Opinion

El consejo de Morena

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 31 julio 2022 | 05:00

Tuve la oportunidad de conocer personalmente al licenciado Andrés Manuel López Obrador en un caluroso día de junio del 2012 en un vibrante cierre de campaña en Ciudad Juárez. En aquel tiempo nuestra ciudad sufrió por la guerra declarada por el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa al narco y como consecuencia existía un gran deterioro del comercio local y de otras actividades económicas. Se calcula que al menos 200 mil personas abandonaron la ciudad y una parte importante de ellas trasladaron su residencia a El Paso, Texas, lugar en el cual desde hace más de 25 años he realizado mi actividad comercial.

En ese exilio obligado, tuve la oportunidad de coincidir con muchas personas que en ese momento y hasta la fecha simpatizan con la propuesta de nuestro actual presidente Andrés Manuel López Obrador, y luego de largas pláticas respecto del proyecto de la Cuarta Transformación decidimos organizar varios actos públicos en la Plaza de San Jacinto, en el centro de El Paso, en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y el  Consulado General de México en esta ciudad, concluyendo esa serie de actos públicos con una vívida marcha que traspasó la frontera hacia México por primera vez en la historia en apoyo a un candidato presidencial: AMLO.

El arribo al mitin fue muy vistoso y captó la atención de Andrés Manuel. Esa fue la primera vez que lo escuché referirse a la gran aportación que los migrantes mexicanos que trabajan y viven en Estados Unidos hacen a nuestro país, a tal grado que en la actualidad los reconoce como “héroes vivientes”.  Esa misma tarde tuve el honor de ser invitado por el entonces candidato para conversar en privado sobre las principales problemáticas de la frontera y de la comunidad migrante.  

Semanas después, el ya para entonces concebido PRIAN consumó el fraude electoral que nuevamente le arrebataría la Presidencia a López Obrador y a la izquierda mexicana con la anuencia descarada del ex presidente Vicente Fox Quesada; al arribo de Enrique Peña Nieto a la Presidencia formalizaron con el mal llamado “Pacto por México”. Pero Andrés Manuel no se doblegó y en octubre de 2012 convocó a asambleas en los 300 distritos electorales para que los leales al movimiento decidiéramos buscar la vía electoral y pacífica como partido o mantenernos como un movimiento ciudadano e independiente.

Fueron momentos muy difíciles, algunos de los beneficiarios del movimiento obradorista, que habían ganado posiciones de elección popular, empezaron a alinearse al pacto peñanietista generando desánimo y desesperanza entre quienes nos manteníamos fieles al proyecto de la hoy denominada 4T por el oportunismo develado por esas personas.

Bajo la tempestad y ante la desbandada, decidimos por mayoría absoluta construir Morena como partido político, establecer nuestra declaración de principios, programa y estatutos; pero para ello, primero tendríamos que conformar la autoridad máxima de nuestra organización: el  Congreso Nacional del Movimiento, compuesto por diez representantes de cada uno de los 300 distritos electorales federales que hay en el país.  

Lograr el quórum para dar validez a las asambleas fue realmente épico, batallamos bastante, pero al final lo logramos. Fueron tiempos de idealismo, de esperanza y de mucha mística; de compañeras y compañeros convencidos de la necesidad de una transformación y de que la “tercera” era la vencida. No podíamos claudicar, estábamos firmes en que la revolución de las conciencias era posible con la organización dirigida por nuestro líder, el licenciado López Obrador.

Finalmente, el 20 de noviembre de 2012 el Movimiento de Regeneración nacional se convirtió en partido político, con un plan de acción centrado en la defensa del petróleo y el registro oficial ante el Instituto Federal Electoral (IFE). Teníamos menos de un año para cumplir con los requisitos, entre ellos realizar al menos veinte asambleas estatales con tres mil miembros fundadores por estado. Tuve el honor de ser parte de la primera dirigencia nacional de Morena, y me consta que el trabajo de todos los compañeros fue voluntario, sin sueldos ni viáticos y enfrentados a una realidad en la que hasta los gobernadores de la supuesta izquierda, que llegaron a sus cargos gracias al voto obradorista, nos dieron la espalda. Fueron tiempos verdaderamente difíciles, pero un puñado muy valioso de diputadas, diputados y senadores respaldaron nuestra lucha y dieron la batalla ante las reformas estructurales promovidas por los legisladores neoliberales del PRI y del PAN.  

Finales de fotografía se vivieron en muchas de las entidades de la República para alcanzar el quórum en las asambleas que nos permitiera alcanzar el registro como partido y Chihuahua no fue la excepción. El 13 de octubre de 2013 logamos el registro, pero habría que mantenerlo y enfrentarnos al proceso intermedio (tradicionalmente desairado) del 2015. Así como batallamos para lograr los quórums en las asambleas constitutivas, a diferencia de lo que hoy ocurre, se nos dificultaba encontrar candidatos que representarán a Morena en las elecciones, y hace unos días el Presidente López Obrador recordó ese hecho y comentó que “ahora hasta se las pelean”.  

¡Claro! en esto de la política hay muchos tiburones y oportunistas, lobos disfrazados de ovejas, que a la primera oportunidad sacan la cola para trepar; lo dijo AMLO: usan la política del chango, van de rama en rama, se agarran de la cola en una rama y no la sueltan hasta que con la mano agarran la otra. Ni modo, así es esto de las mayorías, hay que hacer política, dicen los del pelo engominado que, después de haber aprovechado las siglas del movimiento y una vez en los cargos, se corren al centro para quedar bien con todos y claman a los cuatro vientos que no son de izquierda, como el alcalde de Juárez, quien públicamente lo ha expresado y demostrado con hechos, pues está rodeado de un gabinete con pasado y presente conservador. Nuestro programa dice textualmente: Morena es una organización política amplia, plural, incluyente (pero también y muy claro establece) y de izquierda. 

En 2015 tuvimos una laboriosa renovación del Congreso, Consejo y Comité Nacional de Morena. Para entonces, la situación no había cambiado mucho, México padecía el intermedio de la algidez neoliberal. En Chihuahua, César Horacio Duarte Jáquez afilaba los colmillos para extender su poder y en Morena casi todos los candidatos sabían que ganar una elección en tiempos aciagos para la izquierda era casi imposible; pero había que mantener el movimiento para la causa principal: la victoria en el 2018.

Luego de la histórica batalla del 2018 -la cual ha cambiado el rumbo de la nación- y de sendos procesos electorales con victorias mayoritarias de Morena en 2021 y 2022, ha llegado el momento de la renovación de sus dirigencias, sobre todo las estatales, que tienen ya siete años en el encargo. La mística, la convicción por la transformación y la incansable lucha del desprotegido contra el dinero están vigentes, pero también hay un acecho desmedido de quienes fueron invitados a sumarse a la causa para derrotar al PRIAN en 2018 y años posteriores con la intención de sacar de casa a los anfitriones. 

Coincido que todos tienen derecho, pero debe haber sensatez en quienes llegaron de otros partidos para que con el tiempo vivan esa mística de quienes lucharon por décadas, por conocer la historia de los movimientos del pueblo, por ser empáticos con los más desprotegidos, por formarse con una nueva forma de actuar, basada en valores democráticos y humanistas y no en la satisfacción de intereses egoístas, de facción o de grupo.

Me gustó mucho la reflexión del actor Damián Alcázar en sus redes sociales: “El voto de ex panistas y ex priistas ayudó mucho para que AMLO ganara la Presidencia, pero eso de que los nuevos quieran mandar en Morena ya es otra cosa que los verdaderos obradoristas no deben permitir. Por eso hoy les quiero pedir que participen en el proceso interno de Morena para elegir a los mejores perfiles a consejeros, no voten por los que llegaron hace poco, aunque ya apoyan al movimiento, no es conveniente que ganen las delegaciones. 

Con respeto les pido que voten por los que iniciaron en Morena, los que creyeron en el cambio desde que se fundó el partido; no voten por el priista o panista que se unió hace dos o tres años.  No creo que esta postura demerite a nadie, por el contrario, es un acto de justicia para aquellos compañeros y compañeras que han luchado toda su vida; es también un acto de congruencia porque, insisto, aunque en Morena no hay pensamiento único si hay una historia detrás de la organización que viene desde muy lejos, de las luchas y movimientos campesinos, obreros, estudiantiles, de la diversidad sexual, de la defensa de la soberanía, el patrimonio colectivo, la dignidad, la justicia y las libertades, elementos que por mucho tiempo los partidos de la derecha (PRI y PAN) dilapidaron y en las que algunos de nuestros ahora compañeros fueron parte.

Reconozco que nunca es tarde para recapacitar. No dejaré de reconocer la valiosa aportación de nuestros compañeros que se cansaron de ser parte de las injusticias, pero justo también es que sean pacientes, al fin y al cabo la conquista democrática del 2018 se fraguó durante más de 50 años.