Opinion

El déficit fiscal y la deuda pública de Chihuahua (Parte III y última)

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Serafín Peralta Martínez

domingo, 18 julio 2021 | 05:00

Abordamos en la entrega anterior, el tema del déficit fiscal en el que incurrió el gobierno saliente, desde el arranque de la administración que, para cubrir dicho déficit, tuvo que hacer uso del crédito bancario y de la emisión de bonos de deuda con la aprobación del Congreso del Estado. 

Un déficit fiscal cuando no se maneja adecuadamente, sin duda, complica la funcionalidad de las finanzas públicas. Por otra parte, un déficit fiscal, manejado bajo ciertas condiciones de responsabilidad y de eficiencia administrativa, puede servir como palanca de desarrollo. Con esta premisa, analizaremos está última entrega y buscaremos responder a la siguiente interrogante: ¿el déficit fiscal y la deuda pública en el gobierno de Corral contribuyeron al desarrollo en el estado de Chihuahua?

El gobierno saliente, enfrentó un déficit fiscal, como un mecanismo para compensar el desequilibrio presupuestal que le provocaba en cada ejercicio fiscal, o porque se gastaba más de lo que le permitía su presupuesto de ingresos, o porque el ingreso no le alcanzaba para atender sus necesidades presupuestales de gasto.

Esta situación llevó a que, en el Presupuesto de Egresos de 2016, se presupuestó necesidades de deuda por un importe de 308 millones de pesos, mismos que se proponían incorporar al presupuesto de egresos. En ese año, según información del Sistema del Registro Público Único de Deuda Pública de la SHCP, la deuda pública era de 49,408 millones de pesos que sumados los 308 millones que se requerían, el monto de la deuda pasó a incrementarse a 49,717 millones de pesos.

En 2017, las cosas no cambiaron y el déficit fiscal que se presupuestó fue de 3,598 millones de pesos y el monto de deuda pública que refleja el presupuesto de egresos fue de 3,292 millones de pesos. Ese monto programado de deuda, se cubrió con crédito bancario, y el monto global la deuda pública del estado de Chihuahua se elevó hasta los 53,008 millones de pesos.

El déficit fiscal y la contratación de deuda pública comenzó a convertirse en una práctica cómoda en la administración del gobierno estatal, a la vez, déficit y deuda, empezaron a formar una bola de nieve que generaba graves efectos y desorden administrativo y financiero.

Para 2018, el déficit fiscal se hizo un hábito y cubrirlo con más deuda, no parecía tener ninguna dificultad. En este año, el déficit fiscal se cuantificó en 2,739 millones de pesos como requerimientos financieros para cubrir necesidades de gasto, sin embargo, en la clasificación presupuestal se programaron como deuda pública 2,432 millones de pesos, que se cubrirían con la aprobación del Congreso para contratar más créditos bancarios y, con ello, la deuda pública del Estado de Chihuahua ascendía a los 55, 441 millones de pesos. 

Como las autoridades de hacienda del gobierno del estado no podían mantener el equilibrio del presupuesto público, o porque deliberadamente se propiciaba el desequilibrio, para el ejercicio fiscal 2019, los requerimientos financieros del déficit fiscal se cuantificaron en  2,872 millones de pesos, mismos que se cubrirían nuevamente con la contratación de más créditos o con emisión de bonos que, sumados y acumulados al saldo de la deuda anterior, el nuevo monto de endeudamiento alcanzaba los 58,313 millones pesos, y el estado de Chihuahua pasaba a colocarse dentro de los tres estados más endeudados del país, después de la Ciudad de México y Nuevo León.

En 2020 se mantuvo la misma política fiscal que rompía con el principio de la funcionalidad de las finanzas públicas y empezaba a mostrar los signos del desorden administrativo y de una crisis financiera y presupuestal sin precedentes. En este año, en el Presupuesto de Egresos del Estado de Chihuahua (Periódico Oficial del Estado) se estimó un déficit fiscal de 4,918 millones pesos, que debería contratarse nuevamente vía créditos bancarios o mediante emisión de bonos de deuda, de lo contrario, el presupuesto de egresos tendría una disminución respecto al del año anterior.

Para hacer frente a ese déficit, en el Presupuesto de Egresos se aprobó un monto de deuda por 3,136 millones de pesos qué, nuevamente, sumados al saldo del año anterior, ahora la deuda pública pasaba a ser del orden de los 61,449 millones de pesos. 

En 2021, en medio del caos financiero, con una deuda contingente e incierta, el déficit fiscal se estimó en 4,862 millones de pesos, y las necesidades de deuda pública fueron por el orden de los 3,247 millones de pesos, por lo que la deuda pasaría a incrementarse hasta los 64,696 millones pesos.

Por otra parte, al revisar el Presupuesto de Egresos de cada ejercicio fiscal, se encontró que el gasto de inversión o inversión estatal, apenas representó el 1% en promedio como proporción del presupuesto total, lo que indica que el déficit fiscal y la deuda pública, han sido consecuencias del desequilibrio presupuestal y de la no funcionalidad de las finanzas públicas. 

Usar de manera responsable un déficit fiscal para incrementar el gasto público en inversión e infraestructura, como incentivo a la inversión privada, al empleo y al crecimiento económico, hubiera sido lo ideal, pero trazar una administración gubernamental, basada en un déficit fiscal sin tener la experiencia, se termina en un caos financiero, con más deuda, lo que significa más intereses y, otra vez, más deuda.