Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

El Centro Histórico de Chihuahua, lugar de tradición y nostalgia

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/ Crónicas de mis Recuerdos
/ Campana de Catedral, quebrada con el cañonazo certero de Platón Sánchez.
/ El Hotel Victoria, fue uno de los lugares más avanzados de su tiempo.

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 16 octubre 2020 | 05:00

El Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua, es el núcleo neurálgico de la vida de la Capital, ahí, convergen personas de todas las clases sociales, ricos, pobres y de mediana economía, sí, ahí se combinan para convivir como si fuera una gran fiesta cívica donde hay de todo, vendedores de paletas, dulces, elotes, frituras, hamburguesas, globos haciendo juego con las diferentes expresiones culturales que se manifiestan en la Plaza de Armas, como músicos que tocan diversos géneros y hay de aquellos que se unen para liberar “tensiones” al acomodarse y bailar alguna melodía en compañía de su pareja o bien, buscan a su “media naranja” para no quedarse atrás y disfrutar de una gran verbena musical y, cómo no señalar a ese hombre que muestra sus dotes de bailarín, el “pachuco” que es delicia de cientos de chihuahuenses que lo admiran y lo apoyan.

Ahí también están las centenarias torres de la Catedral, esas que señalan directamente al cielo en señal de oración para que el Señor bendiga siempre a esta “tierra seca y arenosa”; torres de cantera que son mudos testigos de una larga, pero larga lucha que los chihuahuenses han tenido para defender su territorio, esas guerras que han forjado nuestro carácter contra las tribus hostiles; de esos apaches que azolaron territorios de grandes planicies que sin duda, le reclamaban al conquistador por usurpar sus territorios y de las respuestas sanguinarias que los habitantes de la joven Chihuahua tenían en oposición a la carnicería de los apaches, con el desfile de “cueros” cabelludos que en una convocatoria del gobernador Ángel Trías, muchos rancheros se enfilaron a cobrar sus recompensas por cabellera obtenida, fuera de mujer, hombre o niño y ese escenario sin duda, se dio en el centro de la ciudad, en la emblemática Plaza de Armas que más que fuera una solución, se convirtió en un verdadero atropello en contra de otras etnias que sin deberla ni temerla, fueron masacradas. Esas torres que miran a los cuatro puntos cardinales como vigías que anuncian el cambio de estación y alertan ante la llegada de un posible enemigo.

Esas torres que vieron profanar nuestro suelo por las tropas francesas que llegaron a querer destruir a la República Itinerante de don Benito Juárez García y ante esta situación, se mostraría la valentía del pueblo chihuahuense que sacaría su carácter cuando el paupérrimo Ejército mexicano que comandaba el valiente coronel Luis Terrazas, enfrentaría a las tropas francesas del Segundo Imperio Mexicano con soldados franceses y conservadores mexicanos apostados en el centro de la ciudad, precisamente en los edificios que circundaban la Plaza de Armas. Además, otro grupo de franceses se atrincherarían en las torres de la Catedral que sin duda, era un mal presagio para los franceses al "pisotear" suelo santo, ya que algunos se habían parapetado en esas torres benditas. Cabe recordar que estas operaciones habían llegado a nuestro suelo y asentado en el hoy Centro Histórico. 

Pero el tiempo no se detenía y el reloj marcaba las 9:00 horas del 25 de marzo de 1866, cuando el coronel Terrazas se percataría que los imperialistas estaban apostados en las torres de Catedral. Para ello, le ordenaría a su jefe de artillería Platón Sánchez, un tipo recio y muy calculador al cual, se le daría la orden de disparar un cañonazo a los franceses apostados en las torres. La verdad, era una gran responsabilidad ya que el tiro tenía que ser preciso y milimétrico para no destruir un patrimonio histórico como lo era la Catedral. Fue así que desde el parque Lerdo de Tejada, Platón Sánchez acomodaría su cañón y lanzaría un obús el cual pasaría por la ventana de una de las torres de Catedral e impactaría la bala en una de las campanas, lo que generó un gran estruendo que asustó a los franceses desactivándolos de la escena. La verdad fue un verdadero “milagro” en dos sentidos, uno, no se destruyó el santuario principal de la fe de los chihuahuenses y otra, que los invasores se rindieron ante las fuerzas de los mexicanos. ¿Qué cosas, verdad?  

Otros antecedentes que se han vivido en nuestro Centro Histórico, tienen una esencia infinita de eventos que nos pasaríamos horas y horas comentándolos, sin embargo, esas torres que dominan simbólicamente todo el estado y nuestra Capital, se extienden en torno a ella, la cual, la ha visto crecer, cambiar y sobre todo, madurar; han podido observar como el tiempo, el trabajo y el anhelo común, se han convertido en la síntesis de lo que significa Chihuahua. De pasar de edificios antiguos a más modernos que han visto cómo los diversos espectáculos que se dan para la ciudadanía en el viejo espíritu de la piedra, deben de haber quedado como una sensación de vitalidad y orgullo, porque los que contemplaron las torres, fue la madurez de Chihuahua y por lo menos de sus hijos, lo cual, viene a ser lo mismo.

Esa sociedad de los años cuarenta del siglo XX, se enfila desde cualquier punto cardinal hacia la plaza y Centro Histórico por las principales avenidas que hoy todos conocemos, ya sea por las calles rectas que son pocas y por las que parecen haber sido trazadas con el objeto exclusivo de extraviar al visitante de fuera. Del norte hacia el núcleo de nuestro sentido como ciudad, desde los barrios como el Palomar, Santo Niño, Industrial, Nombre de Dios, se buscaba las avenidas que por sendos puentes se cruzaba por el Chuvíscar, El Rojo (avenida Colón) donde sólo había acceso para un vehículo de ida y otro de venida y en donde se cobraba una pequeña cuota; el de la 11ª, cuando todavía no existía el actual trébol y donde era de terracería conectaba hacía el desarrollo que el gobernador Foglio Miramontes empezaba al iniciar la construcción de la Deportiva; pero además, algunos que salían del barrio de la Industrial al centro, podrían cruzar los peatones de manera lateral por el puente Negro, construido especialmente para el paso del ferrocarril. 

Esas y otras opciones eran las únicas para llegar del norte hasta la Plaza de Armas y otras como salteando las corrientes de agua en tiempos de lluvia. Sin duda era toda una emoción hacer eso, ya que muchos relatos de nuestros abuelitos así lo confirman en el Chihuahua de los años 30ª 40ª y 50ª.  Llegando por el lado de la actual avenida Universidad a la altura del hoy Campus Universitario No. 1, la gente que venía desde el norte caminado, montado un caballo, burro o bien en un automóvil a través de caminos de terracería ya un lado, observaban el incipiente aeropuerto que abarcaba un buen tramo de lo que hoy es San Felipe Viejo y luego, se deleitaban observando la construcción de la nueva y joven Ciudad Deportiva que arropaba a la casa de los gobernadores que la bautizarían como “La Quinta Laureles” , donde muchas personas tenían que ir al centro para arreglar algún asunto oficial, de compras o por diversión y del Chuvíscar, se enfilaban por la avenida Juárez y la Libertad (que siempre se había caracterizado por ser una zona comercial, la más vieja y tradicional de nuestra ciudad de Chihuahua) y la avenida del Árbol hasta llegar por fin a la Plaza de Armas y disfrutar de un momento de solas y esparcimiento, disfrutando de algún entremés rico o acudiendo a misa a Catedral.

Los habitantes que salían de sus casas desde el oriente de la ciudad hacia el Centro Histórico, se enfilaban por el camino que conducía a Aldama y atravesaban a la “Junta de los Ríos” cuyo paso obligado era el “Oasis” que con el intenso calor de Chihuahua, se antojaba una deliciosa y fría cerveza de la “Cruz Blanca” ubicada por la avenida Juárez antes de llegar al monumento del Patricio. De ahí, convergían aquellos que venían del norte por la Colón y se topaban con uno de los hoteles más modernos de la ciudad, construido a finales de los años treinta el cual, sería bautizado con el nombre de “Victoria” que en su mayoría acogía turistas extranjeros y grandes personalidades nacionales en el ámbito artístico, político, cultural y social.

El Centro Histórico de Chihuahua, Lugar de Tradición y Nostalgia. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos del I al XII, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.