Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

El Colegio Palmore cumple 130 años de vida sirviendo a Chihuahua

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/ Fotografía de 1899 donde se observa el Colegio Palmore y la capilla Bethel que hoy en día ya no existe, en la calle 14a y de la Llave (Archivo Colegio Palmore).
/ Dr. William Beverly Palmore, fundador del Colegio Palmore (Hemeroteca Nacional Digital de México-UNAM).
/ Complejo del Colegio Palmore donde se aprecia el edificio principal de aulas (A), la iglesia Metodista Episcopal del Sur (B) y la casa del señor Samuel Kilgore en 1901.

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 13 septiembre 2020 | 05:00

Es para mí un verdadero privilegio hablar de uno de los colegios más representativos en la ciudad y el estado de Chihuahua y porque no decirlo, más allá de nuestras fronteras; semillero de muchas generaciones que dentro de sus benditas aulas, fueron preparadas para ser ciudadanos comprometidos con la Patria, con ese toque “mágico” de dejar en sus egresados un profundo cariño y recuerdo de sus maestros y de las incontables vivencias que vivieron niños, jóvenes y adultos al paso de nuestro querido Colegio Palmore que el pasado 8 de septiembre llegó a sus 130 años de vida y donde miles de ex palmorenses sin duda, lo recordaron y festejaron en el interior de sus almas y en el fondo de sus corazones.      

Hablar del Colegio Palmore es identificarse con el desarrollo educativo de México, el estado y particularmente la ciudad de Chihuahua, ya que cuenta con una larga, pero larguísima trayectoria de 130 años donde han egresado de sus aulas, un sinnúmero de hombres y mujeres que durante décadas, se han integrado orgullosamente a la vida productiva de México y más allá de sus fronteras ya que desde sus inicios en 1890, siempre buscó mejorar la calidad educativa y el fomento a los valores cristianos, importantes para una formación integral, pero para ello. Sin embargo es importante resaltar la labor realizada por su fundador, un verdadero hombre de Dios, su nombre, William Beverly Palmore quien nacería el 24 de febrero de 1844, originario del condado de Fayette Company, Tennessee, Estados Unidos; sus padres William Pledge y Elizabeth Ann Hobson Palmore, matrimonio de campesinos humildes y sencillos entregados a las duras faenas del campo, pues aunque el padre de William había sido acaudalado terrateniente, un golpe de la infortuna le quitaría la mayor parte de sus bienes, obligándolos a cambiar su resistencia de Virginia por una cabaña de troncos en Tennessee. El pequeño representaba para el santo matrimonio una promesa para el mundo de justicia, el amor cristiano y sobre todo, un anuncio de santidad y altruismo. Sin embargo, en medio de los ocultos caminos de Dios, el niño William quedaría huérfano de padre a los seis meses, circunstancia que desde entonces lo situó en el campo de la lucha contra la pobreza y el infortunio.  

Desde muy pequeño comenzó a trabajar para ayudar a su madre llevando su instrucción elemental en escuelas particulares; sus estudios superiores los cursaría en la Universidad de Vanderbilt y cuando llegó a los 17 años de edad, se enlistaría en el ejército de la Confederación bajo las órdenes del general John S. Marmaduke, teniendo que abandonar el estado de Tennessee para ir al de Missouri. Al término de la guerra el 9 de abril de 1865, se dedicaría al comercio, actividad que le permitió darle un giro importante a su vida, ayudándolo a salir adelante en sus proyectos personales. Durante su carrera comercial en la ciudad de Kansas en 1877, recibiría el llamamiento al ministerio cristiano e inmediatamente renunciaría a su actividad secular para entregarse plenamente a su nueva vocación, siendo ordenado ministro de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur en ese mismo año y en la misma ciudad. Se doctoró en teología en el Central College de la Fayette, Missouri y aunque apegado a la ortodoxia de su iglesia, fue una de las personas más tolerantes y bondadosas con sus hermanos en Cristo. Sin embargo, la inquietud de William no paraba ahí ya que el periodismo lo atraería no en su afán de aventuras ni renombre, si no en el afán de lanzar un mensaje de bondad por todos los vientos, así, llegaría a ser editor y escritor de altos vuelos iniciándose en St. Louis Missouri en 1890, con el encargo de la publicación de “The Saint. Louis Christian Advocate”, publicación que después vino a ser de su propiedad.

Cómo político sería presidente de la Junta de curadores del Colegio Central de Mujeres y además de la cámara de senadores. Además, gracias a su capacidad y entrega, en 1908 le ofrecerían la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos por el partido Provisionalista la cual la rechazó, no obstante, era enemigo acérrimo de las bebidas embriagantes y dícese que hizo tanto por la causa de la temperancia (cualidad de hacer las cosas bien por los gobernantes), como ningún hombre de su siglo.

Viajero de vocación y de corazón visitaría la ciudad de Chihuahua en varias ocasiones ya que sin saberlo, el Señor lo había conducido hasta estas tierras del norte de México para realizar una obra excepcional. Don William un enviado de Dios en una de sus estancias por Chihuahua, saldría a pasear por los alrededores del Jardín del Porvenir (hoy Parque Lerdo) en el verano de 1885, observando cómo numerosos grupos de chiquillos visitaban las huertas que quedaban al oeste a lo largo del arroyo Santa Rita los cuales, se divertían arrojando piedras a los árboles para que sus frutos cayeran fuera de la barda y así, poderlos recoger. Una de esas piedras lo golpearía levemente, lo que este incidente lo motivaría a informarse si en la ciudad de Chihuahua había suficientes escuelas para la educación de la niñez y al enterarse que eran escasas, pensaría en la fundación de un centro escolar.

En 1890 a sus 46 años de edad, el doctor William B. Palmore visitaría de nueva cuenta la ciudad de Chihuahua, donde se encontraría a su paisano el pastor Samuel Grafton Kilgore, hombre talentoso y de buenos sentimientos, amigos de toda la vida y durante su estancia en esta ciudad, lo invitaría regularmente a caminar. Una de esas veces lo condujo a pasear por las enormes arboledas del Parque Lerdo, un lugar paradisiaco donde el cantar de los pájaros era como un coro que entonaba bellas melodías provenientes de la naturaleza; sí, el Lerdo un oasis en medio del semi desierto donde una tarde del día 15 de marzo todavía algo fresco pero con el anuncio de la primavera que ya estaba tocando las puertas de la capital chihuahuense, don Samuel invitaba a su amigo don William a dar una de esas vueltas vespertinas por el hermoso parque y a la hora del crepúsculo, hermoseaban los paisajes llevando la conversación por las praderas de su lejana juventud, evocando los gratos recuerdos escolares, la alegría de la juventud, mezcla de inconscientes impulsos de nuestra civilización.

El señor Kilgore que cambiaba de tema se quejaba ante el buen doctor Palmore: “Mi estimado doctor, necesitamos ayudar a los chihuahuenses obsequiándoles una escuela, pero desafortunadamente no tenemos dinero” (le mostraría un terreno que era media manzana donde se podría construir una escuela, anexa a la capilla metodista Bethel). En relación a esta propuesta, William Palmore quedaría pensativo durante breves instantes. Luego dijo: “No se preocupe mi amigo Kilgore, ya mero me regreso a Estados Unidos pero cuando vuelva a venir, ya tendré la respuesta, pues me voy a dar a la tardea de conseguir los recursos necesarios para realizar este lindo sueño de la escuela para mis estimados y queridos hermanos de Chihuahua”. Fue así que días después de esa conversación, salía de la ciudad rumbo a su país el doctor Palmore ya con un importante encardo de su amigo don Samuel.

Grandes aportaciones haría el doctor William Palmore dependiente de la Junta Superior de Misiones en San Luis Missouri, pues uno de los grandes méritos es haber adquirido los terrenos adyacentes a la capilla Bethel para destinarlos a construir en ellos un colegio al cual con el tiempo se le llamaría “El Colegio Palmore” y que además, representaría una de las instituciones educativas de mayor influencia en la educación en Chihuahua a finales del siglo XIX y principio del XX.  El doctor  William Beverly Palmore dejaría una vasta herencia en favor de la niñez y de la cristiandad, falleciendo el 5 de julio de 1914, como los grandes, lleno de días y con la esperanza de la corona con su Padre Celestial. 

El Colegio Palmore cumple 130 años de vida sirviendo a Chihuahua, forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes

Archivo del Colegio Palmore.

Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua. 

Instituto Nacional de Antropología e Historia. 

Profesor E. Hernández R. (Colegio Palmore).

Profesor Rubén Beltrán Acosta, Cronista de la Ciudad de Chihuahua.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh