Opinion

El nuevo estilo personal de gobernar en Chihuahua

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José Díaz López

sábado, 13 noviembre 2021 | 05:00

Si cada cabeza es un mundo, es lógico decir, que cada gobernante, tiene su propio estilo de gobernar. La forma de ejercer el poder va de la mano de la personalidad, de la experiencia y de las concepciones políticas y morales que cada gobernante tiene como persona. 

En ese sentido, percibimos que César Duarte tenía su propio estilo para hacer que “el poder fuera para poder”.  Para llevar a cabo su idea realista del poder en el Tribunal Superior de Justicia, causó mucha polvareda, al imponer a su grupo de magistrados y varios titulares de dicho poder. Tuvo que hacer reformas y decretos legales, que obviamente generaron mucha oposición y desgaste político. De tal forma, que al ejecutar dichas reformas, los nuevos titulares  del TSJ y sus magistrados iniciaron sus funciones muy deslegitimados y desgastados políticamente.  Ese estilo de gobernar de Duarte, avasalló a todos los poderes, porqué el uso de la prudencia y la sensibilidad política está reñida con  esa idea tan realista de que “el poder es para poder”.  

Luego llegó Corral con su propio estilo personal de gobernar,  tan rudo y más burdo, que no se diferenció con el de Duarte. Corral también impuso, casi violentamente, contra la oposición muy fuerte de un grupo de magistrados, a su nuevo titular en el Poder Judicial. Pero incluso, al nuevo titular del TSJ lo tenía de florero, pues no lo dejó tener el poder para ejercer su mando y le impuso a una operadora en la Judicatura sin carrera judicial y sin reunir los requisitos para serlo llegó mandando en todo y por todo el Poder Judicial, y aún como dijimos, mandando por encima del presidente de dicho poder. A bayoneta calada, sin prudencia, tacto ni cordura, Corral se apropió del Poder Judicial y designó a decenas de nuevos jueces, para administrar desde el Ejecutivo, la justicia.  Este estilo de gobernar, ocasionó el desastre en todos los sentidos, que vemos en Chihuahua.

Luego llegó la gobernadora Maru Campos con un nuevo estilo personal de gobernar. Ella ha realizado los cambios de titulares en el TSJ y en la UACH sin levantar polvaredas, sin desgastes innecesarios, en el sigilo que mueve una mano diestra para efectuar los cambios estratégicos en esos espacios de poder. En efecto, no han pasado ni 4 meses  y no ha necesitado hacer grandes reformas legales, como las hechas por Duarte y Corral, para hacerse de la influencia en el Poder Judicial y en la UACH.  Así, de estilo tranquilo, silenciosamente y sin grandes aspavientos, la gobernadora ya tiene nueva titular en el TSJ y en posiciones claves en el mismo. 

Lo que sigue es arreglar el “cochinero” que dejó Corral también en el Poder Judicial.  Sobre el cochinero judicial que dejó Corral en la designación de jueces, percibimos que no lo van a tocar directamente, pues generaría una rebelión y problemas legales muy fuertes al interior del mismo y por eso, lo van a ir “ordenando”, guiándose por la sabiduría de Heráclito de que “el tiempo pone orden en todo; y a todos en su lugar”.  Habida cuenta de que, las decisiones políticas en el Poder Judicial, ya están en sus manos.  

Era importante destacar el nuevo estilo personal para efectuar cambios de titulares en estos espacios de poder, porque se han hecho con pinza quirúrgica hasta el momento, pues no han generado resistencias, ni movilizaciones dentro ni fuera del TSJ ni de la UACH. De que hay nueva mano con decisión y rápida, es visible. La forma que escogieron para operar esos cambios en el TSJ y en la UACH, llamando a pláticas privadas en Palacio tanto a los que se van como a los que llegan al cargo, ha logrado que ese nuevo estilo personal de gobernar se lleve a cabo, sin hacer polvaredas ni protestas. 

Es más, incluso a los removidos ni siquiera se les ha visto hacer pucheros. “Algo” muy grave deben haber hecho y les deben haber puesto en la mesa, que han renunciado al puesto, sin chistar siquiera. Tiene relación con lo anterior, la expresión del magistrado  Villegas, pidiéndole a Pablo González que les dijera a los magistrados, el porqué  “realmente” había renunciado al cargo. 

De todos los cambios de titulares que se han realizado, los que ameritan más cuidado son el del TSJ y la Rectoría de la UACH.  Pues los segmentos profesionales que interactúan en ellos, el de la abogacía y el cumplimiento de las leyes y el de los catedráticos y estudiantes universitarios, son muy “susceptibles”, muy proclives a oponerse enérgicamente, ante cualquier indicio de “invasión” que sientan en esos ámbitos simbólicos y/o feudos de poder, que tanto respetan y protegen. Habida cuenta, de que los cambios de titulares realizados, también tocan directamente los intereses y luchas de poder de los grupos que interactúan en esos espacios. 

Por ende, el cambio de mandos no pudo hacerse sin tener a la vista la potencial reacción de esos  segmentos profesionales, pues esos cambios tocan a los actores de la lucha por el poder en esos ámbitos.