierro, pintada al óleo blanco y, dividida por columnas de cantera, rematadas en esferas de la misma piedra; el atrio de la iglesia, estaba engalanado con primorosos jardines, en los que se levantabantres kioscos. Respecto a la casa habitación, era elegante con dos torreones o miradores, con una cúpula central con cristales; los corredores, estaban pintados de color salmón; así mismo, se contaba con escalinatas de cantera y la puerta principal,con un artístico tallado.

“Se pasaba por un pasillo, hacia un gran salón de recepciones custodiado por dos bonitas estatuas; el salón principal, era cuadrado y su techo estaba integradocon una cúpula central; los muros, revestidos de rico papel tapiz blanco y oro, cuyos matices se confundían de noche con los innumerables foquitos de luz incandescente, donde surgíauna poética jardinera con un gran espejo que reflejaba en su luna el enorme piano de cola. En este gran salón,se tenían diez elegantes puertas que comunicaban con las demás habitaciones; a la derecha del pasillo, entrando por la puerta principal, se encontraba el despacho del general don Luis Terrazas Fuentes y a la izquierda, la cámara principal con su baño adjunto,además se tenían otros dos baños para la demás familia. Así mismo, estaban las recámaras, las cuales, eran amplias y bien ventiladas; en la parte posterior, había una noria que se utilizaba para regar un precioso invernadero, además de surtir agua a la casa y finalmente, una enorme bodega. Por último, había una entrada en la Quinta donde se podía mirar a una multitud de gansos blancos que, revoloteaban en una pequeña laguna artificial, rodeada por un jardín muy hermoso.

“Cuando el general Luis Terrazas Fuentes había adquirió la Quinta Carolina, muchas familias adineradas habían decidido comprar terrenos sobre la avenida denominada “Nombre de Dios” (hoy la Heroico Colegio Militar), donde pasaban carros tirados por caballos y mulas que conducían directamente hasta las puertas de la Quinta, los cuales, tomaban una desviación por una enorme alameda a finales del siglo XIX y en los primeros años del siguiente siglo. Sin embargo, en la población de Nombre de Dios que estaba retirada de la ciudad de Chihuahua y anexa a los terrenos de la “Carolina”, muchos de nosotros en nuestros tiempos de descanso, aprovechábamos para ir a divertirnos a distintos lugares que existían ahí, además de que la gente de la ciudad, también acudían muchas familias a ese lugar para salirse de la rutina y divertirse. 

“En un periódico que llegaba a la Quinta Carolina, denominado “Enterprise” del 12 de febrero de 1906 y 21 de mayo de ese mismo año, donde leía que en fecha próxima, Nombre de Dios contaría con un gran parque de entretenimientos para que la gente asistiera todos los domingos y días de descanso a pensar  y recrearse; así mismo se informaba que el lugar tendría ruta del tranvía, además, se levantaría un gran pabellón de 70 m cuya parte frontal, anunciaría un gran bar, con amplias y placenteras instalaciones, divididas para primera y segunda clase; a un lado, estaría un gran salón de baile circular y en el lado opuesto, una pista de patinaje, ese lugar se llamaría “El Tivoli”. No importaban las clases sociales, todos acudirían a Nombre de Dios sobre todo a ese lugar anunciado por el Enterprise, donde se harían grandes bailongos, que, contaríacon distintas diversiones y juegos, entre otros esparcimientos que empezaría a operar a mediados de 1910. Para ello, ya se había inaugurado la ruta de tranvías desde 1908 en la ciudad de Chihuahua, ampliándose hasta la Quinta Carolina en 1909 y otras residencias que se estaban construyendo sobre la calzada de Nombre de Dios. Sin duda acudíamos a días de campo al Tivoli, el cual, se hizo tradición entre todos nosotros. 

“En la parte de atrás del pabellón del Tivoli, se arreglaría un bello y amplio jardín que daba una excelente vista y con el resto del terreno, se haría un gran parque deportivo con canchas de béisbol, fútbol y diversas actividades, especialmente para niños; se insistía mucho en que, se estaba poniendo el mejor cuidado para que la gente llevara a su familia con la seguridad de que podría divertirse sanamente; se informaba además que, los trabajos estaban muy adelantadas en el campo, junto a la edificación de un  pabellón de ladrillo; así mismo, de la pista de patinaje que tenía 18 por 40 metros de área; la de baile, 22 x 24 metros y el salón de eventos, 18 por 40 metros; también se había planeado la plantación de muchos árboles con jardines a los lados. Finalmente, la empresa privada que había hecho el proyecto, pertenecía al señor Herbert Holyfield, contratista y constructor, pero la inversión había sido hecha por varios prominentes empresarios de la ciudad del estado de Chihuahua…Esta Crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Don Ventura Chavira y los últimos años de la Quinta Carolina”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros. Si usted está interesado en los libros, mande un whatsaap al 614 148 85 03 y con gusto le brindamos información.

FUENTES

*Entrevista con don Luis y don José Chavira, hijos de don Ventura.

*Entrevista con Sergio Chavira (nieto).

*Fotos: Familia Chavira García, Fototeca-INAH-Chihuahua y Fine a Grave-Familia *Terrazas.

violioscar@gmail.com