Opinion

El Congreso visto como botín

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César Jáuregui Robles

lunes, 27 septiembre 2021 | 05:00

La semana que acaba de transcurrir, dio cuenta del acuerdo que se generó entre bancadas mayoritarias para el reparto de comisiones, así como el aumento de las mismas que pasaron de 45 que se tenían a 51 que trabajarán en esta legislatura.

Es bien sabido que las Comisiones del Congreso son los órganos especializados que atienden asuntos específicos para analizar, discutir y en su oportunidad dictaminar proyectos e iniciativas que tienen como propósito generar, ya en el pleno del parlamento, la aprobación de dictámenes que se convertirán en leyes o decretos.

Este actuar se remonta a los tiempos de conclusión de la Revolución Francesa, cuando reunidos en la Asamblea de Versalles, los primeros congresistas que deliberaban sobre la importancia o no de   determinados asuntos, fueron agrupados en izquierdas y derechas para hacer factible la contabilidad de sus determinaciones; esta costumbre llegó a formalizarse y a mediados del siglo XIX dio pauta al surgimiento de los partidos políticos que agrupan a personas de distintas ideologías, en ocasiones cercanas y en no pocas situaciones, con posturas totalmente encontradas.

Hoy en día los países de la Commonwealth (que siguen el modelo parlamentario), así como naciones desarrolladas, cuentan con asambleas deliberativas que encargan a las Comisiones establecidas la tarea de formular trabajos específicos, que como ya se dijo se convierten en acuerdos generales y de carácter obligatorio como son las leyes y las normas.

Sin embargo, una característica es que precisamente las Comisiones, por contar con funciones específicas son de número reducido y en la mayoría de los casos empatan al número de Ministerios o de Secretarías con las que cuenta el poder ejecutivo de una nación ya sea régimen presidencial, monárquico, parlamentario o de cualquier otro tipo. Pues el objeto principal es que el congreso fiscalice o vigile adecuadamente los ramos de la administración pública, así como algunas atribuciones en materia judicial para estar en condiciones de ser la centralidad de la política de un país. No en balde, los Parlamentos verdaderamente relevantes como el Británico, el Congreso norteamericano o la Asamblea francesa cuentan con un número ínfimo de Comisiones, pero todas ellas poderosas.

No obstante esa experiencia, en nuestro país lo que se ha hecho es totalmente debilitar el Congreso a través de la creación de más de 50 comisiones, no con el ánimo de generar un gabinete a la sombra o una propuesta fiscalizadora que verdaderamente esté pegado a la revisión de los actos que el Ejecutivo, en sus diferentes ramos realiza, sino fundamentalmente se cumple con el propósito de dar las cuotas parlamentarias a los distintos partidos políticos que reclaman espacios burocráticos, muy lejanos del afán de cumplir con las tareas legislativas y de control, que tienen como encargo, pues lo que buscan es  primordialmente acceder a las prerrogativas que se otorgan al ejercer las directrices de las distintas comisiones.

Esto es verdaderamente pernicioso porque establece un Congreso minusválido que se convierte solamente en una arena de discusión y no en un órgano productivo donde verdaderamente la representación popular puede llevar a cabo las tareas que la sociedad, cumplidamente reclama.