Opinion

El destino nos alcanzó

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Gabriela Borunda

domingo, 22 noviembre 2020 | 05:00

Cuando estaba en la secundaria y con el libro Dinámica económica de México me enseñaron que la población de Chihuahua rondaba los 800 000 habitantes, veo el último corte poblacional del Inegi y somos 809 202 habitantes, ¡a chirrión!, ¿qué ya les restaron los muertos del Covid? porque yo salí de la secundaria hace más de veinte años ¡alguien no está contando bien! El Instituto Nacional de la Juventud dice otra cosa, que somos cerca de un millón trecientas mil personas, como que a ellos les creo más, pero no me convencen.

Estoy en mi aula y recibo una alumna nueva, le explico las actividades, la formación en competencias, el programa conócete y su importancia para su desarrollo en valores, mi alumna, como casi todos los adolescentes, dice que es demasiada tarea y que ella ya se sabe la materia, le explico que va más allá del conocer ¿Qué tal que yo no hago mi trabajo y por mi omisión ella tomará una mala decisión como embarazarse sin desearlo? Ay maestra ya estoy embarazada, me dice con cara de enfado.

Una mañana, cuando mi padre aún vivía, llegué a desayunar con mi pequeña hija y me preguntó si no estaba embarazada de nuevo, mi respuesta fue un rotundo no, formar seres humanos enteros moral e intelectualmente me parece agotador; vi su rostro decepcionado y me dijo lo más disparatado del mundo “Ay hijita es que en el mundo hay muchos problemas de fertilidad” yo hubiera entendido que quisiera más nietos; ¡No. Somos más de 800 000 millones de personas! Algunas parejas tendrán problemas para concebir, pero la humanidad definitivamente no, nuestro problema de fertilidad como especie es que somos muy fértiles.

La última vez que yo recuerdo una campaña de planificación reproductiva fue en 1997 durante el sexenio de Ernesto Zedillo, valga decir que el PRI se preocupó por la política demográfica. Tener un hijo puede parecer una decisión personalísima, pero esta decisión sumada al resto de decisiones reproductivas termina por convertirse en un destino colectivo. Sé que a la gente no le gusta hablar de estos temas porque me van a decir que yo no los mantengo, pero la libre decisión de un hombre de tener cinco hijos afecta el futuro que vamos a compartir.

Recuerdo mucho esa última campaña de planificación reproductiva porque era una combi amarilla que cargaba con una botarga de condón y repartían condones y trípticos educativos, eligieron la Plaza de Armas para iniciar sus actividades, pero fueron desalojados porque la plaza estaba unida a la Catedral y la educación en torno a la reproducción es ofensiva para la Iglesia.

México es el décimo país más poblado del mundo debajo de países como Rusia, China o la India. La reflexión por la cual un ser humano engendra cinco o siete hijos es insustentable en términos del amor y el humanismo; tienen más de cinco hijos para que los cuiden cuando sean viejos, en estos términos cada uno de esos cinco hijos tendrá otros cinco para que los cuiden, ya son 25, siga multiplicando. Les da miedo morir viejos y solos, y lo primero que puedo pensar es que efectivamente voy a morir sola porque nadie se va a morir conmigo (espero) ¿y si le damos la vuelta a la ecuación? ¿Cuánto amas a tus hijos? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por ellos? ¿Estás dispuesto a morir dignamente y sólo para regalarles un futuro a tus hijos y nietos?

Cuando pensamos en la aparición de una serie de enfermedades como el ébola, la influenza o el Covid-19 se nos pasa de largo que estás enfermedades están estrechamente ligadas a la alta tasa de reproducción humana, y la expansión de nuestro hábitat que invade el hábitat de otras especies y con ello llega la interacción y el contagio, claro nuestro país no está en las condiciones de China, pero somos el décimo país más poblado y eso pone en riesgo a toda la población, nos contagiamos, vivimos unos encima de otros, no es posible restringir la movilidad de la forma que Gobierno del Estado impuso a los chihuahuenses cuando la población es densa y la movilidad urbana compleja, por no decir imposible.

Por otro lado, los gobiernos del PAN con su visión religiosa y sus autoridades educativas que pasan más tiempo en misa que en los asuntos académicos, han despojado a la población de importantes herramientas para la toma de decisiones en su vida sexual y reproductiva, la clase obrera ya no tiene de otra que informarse con un Simi.

Se habla de las medidas verdes para conservar el planeta, pero sólo son paliativas, no son un remedio absoluto, hay kilómetros de desierto contaminado por los primeros paneles solares ya caducos y que nadie puede reciclar; cambiar el papel por la computadora es absurdo, sus baterías contaminan el suelo por siglos; es inviable volver a las botellas retornables porque el agua que exige su limpieza y sanitización, acabaría con los mantos acuíferos. Las energías verdes son apenas una parte de la solución.

Para complicar más el problema mexicano la población más fecunda oscila entre los 15 y los 19 años. La neta del planeta, el que crea que al no hablar a sus hijos de anticonceptivos va a evitar que tengan relaciones sexuales, que diga YO. Antes de los 19 años deberán cuidar niños, aceptar empleos mal pagados por falta de preparación y con altos índices de incidencia en la reproducción ni planeada ni deseada. Eduquemos en salud reproductiva y regalémosle a cada niño mexicano la certidumbre de ser esperado.

Es explicable que un timorato como Vicente Fox, un borracho como Calderón y un ignorante como Peña Nieto, ni siquiera hayan pensado en alguna forma de contener la reproducción indiscriminada, o que el crecimiento poblacional debe corresponderse al desarrollo de las zonas económicas, pero decepciona que ninguno de los niveles de gobierno haya tenido la entereza para reactivar una política demográfica, de Corral ya no espero nada, pero de López Obrador y nuestros legisladores, espero la clarividencia y la voluntad de retomar una política en este sentido.

Cada vez que llega una menor embarazada a mi aula recuerdo aquello de “la familia pequeña vive mejor” y el esfuerzo de mi madre en la época de los setentas por crear una cultura de la reproducción responsable, este esfuerzo le valió a ella y al resto del personal médico una excomunión.

¿Tendrá este nuevo proyecto de nación la fuerza para crear una política demográfica? Y no se confunda, no se trata de limitar el número de hijos, se trata de conocer nuestros cuerpos, los alcances socioemocionales de la paternidad, los ineludibles cálculos económicos, y con toda esa información tomar la mejor decisión.

Si no se impulsa con rapidez una política demográfica terminaremos como en aquella película setentera “Cuando el destino nos alcance”, comiéndonos unos a otros