Opinion

El amargo momento por el que pasó Flor

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Benito Abraham Orozco Andrade

martes, 14 enero 2020 | 05:00

Hace unos días, encontrándose en una presentación en las calles del centro de la ciudad de Guadalajara, a la cantante, instrumentista y compositora, Flor Amargo, le fueron retenidos sus instrumentos por parte de empleados y policías del ayuntamiento de dicho municipio, con el argumento de que no contaba con permiso para realizar ese evento en la vía pública.

Las personas que se encontraban disfrutando de su música, salieron en su defensa sin que pudieran hacer algo para evitarle tal afectación, apoyo que la cantante ha agradecido por diversos medios, al igual que lo ha hecho con las muestras de solidaridad que posteriormente le han manifestado un sinnúmero de fans y de personalidades de la vida pública.

En redes sociales, la cantante urbana (como ella misma se cataloga) ha mencionado: “El arte urbano no se programa y vivir mucho menos. ¿Necesito permiso para dar amor?”. Tales expresiones exhiben el absurdo comportamiento no sólo de la autoridad municipal tapatía, sino del que en cuestiones similares se observan en otras partes del país. El caso de Flor Amargo tuvo gran eco e indignación, en consideración a que es una figura pública (lo que por supuesto no le resta importancia al incidente que sufrió), pero igual de indignante resulta para múltiples personas que para poder sobrevivir, se ven en la necesidad de comercializar en las calles algún producto o servicio.

En nuestro diario transitar por las calles, seguramente nos encontramos con personas que en los cruceros están realizando algún acto artístico -muchos de ellos dignos de admiración- para obtener algún apoyo económico o de otra especie, e indudablemente dichas personas no cuentan con la oportunidad de obtener un trabajo formal o, en este y otros casos en los que venden algún producto, contaron con algún empleo en la administración pública o en la iniciativa privada, pero fueron despedidos. ¿A estás personas todavía hay que complicarlas más su situación, exigiéndoles que cuenten con un permiso para que lleven a cabo tan nobles y necesarias actividades?

Existen verdaderos centros comerciales en donde la informalidad y/o la simulación prevalece, en los que se vende mercancía extranjera o de la llamada “pirata”, y no reportan pago o impuesto alguno por ello. Son lidereados por políticos u otros personajes influyentes, que les reditúan ingresos deshonestos a las autoridades, entre otros beneficios. Además, por décadas se estuvieron condonando impuestos a quienes han amasado grandes fortunas, pero las autoridades se muestran implacables ante las personas que menos tienen.

El caso de Flor Amargo, como el de quienes a diario buscan el sustento familiar en las calles, debe sensibilizarnos a ser solidarios con ellos en todos los aspectos, sobre todo apoyándoles en lo que material y económicamente podamos, a efecto de que mitiguen, en la mayor medida posible, su desafortunada situación.