Opinion

El cierre de la frontera

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Sixto Duarte

martes, 27 julio 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Se cumple ya un año cuatro meses desde que fue decretado el “cierre de fronteras” a raíz de la pandemia. Y digo cierre de fronteras entre comillas porque como ya se ha discutido reiteradamente, en realidad es solamente el cierre de una frontera, pues es la entrada a los Estados Unidos la que está vedada para los mexicanos. La decisión cupular de extender un mes más las restricciones a los viajes no esenciales, cayó como balde de agua fría a los dos lados de la frontera por el impacto de dicha decisión.

Como todos ustedes han advertido, reiteradamente se ha manifestado que el cierre es discriminatorio, pues los norteamericanos siguen cruzando libremente hacia México, sin ninguna clase de restricción. En este caso, las asimetrías fronterizas se hacen más patentes con esta medida que, en mi criterio, son draconianas para el bien público que pretenden tutelar. Mientras el flujo de viajeros siga llegando por tierra, por parte de norteamericanos, y por aire (norteamericanos y mexicanos), el Covid-19 seguirá propagándose, al margen de las nacionalidades de los viajeros.

En el caso del cierre de la frontera, debemos analizar que no es un problema exclusivo de México, sino precisamente un problema regional entre Canadá, Estados Unidos y México. Mensualmente, las autoridades de estos países se reúnen y definen si deben o no continuar los cierres fronterizos. Es decir, son medidas que se toman al más alto nivel, y que involucran a los gobiernos de los tres países que integran la región de América del Norte.

Lo que percibo es que Estados Unidos tiene más interés en abrir la frontera con Canadá que con México, pues la prensa norteamericana siempre está más pendiente de la extensión en la restricción de cierres en su frontera norte, y no en su frontera sur.

En estricta teoría, el cierre de fronteras involucra también a México, pues se supone que el cierre implica que ciudadanos norteamericanos no entren tampoco a nuestro país. Sin embargo, por la falta de recursos humanos, parecería que las autoridades migratorias en México hacen únicamente el trabajo que le interesa a los vecinos del Norte; esto es así, pues mientras la frontera sur se encuentra cerrada, los agentes del Instituto Nacional de Migración de la delegación local amedrentan y tratan como ganado a los viajeros que llegan al aeropuerto de Juárez provenientes de ciudades dentro del territorio nacional en vez de vigilar los puntos de entrada al país. La frontera norte sigue abierta a quien quiera venir.

Por otro lado, resulta bastante irrisorio pensar que por un lado, los republicanos, en el poder hasta enero de este año, manifestaban que los negocios no debían cerrar porque la actividad económica era esencial, pero por otro lado justificaban el cierre de fronteras especialmente con México, a pesar de que el impacto económico ha sido brutal especialmente para los comercios norteamericanos.

Igualmente Texas ha relajado muchas medidas sanitarias, al igual que Nuevo México, pues se llevan a cabo eventos artísticos y deportivos, y en muchos lugares ya no es obligatorio el uso de cubrebocas. Entonces, no existe pues una sincronía en las posturas estatales y la postura federal. Me parece que existe pues una motivación que no necesariamente atiende a criterios sanitarios o de salud pública. En este sentido, parecería que el gobierno de Estados Unidos usa la apertura de la frontera como una moneda de cambio en posteriores negociaciones con México, dentro de una de las relaciones bilaterales más complejas que existen en el mundo.

En lo personal, creo que lejos de decisiones centralistas, Canadá, Estados Unidos y México deben de asumir posturas que reconozcan realidades regionales en cada uno de sus puertos fronterizos, pues naturalmente se puede dar que, el cruce de frontera en Reynosa/McAllen no tenga el mismo problema sanitario que, quizá, el cruce fronterizo en Detroit/Windsor.

Precisamente la semana pasada, Canadá anunció que abrirá sus fronteras a ciudadanos estadounidenses que estén vacunados, con las vacunas Pfizer, Astra Zeneca, Johnson y Johnson y Moderna a partir de agosto.

Se desconoce cuáles serán las medidas que se adopten al momento de abrir de nuevo la frontera entre México y Estados Unidos. Mucho se ha especulado si se pedirá prueba negativa de Covid-19, si se requerirá certificado de vacunación, e incluso se ha dicho que ciertas vacunas no servirían para abrir la frontera. Nada de esto ha sido confirmado, y la propia Cancillería ha manifestado que la reapertura de fronteras no estará condicionada a X o Y vacuna.