Opinion

El modelo que no se transforma

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Sergio Alberto Campos Chacón.

domingo, 15 diciembre 2019 | 05:00

Dos asuntos a comentar hoy domingo.

El primero, que el miércoles 11 último el Congreso del Estado de Hidalgo, incluida la fracción parlamentaria de Morena, no aprobó las reformas legales que permitirían la interrupción del embarazo por cualquier causa, por decisión de la mujer.

El jueves 12, en la conferencia mañanera un periodista preguntó al presidente López Obrador su pronunciamiento al respecto del aborto y textual contestó:

“Pues lo mismo, que en ese tema, como genera mucha polémica, no quiero meterme, y ofrezco disculpas, porque ya tengo bastantes asuntos qué atender, je, je”.

Una periodista trató de repreguntar sobre la misma cuestión y su contestación de que "tiene otros asuntos qué atender", el presidente la interrumpió y le dijo:

“No, no, yo no dije eso, ¿eh?, porque después me ponen ahí, no, no, dije que respetuosamente, eh, pedía yo que, eh, me eximieran de dar una opinión; sólo eso, que en ese tema como genera mucha polémica, no quiero meterme, y ofrezco disculpas, porque ya tengo bastantes asuntos qué atender, je, je”.

La respuesta esperada sería que constitucionalmente el Congreso del Estado de Hidalgo es autónomo, y el presidente de la República carece de atribuciones para intervenir en esas decisiones, más no la opinión que arriba transcribí.

Esa opinión presidencial califica en los parámetros del conservadurismo, no acorde a un régimen de izquierda que el presidente López Obrador dice ostentar. Es una respuesta patética y, por desvío, viola el derecho humano y fundamental de la mujer a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos, como lo otorga el artículo 4, segundo párrafo constitucional.

Este asunto lo he comentado infinidad de ocasiones, sólo añado ahora que al presidente López Obrador no le interesa que mujeres, especialmente pobres o indígenas sigan muriendo por abortos clandestinos e insalubres, que dejan huérfanos, o si sobreviven, son procesadas penalmente por cometer el delito de aborto. Al menos 250 mujeres en la república se encuentran sujetas a juicio penal.

El presidente se alinea con la corriente religiosa más conservadora y sectores, junto a legisladores que, igual, por no autorizar la interrupción del embarazo condenan a muerte potencial a esas mujeres. Votamos por, si no revolucionar México, sí transformarlo hacia el respeto más progresivo de los derechos humanos.

Oaxaca ya legisló autorizando la interrupción del embarazo, en los mismos términos que lo hizo el Congreso de la ahora ciudad de México.

Bien señaló Thomas Hobbes (1588-1676) en su libro Leviatán (1651), basado en el racionalismo laico, científico: “El hombre es el lobo del hombre”.

En el fondo opera el criterio de la permanencia de la desigualdad y la discriminación; es funesto que el presidente justifique no opinar del tema porque “ya tengo bastantes asuntos qué atender, je, je”.

La pluralidad, la diversidad y la inclusión trazan la identidad nacional, por compleja que sea, dado que la identidad única no existe, motivo por el cual no escuchar la multitud de voces individuales o colectivas, desvanece el conjunto, prevalecen los grupos dominantes y arraiga la exclusión de las minorías.  

El otro asunto, se relaciona con la soberanía nacional, la cual no es absoluta por motivos de reciprocidad internacional. 

En la Constitución Federal es un elemento sustancial del estado mexicano, no sujeta a poder extranjero; vemos dos facetas: interna y externa. Ambas serán respetadas por las naciones cuando saben que la cohesión interna se sustenta en estructuras sociales, culturales afines y continuadas en su origen, historia, experiencias y proyecto de nación.

Los tres momentos más relevantes de la historia de México son la Independencia, La Reforma y la Revolución de 1910; cada uno es la síntesis de las contradicciones que las produjeron, engrosando el árbol al que pertenecemos y las raíces que le sostienen.

El proceso nacional-revolucionario asentado en la Constitución se disolvió, los derechos sociales multi-fracturados quedaron en los textos viejos de la Ley Federal del Trabajo y las leyes agrarias, la dinámica productiva y financiera internacional emitió los criterios nuevos en las relaciones de trabajo, la propiedad de la tierra y el traslado del núcleo campesino al urbano comercial y de servicios.

De alguna manera, la distribución mundial de bienes tiene la ventaja de optar por bienes de mejor calidad, por ejemplo, el empleo de herramientas tecnológicas o electrónicas que México por sí sólo no elaboraría, de ahí el desafío del gobierno federal de crear oportunidades mayoritarias de acceso a tales beneficios.

El principio de naciones soberanas se redujo, los gobiernos aceptan limitar su potestad y, se presume a favor de la masa, negocian y convienen intercambios comerciales, como empezó con el Tratado del Libre Comercio suscrito por el expresidente Carlos Salinas de Gortari, con Canadá y los Estados Unidos de América, que abrió rutas para el ingreso de inversión, básicamente manufacturera, y opciones de exportación de nuestros productos, casi todos primarios. 

El poder de los Estados Unidos de América envía las reglas de colaboración obligada e impone criterios políticos a la administración pública federal, aunque ésta declare se trata de acuerdos equitativos.

En el nuevo tratado, aprobado el jueves 12 por el Senado de la República, hoy denominado T-MEC, los dueños externos del capital de inversión tendrán inspectores institucionales para verificar que los trabajadores mexicanos, desde luego de sus empresas, no de todo el país, perciban salarios más elevados para asegurar la calidad productiva.

Vigilarán la capacitación con igual propósito, porque lo que se produzca en México se utilizará en la gran industria norteamericana o canadiense y éstos la exportarán a otras naciones.

Ya lograron reformas legales en la rama laboral para evitar el sindicalismo con dirigencia vertical, como ocurrió en el corporativismo priista, y disponer de trabajadores sólo destinados a producir; no apreciar derechos sociales progresivos, cada día menos satisfechos, véanse los servicios del IMSS.

Avanza el quiebre de la nación como entidad integrada; las diferencias sociales se ahondarán por la incapacidad mexicana en generar su propia tecnología, su propia ciencia para fortalecer su economía interna.

El discurso presidencial no dice cómo superar los negativos, omite clarificar que el neoliberalismo que dice ya está superado, es la médula del T-MEC, como lo fue el TLCAN.

El neoliberalismo surge para contener la influencia del Estado en la economía, se identifica con la Escuela de Chicago y el Foro de Davos. Exige “el Estado mínimo”, un nuevo determinismo económico y, la globalización “sin reglas ni instituciones”, salvo las políticas del “Consenso de Washington”: la economía pura de mercado.

Esa es la ruta del régimen, a pesar de que el discurso diga lo contrario. Por eso, dice Donald Trump que sus relaciones con el presidente de México son excelentes. 

scampch_@hotmail.com