Opinion

El lugar en la historia

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Yuriria Sierra

viernes, 16 abril 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Una cosa es querer un lugar en la historia, otra aferrarse a pasar a la historia y una muy distinta es reescribir la historia para construirla a modo. “Tenemos que regresar a la historia, la maestra de la vida, y al civismo y ética. Se van a modificar los contenidos, ¿cómo vamos a impartir clases con libros de periodo neoliberal?...”, expresaron hace unos días, no es necesario decir quién. Se reconocen las palabras, que para eso también sirve la historia.

Otra polémica, como si necesitáramos más frentes en qué ocuparnos, como si la contención de la pandemia, sus efectos económicos y la ruta para recuperar nuestro ritmo de vida no deberían ser temas prioritarios. 

No, por allá, cerca del Zócalo, están trabajando para asegurarse un lugar que sólo pueden legitimar los hechos. Con la facilidad con la que se advierte un poder de veto en caso de perder la mayoría legislativa o la audacia con la que se cuestionan las facultades de una pieza institucional clave como el INE, así también se ordena la reconfiguración de los libros de texto para la educación básica. El primer acercamiento de un ciudadano con la educación formal.

“Es fundamental que el que diseña entienda que no está ante un material neutro, sino que se relaciona tanto con las costumbres, la moral individual y toma de decisiones como en la reflexión ética que se está desarrollando a través del Estado, para plantear los valores que guíen el comportamiento de la ciudadanía…”, expresó hace unas semanas Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, durante la sesión de capacitación de voluntarios que colaboran en la elaboración de libros para el próximo ciclo escolar, reveló El Universal.

El asunto no sólo es este tipo de declaraciones, casi consignas, con las que buscan justificar que los libros de historia modifiquen su contenido aludiendo a una “transformación” a través de contradicciones puras: “La meta es reflexionar cómo podemos cambiar el armado de libros de texto monológicos donde se dé una sola visión del mundo, una sola verdad, frente a un texto que permita la interacción de las voces…”, afirmó Arriaga en aquella reunión. El tema es que la administración actual espera que esto, que generalmente toma meses de debate y discusión, se resuelva antes del 31 de mayo, para que los textos estén listos lo más pronto posible. ¿Qué tan bien se revisa la historia a contrarreloj?

Y si nos ponemos más rigurosos, y es lo que preocupa a especialistas en educación: ¿cuáles son los ejes de la revisión?, por ejemplo. Si vamos allá: ¿cuál es la necesidad de esto? Suficientes espacios de difusión y propaganda existen ya, como para que las escuelas se conviertan en vehículos ideológicos. La historia se escribe sola, lo demás es ficción...