Opinion

El error, la necedad y la audacia

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Yuriria Sierra

viernes, 26 marzo 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Se equivocó y corrigió. Habían pasado apenas unas horas del anuncio de un nuevo confinamiento que pondría a sus gobernados a prueba. Con la Semana Santa a punto de iniciar, la orden sería no salir de casa. Las tiendas de alimentos abrirían sólo uno de cinco días. Pero lo consideraron necesario debido a que el índice de contagios avanza más rápido que el de vacunación. Era necesario, pensaron.

“Un error debe llamarse error y, sobre todo, debe corregirse y, si es posible, a tiempo. Sé que esta propuesta ha causado una incertidumbre adicional, lo lamento profundamente y, por ello, pido el perdón de todos los ciudadanos…”, expresó sin titubeos, sin dar vueltas. Angela Merkel demostró, otra vez, por qué es una de las mujeres más influyentes del mundo. Un momento que habría de costarle el bochorno político, en realidad lo convirtió en un activo. Porque el mensaje no sólo es el que se expresa literalmente, también está ese otro, el de la posibilidad de cambiar la página si se proyectan resultados desafortunados. Si hablamos de la pandemia, no se trata sólo de un episodio más de la vida pública, sino además de vidas que se salvan y sectores que se protegen ante golpes inevitables, sí, pero que pueden llegar con menos potencia. 

A más de nueve mil 500 kilómetros de ahí, de este lado del mundo, otro líder nacional hacía su propia corrección. Después de más de un año de minimizar la emergencia sanitaria, incluso padecerla, y aun así aferrarse a que el confinamiento, más que una medida de prevención, es una vía para aumentar la pobreza, Jair Bolsonaro anunció esto: “Hemos resuelto crear una coordinación junto a los gobernadores, bajo el mando del presidente del Senado, y un comité que se reunirá semanalmente con las autoridades para decidir el rumbo del combate al coronavirus…”, y al tiempo en que expresaba estas palabras, miles de brasileños hicieron sonar el cacerolazo masivo. Tan sólo en la región de Sao Paulo se habían reportado más de mil muertes por Covid-19 en las últimas 24 horas; en todo el país, el saldo diario rebasó los 3 mil fallecimientos. Aun así, al presidente del país sudamericano le da lo mismo “redireccionar” su estrategia, pero acompañarla de mensajes que abrazan la irresponsabilidad: “El virus llegó, lo estamos enfrentando y pronto desaparecerá. Nuestra vida debe continuar, hay que mantener los trabajos y los medios de subsistencia de las familias. Debemos volver a la normalidad…”, sentenció.

Y un día antes de todo esto, a casi siete mil kilómetros al norte de la capital de Brasil, un subsecretario audaz, presentó un decálogo para que los ciudadanos se cuiden esta Semana Santa. Sólo diez puntos, por lo que, pensamos, otros igual de creativos se quedaron fuera: “si sale, revise las llaves del gas…”, “deje alimento a sus mascotas…”, y las más importantes: “las únicas fotos de sus vacaciones tómelas usted…”, “que no lo sorprendan ni en la playa ni en el parque…”. Territorialmente más cerca de Brasilia que de Berlín. Metafóricamente, también.