Opinion

EDITORIAL: Acabado en Chihuahua, ahora quiere influir al presidente

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Colaboración para El Diario

lunes, 19 julio 2021 | 05:00

Acabado en Chihuahua desde hace meses, Javier Corral Jurado ahora presume su buena relación con el presidente de México. Como los hechos demuestran, Corral es, — y ha sido siempre — un traicionero. Los dos mandatarios pertenecen, en el papel, a corrientes políticas opuestas.

 La gente en Chihuahua eligió a Maru Campos gobernadora electa por amplio margen, porque, además de inepto para gobernar, ya no le creen nada a Corral. En Chihuahua, el “panista” está acabado. Nunca le importó el estado. Toda su trayectoria política ha sido, para él, sólo un trampolín para realizar su sueño guajiro desde que era adolescente: ser presidente de México.

 Ahora que sus posibilidades de llegar a la Presidencia de la República son mínimas debido al desastre que deja en Chihuahua, su mejor alternativa es intentar influenciar al presidente Andrés Manuel López Obrador para intentar convencerlo de entrometerse en asuntos que, pensamos, sólo competen a los chihuahuenses.

 Frustrado porque no le salieron sus planes, todavía no termina su mandato estatal y Corral ya quiere manipular al presidente de México.

 Así es el gobernador saliente de Chihuahua, Javier Corral Jurado, quien ahora al parecer, sospechamos, apoya la 4T y quiere seguir manteniéndose vigente políticamente a como dé lugar; como es su costumbre. Corral siempre se ha mantenido del erario y lo seguirá intentando a como dé lugar.

 Desde que militaba en las planillas estudiantiles de la secundaria Federal del Parque en Ciudad Juárez, Corral ya pintaba como un ambicioso demagogo: fue presidente de la sociedad de alumnos. Le encanta el discurso, pero le gusta más el poder.

 Entonces, sus discursos ya eran populistas, rayando en izquierdistas. En esos tiempos, el PRI tenía la hegemonía política total del país, y la izquierda no tenía posibilidades reales de ganar. Entonces Corral decidió unirse al PAN, ya que las circunstancias le favorecían para ello, a pesar de su ideología política opuesta. En 1992, el PAN —con el apoyo de muchos medios, incluido El Diario-, capitalizó el descontento chihuahuense por la hegemonía priista y las crisis económicas y ganó una gubernatura histórica en México. La alternancia en Chihuahua había llegado.

 Para quienes han seguido la política en México y la carrera de Corral —no porque guste, sino porque desde entonces pintaba para ser un peligroso político para la democracia—, no debe extrañar que antes de terminar su deficiente y polémico gobierno estatal, busque alianzas por doquier para protegerse y blindarse de sus enemigos. Finalmente, su objetivo prioritario siempre ha sido posicionarse en la Presidencia de la República.

 Pero Corral es, en realidad, un traicionero. Traicionó sus ideales juveniles de izquierda para unirse al PAN desde los 16 años. Sabemos que no se hizo panista por convencimiento, sino por conveniencia. Desde entonces, para Corral, cada puesto de elección popular es sólo un vehículo para lograr sus ambiciones personales. Recientemente, después del descontento que sus alianzas han provocado en el PAN, se rumora que podría brincar a Movimiento Ciudadano; o que desea crear su propio partido.

 A los que observan y leen la política, sus escritos y discursos no engañan, sino lo delatan: públicamente es un panista conservador, pero en realidad siempre ha sido el panista más izquierdista y populista en la historia del PAN.

 El gobierno de Corral en Chihuahua ha sido un ejemplo más de que lo único que a él le importa es el poder; nada más. Ser presidente ha sido siempre su sueño y haría lo que sea para lograrlo, pero a los chihuahuenses ya no nos engaña.

 Y es que, descaradamente, sus ideales públicos cambian tanto como las pieles de las víboras. Hace apenas unos meses criticaba muy duramente las políticas de Andrés Manuel López Obrador y era uno de los gobernadores de la alianza derechista nacional que planea darle guerra a Morena en las próximas elecciones nacionales.

 Ahora que ya casi termina su mandato, Corral cambia y se presenta como el mejor amigo y aliado de AMLO. Pero sabemos que Corral lo hace sólo para protegerse de todos los enemigos que fue creando durante su gobierno y que hasta han amenazado con meterlo a la cárcel. No quiere ser juzgado con la misma vara que él juzga a sus contrincantes.

 Hay analistas políticos que de plano piensan que Corral inclusive trató de negociar el cambio de poder en Chihuahua con AMLO y quiso poner de gobernador a sus candidatos de preferencia, pero no le salió. Conociendo a Corral esto no sería nada extraño.

 Al parecer, al gobernador de Chihuahua no le basta con haber utilizado el poder para beneficiar a sus amigos empresarios y dejar las calles de Juárez destrozadas y al Estado casi en quiebra: sólo por mencionar un par sus desastrosas decisiones como gobernador. Corral, sabemos, tarde o temprano, buscará y seguirá buscando llegar a la Presidencia a como dé lugar, aprovechándose que allá en el sur no lo conocen bien, y, así como traiciona sus propios ideales, traicionará a quien ahora lo protege.

 No sería nada raro que, al término del actual sexenio presidencial, cuando crezca más el desencanto por la Cuarta Transformación, y la balanza del poder se incline de nuevo a la derecha, Corral, —a quien Chihuahua le queda chico—, quiera posicionarse falsamente de nuevo como el candidato opositor a la 4T, o que se una a ella, ya no se sabe. Así lo acostumbra.

No dudará en aprovechar de nuevo el voto de castigo, en caso de un desencanto nacional, o en utilizar sus habilidades demagógicas para lo que le más convenga a su persona, hasta para intentar obtener la silla presidencial. Corral no practica la ética, y menos de moral, como aparenta.