Opinion

El Movimiento del 68

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Sergio Alberto Campos Chacón
domingo, 06 octubre 2019 | 05:00

Por 50 años se ha conmemorado la masacre de 43 personas identificadas, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, ocurrida el 2 de octubre de 1968.

Las conmemoraciones se expresaban con marchas de estudiantes y ciudadanos afines. Se pedía justicia para las víctimas, investigar y conocer la verdad y sancionar a los responsables, referenciados a servidores públicos del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz.

En el gobierno de Vicente Fox se creó una Comisión especial, que practicó indagatorias y llamó a declarar al expresidente Luis Echeverría Álvarez, en aquel momento secretario de Gobernación. El resultado no benefició conocer y definir el origen de la orden para disparar a la masa que efectuaba un mitin en esa Plaza, y Echevarría quedó salvo de toda imputación.

51 años después las versiones del origen y propósitos son tantas como las ramas de un fresno. Unos le llaman Movimiento Estudiantil de 1968, otros Movimiento del 68.

Los sociólogos, historiadores y estudiosos más cercanos a esa movilidad estudiantil y social en la Ciudad de México, han dedicado años en desentrañar con objetividad qué sucedió realmente, el origen del conflicto, su desarrollo, detalles y consecuencias.

Mi apreciación es limitada por la distancia física, mi información escasa porque no estuve en el centro de las propuestas y discusiones en ese Consejo Nacional, así que no me es posible valorar la idoneidad de la estrategia y táctica que allá seguían, sin embargo, hay información documentada de algunas cuestiones.

La de más interés, la chispa del movimiento.

En mi artículo del 9 de septiembre de 2018, aquí publicado, mencioné dos versiones del detonante: Una, la riña que el 22 de julio de 1968, tuvieron estudiantes de una Vocacional (bachillerato) del Instituto Politécnico Nacional, y de la Escuela Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM, en un “tochito” de futbol americano en La Ciudadela que, en desmesura, los granaderos disolvieron a macanazos, entraron a las instalaciones de la Vocacional 2, provocando el malestar de los muchachos.

La otra versión es que estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del IPN, por antagonismo estudiantil, fueron a apedrear el edificio de la Isaac Ochoterena, lo que ya habían hecho antes sin que la policía interviniera, pero el 23 de julio se infiltraron “pandilleros” que azuzaron a los jóvenes confrontándose por más de tres horas con 200 granaderos en las calles del Centro.

Gustavo Castillo García escribió en La Jornada el 23 de julio de 2008 que a la Ciudadela arribaron camiones de la línea San Ángel Inn a la calle de Tolsá, con uniformados con el beige que usan los alumnos de secundaria, lapidaron la Escuela Vocacional número 2, que estaba en plena actividad académica.

Castillo añade que en documentos elaborados por la Procuraduría General de la República (PGR) además de las pandillas Los Araños y Los Ciudadelos, los porros Alfonso Torres Saavedra, El Johnny, y Sergio Romero, El Fish, azuzaron la gresca entre los estudiantes y el enfrentamiento con los granaderos.

El 26 de julio de 1968 hubo dos marchas, una de los politécnicos para protestar por las ofensas, y otra de los comunistas para conmemorar el ataque por Fidel Castro y compañeros al Cuartel Militar Moncada, en Santiago de Cuba para derrocar al dictador Fulgencio Batista.

Ambos contingentes coincidieron en el Zócalo, la policía montada y granaderos los reprimió, al parecer, estudiantes, incendiaron autobuses y se atrincheraron en sus escuelas.

Ahonda Castillo: “Con un poder desproporcionado, el ejército entró por la fuerza a la Escuela Preparatoria número 1, de San Ildefonso, encarcelaron alumnos y algunos integrantes del Comité Central del Partido Comunista Mexicano”.

Vino la reacción; se organizan escuelas, facultades e institutos de la UNAM e IPN, y otros colectivos sociales e inicia el Movimiento del 68. No deseaban negociar, alzan banderas políticas, el diálogo público, libertad para los presos políticos, que desapareciera el cuerpo de granaderos, destitución de jefes policiacos, derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, relacionados con el delito de disolución social, e indemnización a familiares de muertos y heridos.

De ahí vinieron acontecimientos y nació la denominación del “Movimiento del 68”, que terminó con la balacera del 2 de octubre. 

Me queda claro que el pleito entre estudiantes no era motivo para reprimirlos así, tengo la impresión de que “alguien” unió eslabones de la cadena del conflicto en aumento; en encender la lumbre.

Autores afirman que intervino la CIA, el Departamento de Estado de los Estados Unidos para impedir la influencia cubana en México, personajes de varios partidos políticos, el Yunque, el débil Partido Comunista Mexicano, simpatizantes castristas, la Iglesia Católica y grupos empresariales de extrema derecha. 

Muchos soplos para que el fuego avivara y lo lograron, al extremo de amedrentar a la sociedad civil y política nacional con esa matanza. Todos unidos contra “el comunismo que acechaba a México”. Esa fue la causa de la guerra que difundió la prensa escrita.

El sociólogo Salvador Giner, maestro emérito de Sociología de la Universidad de Barcelona, con Emilio Lamo de Espinosa y Cristóbal Torres, nos explican que un movimiento estudiantil es difícil y complejo de explicar, pero ayuda transitar a la madurez y mitigar las tensiones socio laborales en que se encuentran; cuestionan los modelos clásicos sobre el entramado social y son las primeras manifestaciones de nuevos movimientos sociales.

Estos son intentos colectivos para cambiar instituciones sociales, desde el proyecto revolucionario de crear un nuevo orden social, hasta transformaciones en el sistema de normas, significados y relaciones sociales.

Son acciones colectivas que protagonizan estudiantes, ecologistas, pacifistas y feministas; aparecen en las sociedades occidentales a partir de los años 60, sin embargo, no hay una relación clara entre esos movimientos y los roles estructurales de sus seguidores en función de “clases sociales”.

Este es el tema-problema, si el Movimiento del 68 surgió con justificación social histórica cuestionando las “clases sociales”, o se concibió y manipuló para desembocar en la Plaza de las Tres Culturas, en un zape trágico que las clases políticas dominantes, neocapitalistas o neoliberales requerían ejemplificar con la masacre.

Ideológicamente México se corrió a la derecha. El Movimiento del 68 dirigido por jóvenes, no sé si de izquierda o liberales, careció de una estrategia organizada y racional, como opina Salvador Giner debe distinguir a un movimiento social. Resultados funestos.  

La marcha del martes 2 de octubre de este 2019 sólo mereció “acordonarla con el espíritu de la paz” por el gobierno federal y de la Ciudad de México, sin compromiso para indagar las causas y responsables de aquel asesinato atroz.


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