Opinion

El diagnóstico

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Sergio Alberto Campos Chacón
domingo, 08 septiembre 2019 | 05:00

Andrés Manuel López Obrador, como candidato, y ahora como presidente de la República, ostenta como divisa histórica y política transformar la vida pública del país, de ahí el concepto Cuarta Transformación. Se refiere a la vida pública, no a cambiar la base o sistema económico.

Transformar es diferente a revolucionar, que supone un cambio constitucional radical para sustituir un régimen jurídico-político por otro. No, se trata sólo de variar la forma, el porte o costumbres, sea a una persona o comunidad.

Tampoco es el caso de trastornar, de alterar un gobierno, un sistema o un país. El Diccionario de la Lengua Española enseña que trastornar es invertir el orden regular de una cosa; perturbar, causar disturbios o sediciones; volver una cosa de abajo arriba o de un lado a otro haciéndole dar vuelta.

Los expertos en economía y política tienen por criterio rector, para definir un régimen, que quienes tienen en sus manos los hilos de la economía son quienes emite los caminos políticos y jurídicos.

Por eso afirman que los dueños del dinero, la tierra, la industria, el comercio, de las reglas del mercado, forman las clases dominantes, y éstas seleccionan las clases políticas y sus representantes.

En este contexto, los estudiosos que revisan el gobierno de López Obrador sostienen que su forma y/o estilo de gobernar es una reproducción de las formas tradicionales de ejercicio del poder, incluso agudizadas, sazonadas con la narrativa anticorrupción y contra la impunidad.

El presidente declaró finiquitado el neoliberalismo, sin especificar qué lo sustituyó, finiquito que la masa celebró con alborozo, sin preguntarse qué iba a cambiar, cómo se resolverían los problemas nacionales de salud, desigualdad, educación y superar la pobreza de 53 millones de mexicanos.

Para ejemplificar, dos personajes representan el neoliberalismo mexicano tan criticado por el presidente, y que ahora forman su Consejo de Asesores de la Presidencia de la República: Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, entre otros.

Muchos dimos por hecho que disponía de un diagnóstico nacional y regional de sus problemáticas, para de ahí empezar la transformación anunciada por el entonces candidato.

La confluencia en Morena de rostros e ideologías disímiles, imbrican contradicciones tales que, al momento de las definiciones sustanciales asoman las tesis encontradas, los diferendos, como ya se vio en la elección de los presidentes de las Mesas Directivas de la Cámara de Senadores, y de Diputados.

Las haciendas del neoliberalismo mexicano siguen intactas. En eso no hay transformación, su poder como mandantes de las ramas económicas sustanciales no admite lesión alguna.

Es clara su presencia política, obvia. Se están acomodando a la manera de la administración federal; saben que los equívocos económicos del presidente podrán afectar, en lo inmediato, sus cotos financieros, sin embargo, tienen la experiencia y capacidad para moldear su modus económico a los procesos gubernamentales. Disponen de buenos jugadores para cubrir la portería.

La reserva monetaria nacional, consolidada por el no gasto en obra pública e infraestructura que motive inversiones hacia el crecimiento y desarrollo, es probable se agote a mediano plazo, con funestas consecuencias sociales.

Esto es, si la economía no crece, el Estado no percibe ingresos qué repartir en sus programas de bienestar. Esta disyuntiva alerta al sector privado por el potencial malestar social por incumplimiento del gobierno federal.

Ese malestar no encontrará vía de expresión en los partidos políticos que ahora quedaron en la oposición, minoritarios. La adecuación de grupos políticos y económicos a la Cuarta Transformación garantiza su influencia presencial y de opinión.

No es asunto moral, ni de ética pública, es de pragmatismo amoldado a las circunstancias y modos transformadores.

Si el presidente decide desaparecer el ejército, y no afecta a las clases dominantes, que lo desaparezca; si el presidente incorpora representantes de las iglesias evangélicas en su gobierno negando el Estado Laico, y no afecta a las clases dominantes, que los incorpore; si el presidente recorta recursos a las Estancias Infantiles y no afecta a las clases dominantes, que los recorte; si los civiles ofenden y ultrajan a soldados y marinos, y no afecta a las clases dominantes, que los ofendan.

El cúmulo de indefiniciones y decisiones arbitrarias e inconstitucionales emitidas por el presidente, en los temas que expone en su conferencia de la mañana, ya los expertos y mejor informados se las hacen ver, pero, sin pausa meditada, son catalogados como adversarios, neoliberales, enemigos.

Las descalificaciones a quienes no coinciden con él, distancia grupos o sectores sociales plurales y libres de pensar, creer y expresarse. La intolerancia se refleja en tensión y rechazo al diferente, a la otredad, obligan al silencio sobre lo que hace la Cuarta Transformación; otros se apartan, no tiene sentido opinar por cómo avasallan los hombres del poder actual.

De fondo, a pesar del dicho de “primero los pobres”, las que cuentan son las clases dominantes y grupos afines al presidente, no la base popular dolorida, que se mide y controla en función de satisfacer sus necesidades apremiantes. 

El promedio de escolaridad en México es de 9.1 grados, es decir, de secundaria terminada, indicador que nos enseña que las fuentes de información de datos veraces y su análisis es reducido, agravado por los diferenciales culturales de las multi regiones en el país, donde el prejuicio y la facilidad para estigmatizar y encasillar a los diferentes de pensar y creer, los enclaustran en soluciones mágicas.

La sociología de la ciudad de México condiciona modalidades de sobrevivencia particular y familiar. Cientos de miles se acomodan a como dicen las reglas del momento. Líderes de grupos políticos, sin pudor, pasan de un partido a otro, de una secretaría de Estado a otra, de una organización a otra, igual que antes de la 4T.

Relajan la solidaridad, el individualismo extremo granjea el denuesto a la dignidad; la impunidad auxilia a la violencia, la inseguridad y la delincuencia organizada; se retroalimentan los factores negativos.

El maestro Roger Bartra (Proceso 2235), distinguido antropólogo e historiador emérito, califica los lineamientos económicos y políticos del presidente López Obrador como retropopulistas y extravagantes, neoliberales y muy lejanos a los principios de la izquierda. Es, dice, la restauración de una política populista y de subsidios y subvenciones, como hacía el viejo PRI.

Bartra afirma: “… El conjunto de decisiones que ha adoptado, además de mostrar una inclinación reaccionaria, es un batiburrillo incoherente y errático. Ha provocado alarma por sus posibles consecuencias desastrosas y, de momento, ha auspiciado una parálisis económica…”.

Si Bartra está en lo cierto, ayuda a entender la génesis de identidades actualizadas de grupos, intereses y compromisos.


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