Opinion

El fraude de Aras

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Sixto Duarte

miércoles, 08 diciembre 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Un “ponzi scheme” es un método de defraudación piramidal que se ha venido dando en sistemas económicos similares al nuestro. En términos generales, una persona o sociedad promete enormes réditos a los futuros inversionistas en su proyecto, con bajo nivel de riesgo y con alto grado de retorno en un corto período de tiempo. Las futuras “ganancias” son a su vez pagadas por la gente que se va incorporando a ese proyecto, quienes a su vez son carnada para atraer a otros inversionistas.

En un principio, el dinero fluirá por los incautos que van cayendo uno a uno; los nuevos inversionistas irán pagando sus réditos a los más antiguos, hasta que la base de la pirámide colapsa por no haber más gente que entre a participar. Los recursos fluyeron de abajo a arriba (generando ganancias exorbitantes a los dueños) hasta que no haya más gente a la cual pedirle recursos para invertir, y el castillo de naipes se derrumba. En realidad, nada respalda las ganancias prometidas, sino únicamente el dinero de quienes se iban incorporando al proyecto.

Este esquema piramidal ha sido replicado por distintos delincuentes de cuello blanco. Quizá el más famoso de ellos es el orquestado por Bernie Madoff, hace más de diez años. Incluso, el canal de televisión CNBC produjo una serie muy interesante llamada “American Greed” en donde expuso distintos fraudes cometidos por diversos personajes.

En alguno de estos capítulos, y en relación con el fraude orquestado por Madoff, un agente de la SEC norteamericana (el equivalente a nuestra CNBV) sostuvo que, lo que le llamó la atención del negocio que proponía Madoff, es que las ganancias prometidas eran absurdamente altas, algo así como tener un bateador de Grandes Ligas “bateando entre 0.850 y 0.950, cuando el promedio de un buen bateador es arriba de 0.300”.

Esto es exactamente lo que pasó con Aras en Chihuahua. Recuerdo la primera vez que escuché de Aras, hace poco más de dos años, me llamó la atención escuchar los rendimientos que ofrecían, cercanos al 10 por ciento mensual. Es decir, pocas empresas en el mercado de valores pueden “garantizar” un rédito de este tamaño. Si bien hay empresas que cotizan en bolsa que han crecido exponencialmente, incluso a ritmos más altos, estamos hablando de sociedades que tienen capitalizaciones de miles de millones de dólares y que por razones fuera de su control, aumentaron sus ventas (por ejemplo, Moderna, la creadora de la vacuna del mismo nombre, precisamente por la pandemia).

Aras, en cambio, prometía réditos del 10 por ciento mensual por un portafolio diverso de inversiones inmobiliarias, mineras, entre otras. Es decir, sectores que no tienen manera de crecer al 10 por ciento mensual.

Al final, el tiempo terminó por darle la razón a los escépticos de Aras, y la sociedad defraudadora colapsó. Ahora, cientos de personas demandan una solución a su problema, pues Aras se llevó los ahorros de toda la vida de muchas personas. Quizá un poco tarde, pero la CNBV detuvo las operaciones de Aras, y la Fiscalía de Chihuahua ya ha asegurado algunos bienes de la sociedad.

El tema de Aras nos deja profundas lecciones. La primera de ellas, es que hace falta difundir la cultura financiera en la población. Para los que entendemos un poco el tema (sin cometer la osadía de decir que somos expertos), sabíamos desde un principio que ese esquema era un fraude. Es imposible generar ganancias como las prometidas por Aras.

Por otro lado, es importante que las autoridades (específicamente las federales) estén atentas a esta clase de modelos de negocios que evidentemente estaban cimentados en la idea de defraudar personas. No se requiere dotar de más facultades a las autoridades, sino efectuar una mayor supervisión por parte de las autoridades regulatorias para evitar que fraudes como éste se sigan cometiendo.