Opinion

El fin de la era del petróleo

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Daniel García Monroy

domingo, 14 febrero 2021 | 05:00

Privilegiados los sobrevivientes a la pandemia del Covid19. Será la última generación que verá circular en las calles vehículos automotores movidos por hidrocarburos en el planeta. En 10 años hacia adelante en el mundo no habrá fabricación de motos-autos-camiones, que requieran gasolina, ni diesel, ni gas para quemar y contaminar el medio ambiente mundial. La principal carta contra el calentamiento global está echada y el proceso ya es irreversible por su definitiva y fabulosa inversión empresarial en euros. 

Todo era que las armadoras automotrices con sus Ceos y financieros lo decidieran. Dos de las más poderosas empresas fabricantes de autos del mundo, la Volkswagen  y Tesla, han puesto en marcha el ejemplo mundial a seguir, reconvirtiendo sus principales plantas para únicamente fabricar vehículos eléctricos. Era lógico que el cambio proviniera de Europa, el continente que menos petróleo tiene en su subsuelo y más plantas nucleares de energía eléctrica en operación.

Ha iniciado el principio del fin de los mal-olientes y ruidosos escapes a ras de asfalto. La desaparición por fin de las sucias chimeneas móviles en trailers y camiones de carga y pasajeros. --Adiós motor de combustión interna, adiós. Y muchas gracias por habernos movido durante más de un siglo--. 

No obstante, es evidente que los sistemas de transporte marítimo, aéreo y ferrocarrilero, de enormes barcos, aviones y trenes, tardarán un tanto más en abandonar su tecnología de fuentes de energía negra, aceitosa y sucia. Sumada a la terrible industria de los eternos plásticos basura de único uso.  Algo de tiempo quedará después del 2030, para el finiquito final de las poderosas empresas de hidrocarburos del mundo, incluida Pemex, claro está. 

La otra vital pinza ecológica que se habrá de cerrar en los próximos lustros, será sin duda la producción de energía eléctrica con base en el uso de gas, diesel o carbón. Las termoeléctricas dejarán de ser las principales fuentes de luz y calor en el mundo, para darle paso a los campos sembrados de paneles solares y gigantescas hélices productoras de energía proveniente del sol y el viento --esos antiguos dioses desacreditados por la religión, que no cobran ni un peso de limosna por su celestial trabajo diario sobre la tierra--. 

Pero más y mejor: se vislumbra ahora el regreso de las hidroeléctricas, como las impulsoras que utilizan el poderío del agua de las gigantescas presas para mover las enormes turbinas generadoras de una incuestionable energía limpia. Y México en este sistema es privilegiado. Ese y no otro es el gran factor que estimula a la iniciativa de reforma eléctrica preferente enviada al Congreso de la Unión, por el presidente superviviente de Covid; don Andrés Manuel, el aferrado tabasqueño, que no da vueltas en U.

La comentocracia nacional dirigida por una decena de otrora respetados opinadores no acaba de humillarse y perder credibilidad reaccionando contra todo lo que hace el actual régimen. En nado sincronizado la “inteligencia” mexicana lleva dos años demostrando una neurosis enfermiza contra la 4T; dirigiendo su pluma y su voz contra toda acción de gobierno decretada por el lopezobradorismo. Sus económicas razones tendrán. Pero entrados al debate de ideas se muestran envenenados por sus vísceras, no conducidos por su genial cerebro. 

Las razones esgrimidas por el gobierno federal para defender a la empresa pública que es la CFE, son suficientemente comprensibles y sustentables. 

Primero recordemos: ¿Qué razones tuvo el presidente Adolfo López Mateos para nacionalizar la industria eléctrica hace seis décadas? Pues una bastante lógica y sencilla. Los bienamados abuelos empresarios trans y nacionales, competidores y competitivos de hace 60 años, no querían llevar la luz a los pueblos alejados de las grandes ciudades en nuestro país. ¿Por qué, si tan humanos y solidarios hombres emprendedores eran? Pues por la sencilla e ingente razón de toda empresa privada: ¡¡¡porque no era negocio!!! Ese pequeño factor que mueve a los hombres del poder económico a hacer o no hacer, a emprender o no emprender acciones e inversiones en este mundo. 

--Como que voy invertir millones de pesos para llevar energía eléctrica a ese pinche pueblo de Creel-Guachochi-Batopilas, en el culo del diablo (que era por aquellos años la sierra Tarahumara). Por qué o para qué. Que no podrán seguir viviendo sus míseras vidas con velas o quinqués

 --Bueno, bueno, muy bien señores. sólo quieren ganar-ganar, verdad. El bienestar y progreso de todos los mexicanos  no les interesan mucho que digamos. Está bien (dijo el último buen gobernante priísta federal), entonces déjenos hacer lo que ustedes no quieren hacer. Y les decomisó su negocio de energía eléctrica. Pagando muy buenas indemnizaciones, por cierto.

¿Con base en qué podría alguien hoy pensar que la “ética” empresarial en materia de electricidad o demás, ha cambiado y ahora las millonarias multinacionales dueñas-terratenientes de nuestro país, desean limpiar nuestros cielos y vendernos la luz más barata del mundo? ¿Cómo, es en serio? Que alguien me explique. 

La contrareforma amlomista intenta contrarrestar un poco los contratos leoninos obtenidos por las empresas privadas, que el PRIAN impuso con su mecánica nacional corrupta y corruptora. La malhadada reforma energética solo sirvió para establecer contratos de negocios, empoderados por encima de las leyes de nuestra vilipendiada Constitución.

La tenebrosa fórmula establecida no debe ser de difícil comprensión. Las empresas alegaron que para invertir millones de dólares en producción de plantas de energía eólica y solar en nuestro territorio, el gobierno federal ¡la CFE! debería comprarles preferentemente todos sus megawatts generados. Desplazando a tercer-cuarto-quinto término la generación de energía de la odiada paraestatal competidora. Qué significó eso: pues que las extraordinarias y eficientes hidroeléctricas mexicanas fueran subutilizadas hasta el 50 por ciento menos de su capacidad generadora. Y luego que desgracia más. Que las enormes presas Chiapas y Tabasco, creadoras de energía limpísima  no se pudieran desfogar y en épocas de lluvias colapsaran para inundar pueblos y ciudades con miles de desgracias y muertos. ¿Es necesario explicar esta tragedia mexicana con manzanas y palitos?  

Aún debe quedar un poco de conciencia nacional y uso de razón en los ciudadanos de este amado país, pues si no todo está oscuramente perdido.