Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

El nostálgico barrio de la Industrial y las vivencias de don Arturo (Cuarta parte)

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/ Los talleres de los ferrocarriles en donde actualmente está el Museo Casa Redonda y el Centro de Convenciones de la ciudad de Chihuahua (Foto: Museo-Casa Redonda).
/ Muchos de los ferrocarrileros vivían en el barrio del Santo Niño y por supuesto en la Colonia Industrial (Foto: Museo-Casa Redonda).
/ El ilustrísimo maestro Carlos Montemayor, radicó en la Colonia Industrial y muchos de sus vecinos lo recuerdan con mucho cariño (Foto: Gobierno del Estado de Chihuahua).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 24 julio 2022 | 05:00

Recordar los antecedentes que nos llevaron a nuestros orígenes, a las raíces de aquellos antepasados que nos dieron la oportunidad de existir, es sin duda, la opción de conocer el presente que estamos experimentando, para estar así, prevenidos del porvenir que enfrentaremos pronto, por ello, al hablar del barrio de la Industrial es, profundizar las vivencias de mucha gente que supo aprovechar el destino para convertirlo en su vida y existencia, por ello, don Arturo Holguín, nos sigue contando de esas sus vivencias, en medio de un mar de recuerdos que lo hacen vibrar de emoción y nostalgia, por ello, esta cuarta parte nos conduce a esos momentos especiales que, surgen del recuerdo de nuestro buen amigo.  

“Algunas de las generaciones que todavía viven cerca de la estación del ferrocarril que estaba ubicadas en las calles Guerrero, México y Michoacán, mencionan que en esa parte estaban las oficinas del despachador de trenes y telégrafos, así como un pequeño restaurante y una bodega de correos, ya que después los trenes de pasajeros que venían del sur o, los que llegaban del norte, descargaban la paquetería o la recogían para llevársela a su destino. Así mismo, estaba la oficina de venta de boletos, la bodega de carga pesada y la sala de espera; a partir de aquí, cualquiera que llegaba a Chihuahua tenía el acceso para ir al centro de la ciudad. En la estación de la Industrial, se cambiaba la tripulación del Ferrocarril y se abastecía de agua a la máquina de vapor, ya que ahí estaba el tinaco y la garza para ponerle agua, así como la revisión de  coches y el aseo general de los mismos; frente de la estación, estaban los talleres y la Casa Redonda que actualmente es el museo con el mismo nombre, donde se daba vuelta a las máquinas, por ejemplo, si venían del norte y tenía que regresar al norte, se giraba en un “carrusel” la pesada máquina; en este mismo lugar, estaban los talleres de reparación de carros que ocupaban los paileros, carpinteros, fontaneros y mecánicos que en su gran mayoría, eran trabajadores de la Colonia Industrial, y que a la hora de la comida, se tenía una fuerte convivencia entre ellos, siendo la puerta de entrada una verdadera  romería entre familiares que llevaban los alimentos calientitos a sus seres queridos que trabajaban en el ferrocarril, por lo que se entregaban en la puerta y varios vigilantes que no permitían pasar a nadie, les llevaban los encargos   a los trabajadores y devolvían las loncheras de los incansables ferrocarrileros.

Enfrente de esta estación, había un parque con grandes árboles, bancas, corredores y en medio, una pila redonda con agua y una rústica fuente que, con la construcción de la nueva estación en la mitad del parque, se construirían canchas para jugar basquetbol, donde se llevaban campeonatos menores del barrio de la Industrial que se iniciarían desde el año de 1960, organizados por el señor Armando González López y apoyados por los señores Jesús Gómez Herrera, Fermín Gómez y otros más. Estos torneos, se llevaron a cabo en la escuela José María Ponce de León desde el año de 1946, inclusive, había torneos de volibol donde se convocaba a toda la comunidad de la Industrial y sus alrededores en donde se presentaban competencias muy emocionantes; así mismo, como parte de todo este deleite, todo terminaba en una verdadera verbena familiar, ya que, por las noches, la gente salía a disfrutar de los paseos por la avenida Hidalgo y la glorieta de Jesús García donde se organizaban también eventos de convivencia social. 

“Quien no se acuerda de esos estanquillos donde se vendían cosas en alguna esquina de la colonia, de la gran cantidad de abarrotes donde comprábamos dulces y algunas mercancías que necesitaban nuestras mamás, por ello, se me viene a la mente algunas carnicerías de mi barrio querido de la Industria, como aquella de nombre “La Aurora”, propiedad de Ramón Muela y aquella atendida por Quico Santana Muela en la avenida Hidalgo y Jalisco; le siguieron la ubicada en la Michoacán e Hidalgo; Hidalgo y Oaxaca, y la más reciente, “La Capulina”, todas ellas ya desaparecidas. Por otro lado, los negocios que se necesitaban para comprar algún remedio en contra de alguna dolencia física, como las dos boticas que estaban en el barrio, una de estas, la de don Ramiro y su esposa Natalia, llamada “El Galeno” que, posteriormente sería de don Manuel Guillén; la segunda, conocida como “Del Socorro”, propiedad de la señora Ana María Mayagoitia, María Luisa Simental y la señora Magüe Torres y podíamos dejar de mencionar a las peluquerías de don Simón Lechuga y la de Nacho Flores, Melitón Sánchez, el Rayo y la más contemporánea, la peluquería “Modelo”, del Güero Esteban Hidalgo, todas estas ubicadas sobre la calle Estad de Hidalgo.

“Un rubro que no puede pasar desapercibido lo constituyen las cantinas, las cuales por la derrama económica que generaban los ferrocarriles nacionales en el barrio del Santo Niño y la Industrial, sumaban un total de 74, encontrándose algunas 13 verdaderamente deprimentes y no fue hasta que el secretario general de la Sección 5a de Ferrocarriles, con el apoyo de la autoridad municipal, clausuraron a la mayoría y dejaron en servicio al menos en la Industrial solamente cinco: Salón Verde, Club Magaña, Salón Blanco,  Centro Ferrocarrilero, Club San Francisco, La Despedida y otros de carácter social y económico que dejaron profunda huella entre nosotros. Otros negocios como las panaderías, peleterías, cafeterías, neverías y los restaurantes fueron importantes, sin olvidar los grupos musicales que nos deleitaron con sus acordes musicales como los “Teen Angers”, “Los Pocos Pandos”, la Orquesta Ramírez y los clubes sociales como El Impacto, El Colina, Los Boys Scout, Club de ciclistas, motociclistas y los salones de belleza. 

“Por nuestro barrio vivieron grandes personajes de la política, el deporte, la farándula artística y la cultura, destacándose estos vecinos en el periodismo, como: Panchito Ontiveros, cronista social; el locutor José Luis Camacho; el cronista deportivo, Joaquín González; el periodista Humberto Payán Franco y en el sector artístico, Macario Nava, del grupo musical “Los Hitters”; la Popular Lucha Villa; el primer actor Julio Aldama y por supuesto, nuestros amigos Héctor Hernández Varela y Raymundo Romero, Omar Bazán, dos veces diputado federal y local; también, otro personaje fue el maestro Carlos Montemayor, escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, así como activista social para la defensa de las comunidades indígenas y grupos vulnerables del país, el cual,  hablaba idiomas como hebreo, griego, latín, francés, portugués, italiano e inglés, escribiendo 31 libros, por ejemplo, la novela titulada “Las armas del Alba” refiriéndose al alzamiento ocurrido en la ciudad de Madera, Chihuahua en septiembre de 1965. 

Por su trayectoria, el maestro Montemayor recibió de la Universidad Autónoma de Chihuahua, el doctorado “honoris causa” en marzo de 1995, permitiendo dar lectura a una pequeña parte de su alocución, a la oratoria en donde expresaba lo siguiente: “Por cierto, mi casa de asistencia se encontraba en el barrio de la Industria y nadie aceptaba ir a estudiar conmigo, ya que pensaban que era un barrio bravo y todos preferían mejora estar a la distancia con el fin de preservar su integridad física. Pero yo viví estupendamente en la Industrial, un barrio que quiero profundamente”, terminaba Montemayor. Sin duda, que suerte la de algunos vecinos que tuvieron el privilegio de convivir con este importante personaje que fuera aclamado en repetidas ocasiones y lo más importante, se volvería a reunir con sus viejos amigos como Raymundo Romero, el tío Rafael Grijalva, Beto Márquez y muchos otros más antes de su muerte…Esta crónica continuara… 

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “El Nostálgico Barrio de la Industrial y las Vivencias de don Arturo”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros. Si usted está interesado en los libros, mande un whatsaap al 614 148 85 03 y con gusto le brindamos información.

Fuentes:

  • Entrevista con el ingeniero Arturo Martínez Holguín.
  • Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua, Cronista Rubén Beltrán Acosta.
  • Don René Padilla Alvarado. 
  • Don Roberto Santana Valdez.