Opinion
Periscopio

Eficacia del “dream team” del Presidente

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Armando Sepúlveda Sáenz
miércoles, 19 junio 2019 | 05:00

Para conocer la eficacia del “dream team” (DT) organizado por el presidente para poner cara a los amagos del presidente Trump, lo más correcto sería disponer de una métrica definida. Sin embargo, el presidente del gobierno federal, detesta las mediciones. Así, ante la imposibilidad de contar con el elemento sustantivo para efectuarla, recurrimos a las distinciones o “medidas cualitativas”. 

Si de lo que se trataba, si el propósito era “ganar tiempo” como nos explicó el Secretario Ebrard, esa misión se cumplió con eficacia. No obstante han saltado a la luz algunos rasgos del propósito del DT, también se expuso explícita e implícitamente que el contenido de la tareas del equipo eran “negociar” el tema de los aranceles del 5 por ciento general, a las importaciones procedentes de México, mismos que amenazaba imponer el presidente de EU. 

Por ello el DT estaba integrado por servidores del titular del Ejecutivo Federal procedentes del área económica del gobierno (salvo el canciller).  Después de varios días de estancia en Washington, se enteraron que el tema único era la migración. Entonces, el presidente AMLO, “opto” por negociar (se entiende que en el léxico presidencial significa aceptar) y el DT ofreció convertir un elemento de política exterior en modificación de la política pública migratoria nacional (interna), en un muro de contención de los migrantes no mexicanos que entran por la frontera terrestre sur (como también lo hacen por vía marítima, me imagino que reforzarán la vigilancia en las áreas sensibles).

Y el logro del DT se concreta en ganar un plazo de 45 días naturales para reducir notablemente o el energúmeno pasará a fastidiar la economía de nuestro país. Y esto es lo que realmente aterra al presidente, aunque reitera una y otra vez que vamos “requetebién”  (a contrapelo de las mediciones  establecidas a partir de los indicadores económicos).

La premura con que se definió el DT señala que el pánico resultante de la amenaza arancelaria, mostró la carencia de una estrategia en materia de política exterior y por otro  lado, la percepción errónea de la naturaleza de la amenaza. 

El “operativo”, consecuente con lo acordado con la parte estadounidense, de inmediato se empezó a instrumentar. Se desplazó a la guardia nacional para desempeñar una nueva misión de agentes migratorios. Con todos los riesgos para los derechos de los migrantes y la ineficacia del muro operativo de la guardia nacional. 

Logrado el “acuerdo” migratorio, ya sea que se logre éxito total o parcial con la barrera mexicana, lo que cabe esperar son nuevos amagos para que transcurridos los noventa días, se apliquen los aranceles. Todo mundo sabe que esta medida unilateral y arbitraria, en el más puro y tradicional estilo de negociación del presidente Trump, es ilegal desde las perspectivas institucionales que se le juzgue.

Pero en aras de la seguridad nacional cualquier cosa se vale para él (en tanto no intervengan los poderes legislativo y judicial  de Estados Unidos). De modo que hay que elaborar una estrategia concienzudamente compleja y objetiva, que incluya medidas muy detalladas y diferenciadas de retaliación (aranceles espejo), sin abandonar el espacio diplomático.

En cuanto a la política migratoria se debe cumplir cabalmente con el respeto a los derechos humanos de las personas que abandonan sus países por un ramillete de causas: inseguridad, violencia, discriminación, exclusión, desempleo, salud y hambre o sus diversas combinaciones. 

Por cierto el presidente AMLO cree que está ayudando a personas “débiles”, “en desgracia”, “vulnerables” en este mismo sentido y el papel del  gobierno es por ende, “apoyarlos”. Cuando la política migratoria debe descansar en el cumplimiento de las obligaciones suscritas por el Estado mexicano en los tratados internacionales, en cuanto los derechos humanos de los migrantes. No se trata de acciones unilaterales filantrópicas sino de atender el marco  jurídico vigente en materia de derechos humanos.

Las amenazas del presidente Trump incluyendo la más reciente, para deportar millones de indocumentados hispanos, ha abierto el abanico de posibilidades de ahora sí, negociación. 

Las cartas de seguridad recíproca, los indocumentados mexicanos, la contaminación que arroja Estados Unidos sobre nuestro territorio, los riesgos de importación de enfermedades, y por supuesto, medidas económicas diversas (además de los aranceles espejo) de respuesta a la ofensiva que ha propiciado Trump, en aras de calentar el ambiente favorable entre sus valedores con objeto de obtener la nominación republicana como próximo candidato a la Presidencia de los Estados Unidos. Ojalá el Presidente del Gobierno Federal encuentre en el reto, el incentivo necesario para “ponerse las pilas”.