Opinion

El mantel y la sábana: La lengua sabe

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Alfredo Espinosa

domingo, 06 junio 2021 | 05:00

La lengua, habla y saborea, chupa, lame, y besa. La lengua es pícara y traviesa, romántica y cachonda, lépera y murmurante. La lengua sabe y hace saber, prueba, indaga, comunica, serptentea, explora guaridas recónditas. Gusta y degusta. ¿A qué sabe tu saber? ¿A qué sabe tu sabor?

La relación entre cocina y alcoba ha sido íntima a través del tiempo: las similitudes entre el mantel y la sábana, entre el deseo erótico y el antojo culinario, entre las tentaciones de las distintas carnes, siempre han estado presentes en la historia.  Los amantes pueden convertirse el uno para el otro en un antojo, un chocolatito, un bocadillo o un manjar exquisito. 

Aunque algunas comidas son consideradas afrodisiacas, sospecho que lo verdaderamente electrizante es aquello que entre dos personas, sobre la mesa o en el lecho, se trenza y se sazona. 

En la alcoba, entre las sábanas, hombre y mujer se unen, se aderezan, se maceran, se fusionan, se revuelven, se condimentan, y hacen cosas sabrosas, ricas, ricas.

La mujer es un cuerno de la abundancia, frutal y marítima. Un árbol de frutos de mar, y un mar de frutos selváticos y domésticos. Ostiones en salmuera, panales, caracolas que destilan jugos delirantes, melones, naranjas, papayas, guayabas saludables, higos prietos de pulpas sonrosadas, cerezas…

Un hombre aporta a la felicidad su paquete. ¿Qué hay en el paquete? Huevos y chile, aguacates y longaniza, o camote, o chorizo, o pepinos o zanahorias, plátano en su cremita, chocolates… Hay lo suficiente para que te prepares un antojito o para que disfrutes de una buena comilona. En el sexo, como en la taquería, hay de ojo, de ubre, de rabo, de manita de puerco, de lengua, de maciza, o campechaneados…

Uno de los ruidos del deseo, el sorbidito, es el que emite alguien cuando la tentación lo provoca: mirar a una persona a la que se saborea con los ojos y los fuegos de la imaginación, o como chirria un buen corte echado en la parrilla ya en su punto, o cuando te enchilas pero lo disfrutas y haces ese ruidito que es ardor, queja y saboreo: Y es cuando la comadre te dice, “de acuerdo a la sorbidita es chile que te estás comiendo”. 

La picardía, pica y arde como el chile. Hay en los sabores un reconocimiento, un acto amoroso, una comunión, un sonido gutural suave y ronco, un mmmhhh que nos remite a otros placeres.

Mmmmmhhh, se me hace que esta noche cena Pancho; nomás de ver tu papaya, me está creciendo mi verdolaga. Nomás te veo y palpito y de pronto soy poeta que en el aire las compongo:

Qué bonito cuerpecito

como para hacer una huerta

Pongo un tomate en tu nalga

y mi chilito en la puerta

Y ya saben: el mexicano es como las gallinas, nomás oscurece y ¡al palo!

Y para lo que están hambrientos les sugiero el menú de la casa: Aguayón torneado en papas, también va ver gallina en tacos, ensalarga con pitomate, huevolla, remamadas de pepino y sumo de limón. Además chorizo de ese que traen los indios de fuera, también frijolitos de Apizaco con chile mascabel, y de postre un raspado de anis o camote enmielado. Chicos, siéntense a disfrutar y pasen un buen rato. Provecho.

 A la mesa y a la cama, solo una vez se llama

La sexualidad es instinto; el erotismo es arte, o por lo menos cultura. La primera es hambre, la segunda deleite. El sexo estalla y se desahoga, el erotismo vuela porque imagina. 

Pese a que el hambre del sexo como la del estómago, pertenecen al reino de los impulsos más rapaces y apremiantes, la comida y el erotismo pueden saborearse largamente. 

Las personas y los animales se ayuntan y comen, pero la diferencia, dice Octavio Paz, reside en el cómo realizan esas actividades. Entre alimentarse y comer existe una gran diferencia, tanto como entre ayuntarse para fines de la procreación, y el erotismo. El primero es necesidad; el segundo imaginación, emoción vibrante, creatividad. Comer puede ser tan placentero como el sexo, quizá esto tenga que ver con el hecho de que algunos alimentos, como el chocolate, contienen sustancias naturales iguales a las que estimula en el cuerpo la acción de enamorarse. 

El amor contribuye a la salud, es un relajante, un ansiolítico y un antidepresivo, el sudor de su ejercicio limpia y refresca la piel tan eficientemente como un tratamiento de belleza, esfolia y mejora la circulación, es el mejor somnífero.

Así es que demaquíllate, desmaquínate, desmilitarízate. Recuerda los sabios dichos que más te vale atender: “A la mesa y a la cama, sólo una vez se llama” y “En esta casa se cena y se coge a las ocho, estés o no estés”. 

El erotismo es una infracción a las reglas y a los principios; dinamita los múltiples códigos que pretenden regularlo y domesticarlo. Es la vida en libertad, es la vuelta al animal para elevarse al cielo. Darse permiso de aventurarse en aquello que los horrorizaba, o les parecía obsceno o transgresor.  Debajo del horror, del asco o del dolor, se agazapan placeres de suprema voluptuosidad, afirmaba George Bataille. Aceptar que el cuerpo es lo único que tenemos para gozar y saber que el cuerpo tiene una, única, zona erógena: todo el cuerpo, y que en tratándose de disfrutes corporales, la exploración de cada micra cuenta. 

Desordénate con tu sacrosanta amada; acuérdate que, si algún día ella decide echarse al plato a un amante, éste se comportará con ella como un depravado, y ella se olvidará de sus dietas y se comerá todo lo que le ofrezcan con un apetito desaforado. 

La amada es un bizcochito personal; no permitas que sea ajonjolí de todos los chiles.

Deja que el chocolate manche tus labios, chúpalo y mírale; ofrécele con tu propio dedo el exquisito manjar o pruébalo tú misma de su boca. Es imposible resistirse.

Cocinar y copular son ejercicios cuya práctica constante hace que cada vez nos salgan mejor. Los chefs y los amantes exponen su obra maestra sobre el mantel y la sábana. Son al mismo tiempo el comensal y el platillo, degustarán y serán degustados. Los paladares honrarán los manjares que tienen al alcance de la mano. Ahí están servidos los platillos para los distintos tiempos del amor y de la cena. Es la atmósfera de los placeres y todo es signo de encuentro y fusión, porque sobre la sábana y el mantel se muestran, culminan y desahogan todos los sentimientos por el amado (a) y se disfrutan como una ofrenda o un tributo a su corazón enamorado.

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