Opinion
Periscopio

El contexto del nuevo Salario Mínimo 2021

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 23 diciembre 2020 | 05:00

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos dio a conocer que el salario mínimo se incrementaría en 15 por ciento para 2021. Con éste serán cinco años consecutivos, que el salario mínimo registra incrementos sustanciales (2017: 9.6 por ciento; 2018: 10.4 por ciento; 2019: 16.2 por ciento; 2020:20.0 por ciento y 2021:15 por ciento). 

No se pueda identificar que por ese hecho repercutieran hasta 2020 en la inflación general. De modo que, si se asume como premisa, que si en el pasado no ha existido efecto inflacionario, el próximo año tampoco lo habrá.  

Esta es la base de las consideraciones de las autoridades de Secretaría del Trabajo y Previsión Social, y de la CONASAMI y con esa evidencia se han encargado de desmitificar el impacto inflacionario de los incrementos salariales. Para los analistas, los incrementos por sí mismos no tendrían efecto inflacionario. Cabe preguntarse ¿por qué aducía la CONASAMI que se registrarían presiones inflacionarias, en un pasado ya remoto? Debe tomarse en cuenta, que hasta 2017, los salarios mínimos eran una unidad de medida que afectaba todo tipo de contratos económicos incluyendo las pensiones. 

Para evitar este candado para los salarios en 2017, se eliminó el uso de los salarios mínimos como unidad de actualización nominal. Medida que permitió incrementos salariales por encima de la inflación general. Entonces ¿por qué no impactan la inflación los incrementos a los salarios mínimos? Básicamente por dos factores: uno, los salarios mínimos son obligatorios únicamente en el sector formal de la economía, que es el que está controlado por el fisco y las instituciones de seguridad social; dos, en este sector la proporción de trabajadores que ganan un salario mínimo tenía poco peso en los salarios cotizantes (4 por ciento en 2018). 

Por otro lado, el sector informal de la economía está al margen del control gubernamental, y en él, los trabajadores difícilmente llegan a percibir un salario mínimo. La STPS calcula que se beneficiarán 4.5 millones de personas.   Buena parte de la explicación radica en que al número de asalariados con el mínimo, se han ido incorporando los que antes cotizaban entre uno y dos salarios mínimos, y el próximo año absorberán algunos del nivel entre dos y tres salarios mínimos.  

Imagine que la distribución por asegurados cotizantes tiene una forma de rombo. En la actualidad la distribución de cotizantes se asemeja a un triángulo con base más amplia cada vez. Si es correcto tal vez el número de cotizantes en enero sea entre 3.9 y 4.5 millones de cotizantes; Ojalá, pues si las condiciones no varían, ese número de beneficiados verá incrementada su capacidad de gasto y por tanto, debería repercutir en la masa salarial, y por ende en la demanda agregada; toda vez que la inflación esperada será de alrededor de 3.6 por ciento (Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado Diciembre de 2020).

Si las cosas marchan bien, (con reactivación de actividades económicas, aumento mínimo de la inversión nacional, mantenimiento de la inversión externa, mayor demanda de bienes de exportación y conservación del grado de inversión de los papeles oficiales) se alcanzaría un crecimiento de 3.5 por ciento del PIB. El empleo que se generará en el sector formal de la economía será de 350 mil plazas. De este modo, la demanda agregada por el efecto salarial será irrelevante; para quienes será relevante, aunque de forma negativa, es para los micros y pequeños negocios del sector formal de la economía, cuyos establecimientos se caracterizan por procesos productivos intensivos en mano de obra y muy baja productividad laboral. En consecuencia, el incremento salarial, repercutirá en los costos de producción, que dadas las condiciones mencionadas pueden ser insostenibles y ocasionar el cierre de negocios o forzar la migración a la informalidad. 

Lo que puede esperarse es que este nivel incorpore a más trabajadores asegurados y la fracción que representa aumente. El salario medio de cotización subirá significativamente, no obstante, dado el escaso crecimiento de la ocupación, no impactará la demanda agregada como para inducir aumento de precios en los bienes básicos. 

Según la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado (diciembre de 2020) prevalecerá la incertidumbre, dados los niveles de estado de derecho, crimen, corrupción e incumplimiento de contratos. Además, advierten como restricciones a la competencia, el suministro de electricidad; petróleo, gasolina y gas; telecomunicaciones y crédito bancario, entre las principales.  

Lo expuesto pone de relieve la importancia de brindar las condiciones de observancia de las reglas y la construcción de una sólida confianza en la marcha de las políticas públicas para estimular el crecimiento de la inversión productiva. Estos elementos no solo han estado ausentes, sino que sistemáticamente se han socavado. Aun cuando se espera una respuesta positiva al cambio de gobierno en Estados Unidos, y en el crecimiento del PIB del socio en el T-MEC; con el contexto señalado, su repercusión enfrenta condiciones poco favorables para aprovechar su potencial. 

Urgen tasas de crecimiento del empleo significativas, y por ende de su determinante, la inversión productiva que, en consecuencia, posibiliten la mejoría de los ingresos familiares, el consumo y la calidad de vida para un mayor número de trabajadores y sus familias. Sin embargo, el futuro parece sujeto a un frágil comportamiento de las variables básicas, por ejemplo, que los micro y pequeños negocios formales no puedan absorber el incremento de los costos unitarios por precio de la mano de obra y sus repercusiones.