Opinion

El infierno de tlahuelilpan ¿preludio de un juicio mayor?

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Jaime Rodríguez Chacón

sábado, 26 enero 2019 | 01:12

Imposible evadir la reflexión de la tragedia ocurrida recientemente en Tlahuelilpan Hidalgo; en anterior entrega, el que esto escribe, abordó someramente,  –sin ser especialista- el asunto de la aplicación de la ley y el estado de derecho en nuestro país. La aplicación de la ley debe ser sin distinciones, aunque con ello, corramos el riesgo que nos haga a todos iguales, que no haya ciudadanos de primera y de segunda, obviamente, los de primera, transgreden la ley, y por x,y, ó z circunstancias no se les aplica como a los demás, por el contrario son victimizados por los derechohumanistas

Esta conflagración, que trágicamente ocurrió en nuestro país, con lamentables pérdidas humanas de casi un centenar de muertos  y 44 heridos por quemaduras, algunos en estado crítico, debería ser aleccionadora por la horrible manera de morir, la terrible agonía que muchos otros padecen y, el dolor de los familiares, que acongojados al ver a sus seres queridos  en una situación tan lamentable que se pudo haber evitado.

Todo eso, nos lleva por razones lógicas a meditar sobre el orden, es decir: La observancia de la ley, sin olvidar, que mucho de la ley terrena que rige nuestra convivencia social, había sido tomada precisamente de la ley dada a Moisés muchos siglos antes de nuestra era  y, por lo tanto, nuestra ley humana resulta en parte una copia de la ley divina, y no estamos argumentando sólo sobre lo metafísico, sino que en esa ley Mosaica escrita en piedras, ya decía muchos siglos atrás: No robarás. Esto nos lleva a reflexionar que hay una ley superior a la terrenal, y si esta última falla, la otra la otra seguro no fallará ¿No será este evento sin exageraciones un juicio divino?

Nuestra legislación, por lo tanto impone una pena para todo aquel que roba, si lo quiere usted comprobar, haga la prueba, tratando de sustraer algo de una tienda de autoservicio, a ver qué le sucede. Además, para el que roba se presume un riesgo, ya sea, que haga un boquete por el techo o por la pared o intente manipular alguna herramienta o arma con la cual pudiera resultar herido; yo no me he dado cuenta que la legislación contemple una compensación económica para aquel que al allanar una propiedad privada resulte herido al momento de delinquir o robar; tampoco sé, de aseguradoras que ofrezcan la modalidad de protección a delincuentes, por el contrario el dicho reza: En el pecado lleva la penitencia.

Estoy de acuerdo, que  por razones humanitarias que se apoye a los heridos, así como a familiares de los fallecidos, pero, de eso, a victimizarlos y no aplicar la ley, o aún indemnizarlos tengo mis dudas, a menos, que se apruebe en la legislación, que toda aquella persona que ingrese a una propiedad privada a delinquir, robar, o sabotear, si se accidenta allí, tenga derecho a una indemnización,  el gasto de dicho seguro de cobertura amplia-si lo hubiera- debería ser cubierto por el propietario, en este caso la víctima, para lo cual habría que modificar la ley, para la protección de los derechos humanos de los delincuentes.

Esa idea que nos quiere vender el presidente Andrés Manuel López Obrador, que los que roban lo hacen porque viven en pobreza extrema, es una falacia, fácilmente rebatible. ¿Cuál pobreza extrema si se miraron en las imágenes las camionetas en que trasladaban el combustible robado? En ese caso, también deberíamos  cambiar la ley para que todo aquel que asalte un banco por necesidad no pueda ser procesado por dicho delito.

Abundan ejemplos de honestidad, de personas que sobreviven en condiciones de pobreza terribles, como nuestros rarámuris a quienes  muchos podrían etiquetar de flojos, fiesteros, raros, por sus costumbres autóctonas del córima, pero menos de delincuentes o mañosos, esta etnia, no ha podido ser domada por  “los chabochi”.

Entre el ruido de la jungla del asfalto, se pueden ver solitarios ancianos rarámuris con sus rostros desnutridos, ofertando casa por casa las clásicas yerbas medicinales como: laurel, yerba de la víbora, gordo lobo, (…) ya que eso es lo que saben hacer;” el chabochi” los ha relegado estigmatizándolos de irresponsables y flojos, cuando son ellos los dueños originarios de la sierra, de la cual han emigrado por el histórico acoso de terratenientes, tala clandestina, y  hoy, por las bandas del crimen organizado. ¿Dónde están para estos honestos indígenas sus derechos humanos? Tal vez si estuvieran robando gasolina y se accidentaran en el proceso, pesarían más sus derechos que lo que valen hoy.