Opinion

El déficit presupuestal y la deuda pública de Chihuahua (Parte II)

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Serafín Peralta Martínez

domingo, 11 julio 2021 | 05:00

Decíamos en la entrega anterior, que el término déficit se presenta cuando en una administración pública y durante un periodo determinado, normalmente un año, se genera una situación en la que se gasta más, respecto al ingreso que se tenía disponible y que había sido programado y aprobado. A esta diferencia se llama déficit presupuestario porque corresponde a un presupuesto público, también, se conoce como déficit fiscal.

El término fiscal, hace referencia a aquello (dinero público, dinero del gobierno) que es relativo al fisco, al Estado o al Gobierno (federal), como persona jurídica, que tiene la facultad de recaudar impuestos, los cuales sirven a su vez para financiar el gasto público.

Cuando un gobierno (federal, estatal o municipal) ejerce un recurso o dinero público, y resulta que al final del año o del ejercicio (también se conoce como ejercicio fiscal) el saldo entre los ingresos y los gastos, es negativo, entonces se está ante un déficit fiscal, con la novedad de que esa diferencia entre el ingreso y el gasto, se financió de algún lado, seguramente con dinero prestado, que se adeuda y que se tendrá que pagar.

De este modo, el déficit fiscal, se define como la diferencia negativa entre el ingreso y el gasto que se ha ejercido, lo que significa que una administración pública (federal, estatal o municipal), ha gastado más de lo que se tiene, justificada o injustificadamente.

Incluso, cuando ya se sabe que el dinero o el ingreso que se va a destinar para gasto, no va a alcanzar, entonces, al preparar el presupuesto de egresos o de gasto del siguiente ejercicio, se elaborará previendo que se requerirá una cantidad importante de dinero que se tendrá que conseguir mediante un préstamo bancario, lo que se conoce comúnmente como deuda pública.

Esta figura del Déficit Fiscal en la administración pública de un gobierno, puede ser cuestionada o criticada. Incluso, el déficit fiscal es permitido, cuando de facto se sabe que el ingreso, resulta insuficiente para financiar las vastas necesidades de gasto público.

El uso del déficit fiscal puede tener muchas connotaciones, pero también puede explicarse como parte de la ineficiencia o de la no “funcionalidad de las finanzas públicas”, dependiendo de los resultados y de los beneficios que esta práctica fiscal genere en la población.

En un enfoque económico, en el que un gobierno enfrenta un problema de desempleo y una economía comprimida sin crecimiento, y cuando no hay dinero público para presupuesto, el déficit fiscal es un mecanismo socorrido para que el Estado o el Gobierno invierta en infraestructura y genere empleo a través del gasto público: el empleo alienta el consumo, el consumo la inversión, y la inversión empleo y crecimiento económico.

La economía y las finanzas van estrechamente ligadas en el manejo de la gestión y administración pública. Cuando se dice que hay que recurrir al déficit fiscal, se entiende que sólo con dinero prestado o con un recurso extraordinario, se podrá encontrar el equilibrio entre el ingreso y gasto público. Cuando se recurre de manera directa al déficit fiscal, se está haciendo a un lado otras soluciones optimizadas y de menor costo (el endeudamiento tiene un costo financiero durante un determinado periodo de tiempo). El manejo de las finanzas públicas no es cosa fácil.

Un déficit fiscal, en términos prácticos, viene a significar las necesidades o requerimientos de recursos financieros y presupuestales y, para solucionar esas necesidades de recursos, se tuvo que contratar préstamos con la banca comercial (o de primer piso) o de desarrollo (banca de segundo piso), lo que significó recurrir al endeudamiento público. 

Cuando se revisa el arranque o inicio de la administración del gobierno de Corral, uno se encuentra con que al cierre de 2016 (a Corral le tocó prácticamente cerrar el último trimestre), las finanzas del gobierno presentaron un desequilibrio o exceso de gasto considerable, que se tradujo en un déficit fiscal en el ejercicio fiscal de ese año.

Con información que contiene el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Chihuahua, en 2016, el déficit fiscal fue de $308 millones 560 mil pesos. Es decir, en el arranque de la administración del gobernador Corral, se empezó a contratar deuda, como mecanismo para compensar el desequilibrio presupuestal.  

En los siguientes años, el comportamiento del déficit fiscal fue creciendo exageradamente y para 2021, el déficit había tenido un incremento de prácticamente 1000 por ciento, al pasar de un monto de 308 millones a 3,292 millones de pesos.

Para 2018, el déficit fiscal y los requerimientos financieros, disminuyeron un poco, pero no dejó de ser significativo que, para este año, dicho déficit fuera de 2,873 millones de pesos, y para 2020, alcanzara un monto de 3,136 millones de pesos.

Resultado de los arrastres en los saldos de cada ejercicio fiscal, la Secretaría de Hacienda llevó a presupuestar para 2021, un déficit fiscal de 3,246 millones pesos. Hay que señalar que estos déficits fiscales aparecen como aprobados por el Congreso del Estado en la Ley de Ingresos de cada año, saldos o requerimientos que fueron cubiertos mediante la contratación de deuda pública. Este es otro tema que abordaremos en la siguiente entrega.