Opinion

‘El Caramelo’, el arma en el mundial

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Arturo García Portillo

viernes, 25 noviembre 2022 | 05:00

Ya “chole” con temas intelectuales y de política. Vamos a soltarnos el chongo ahora con cosas de patadas y pelotas. Sin perder el enfoque sociológico y antropológico claro, para no desentonar. Porque no menos se merece al tener como protagonista a Héctor “El Caramelo” Chávez, que como buen chihuahuense, ahora levanta ámpula por allá en medio oriente, escenario del mundial de futbol.  

Al menos la red de Twitter ha puesto a nuestro afamado paisano como “trending topic” varias veces en estos días, a causa de sendas polémicas. A pesar de su larga y ya documentada experiencia siguiendo los partidos de la selección por todo el mundo, es apenas este año que ha despegado su fama hasta el orden nacional, y roza lo internacional. 

Antes de lo actual, comienzo recordando algo muy conocido desde hace tiempo por quienes habitamos este gran estado. Llegó el tiempo en que constantemente estábamos pendientes de que apareciera unos segundos en televisión con su bandera de México y las letras “CHIHUAHUA”. Y desde luego eso nos emocionaba. El apunte es lo muy positivo que ha sido eso para dar a conocer a nuestro estado y, usando el lenguaje de la mercadotecnia, que tanto penetra las costumbres sociales de hoy, posicionar la “marca Chihuahua”. Nunca habría presupuestos suficientes para conseguir lo que él con su entusiasta ánimo por su querido estado. 

Como es natural, y por su permanencia y perseverancia en ir a todos los juegos, sin perderse uno, ha logrado captar la atención y llevado a cada vez más medios a preguntarse qué hay atrás de ese sombrerudo greñudo que se aparece por todos lados, dotado de un especial de don de ubicuidad. Y así el gran público logró saber que es un empresario, comerciante, del ramo de joyería y otros giros, chihuahuense, gustoso de la fiesta y de compartirla. Lo que sigue, como es natural, y así hay que decirlo, fue la polémica, entre quienes lo consideran un viejito ridículo, protagonista, rico excéntrico, y cosas peores pues seguro hay valoraciones menos afables. Contra quienes respetan que, si las circunstancias y su propio esfuerzo le permiten esos lujos, nadie puede objetar que así lo haga.  

Por el primer bando habló Fernando Schwartz, comentarista deportivo de los tercios viejos, pues ya no lo recuerdan, pero el incursionó en la fama por su participación como niño de buena memoria en “el gran premio de los 64 mil” con el recordado Don Pedro Ferriz Santacruz.  La respuesta de “El Caramelo” me gustó mucho: “Estudien lo que les apasione, trabajen todo lo que puedan, aprendan a ahorrar y haz negocio con tus pasiones. Usen sus vidas para lo que quieran y que lo demás digan lo que quieran. ÁNIMO Y VIVA MÉXICO”. Conozco a “El Caramelo”, poco como muchos, he cruzado algunas palabras, me agrada su estilo desenfadado, apoya buenas causas, es sincero en su amor a Chihuahua y a México. Y ahora sí me sorprendió el cabrón con esa respuesta. Desde luego lo hace sin ninguna pose intelectual, sin querer dar lecciones a nadie, ni ser ejemplo. Eso cree, eso dice. Se le resbalan las críticas que de mala leche le han endosado estos días y no han hecho sino acrecentar su fama. 

Y eso me lleva a cruzar otra puerta. No me referiré a la dimensión física, atlética, deportiva y técnica de futbol y la máxima expresión que es el mundial donde están muchos de los mejores exponentes del deporte. Su carácter universal, ya puesto de manifiesto cuando nos arroja resultados tan aparentemente sorpresivos como los triunfos de Arabia y Japón. Su expresión en lo económico, en las redes de poder que logran tener un mundial en un lugar tan poco idóneo como Qatar (también se puede escribir Catar). Y que es objeto de reflexiones serias y profundas de gente como el notable Juan Villoro. Y lo difícil que es entender que tanto mexicano ahorre por cuatro años, y se endeude por otros tantos para ir a echar desmadre al otro lado del mundo, y logren acaparar el 90 por ciento de las butacas de un partido de la selección. Y vayan a hacer desmadre, y contagie de ello hasta a los serios árabes. 

Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo. El futbol como una alegoría de la vida. El chiste es echar desmadre, soltar amarras de la solemnidad, ir a gritar hasta acabar con las cuerdas bucales. Y nadie nos engaña, sabemos bien que a pesar de las severas restricciones se habrán puesto sendas borracheras por aquellos lares. Desde Chihuahua fue no solo “El Caramelo”, sino varios paisanos más, y así confiesan. 

Porque el futbol también nos enseña que el juego en equipo siempre va a dar más que las individualidades por muy estrellas que sean. La disciplina, el orden, rinden más frutos que los destellos inspirados. Sabemos y aprendemos que podemos ser rivales y amigos al mismo tiempo. Que no se tiene que humillar al competidor, que hay que respetarlo, que no hay uno pequeño y uno grande. Que la pasión y el entusiasmo, el amor a una bandera, pueden sacar de nosotros mismo mucho más de lo que creemos. 

Bien por “El Caramelo” y todos los que lo acompañan. Que siga la fiesta.