Opinion

El PAN y el reto de la unidad

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Arturo García Portillo

viernes, 14 enero 2022 | 05:00

El PAN, y sus liderazgos, tendrán claro que a partir de las elecciones locales pasadas están en una situación muy distinta y distante de la que prevalecía hasta antes de esa fecha. Y eso ha detonado una serie de procesos que implican sin duda riesgos, pero sobre todo una oportunidad de cohesionarse como una fuerza activa para liderar a los chihuahuenses. 

Desde siempre el tema de la unidad, y su colateral inherente la continuidad, ha sido objeto de reflexión, así en la ciencia como en la filosofía, y de ahí a diversos aspectos concretos de la vida. En general se le ha considerado un desiderátum para las sociedades y para los individuos.  

Y es que desde muy temprano las tribus nómadas de recolectores y cazadores, y más tarde las sociedades organizadas, y luego las grandes civilizaciones, tuvieron que idear formas para lograr que sus integrantes seres humanos individuales, encontraran modos razonables para permanecer unidos. Las divisiones, fracturas y enfrentamientos, siempre tuvieron consecuencias funestas, incluso la extinción. 

Muchas expresiones han buscado sintetizar lo anterior. En la Biblia encontramos dos muy conocidas: “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie”, se lee en el evangelio de Mateo. Y más tarde del pasaje de la Ascensión del Señor a los cielos se desprende la frase indivisa manent, que significa  “permaneced unidos”, que luego se convertiría en el lema de los hermanos de las escuelas cristianas, los lasallistas. La expresión tiene la fuerza de una sentencia absoluta, una ley y una sanción. 

En la historia hay muchos ejemplos. Con el marco de la guerra civil norteamericana, el gobierno de Abraham Lincoln gravitó en torno del tema. Primero, para solventar la competencia interna por la candidatura presidencial, evitó la fractura integrando a su gabinete a sus competidores. Estos episodios están recogidos en un sugerente libro llamado “team of rivals”. En el gobierno, la reconstrucción y unidad del país, el sur y el norte, fue articulada en torno de la promoción de dos eventos de corte religioso. Primero hacer nacional el Día de Acción de Gracias, de práctica norteña y protestante, y al revés llevar la celebración de la Navidad, sureña, al norte. 

En Alemania, es bien conocido que los graves problemas de división que se originaron en la época de la república de Weimar, facilitaron el ascenso al poder de Hitler. Luego de la guerra, derrotados, la reconstrucción comenzó por este aspecto básico, primero con una legislación que corrigiera los problemas de representación. Luego surgió uno de los grandes elementos estabilizadores de la nueva a Alemania, que fue la creación del partido Unión Demócrata Cristiana (CDU por sus siglas en idioma original) que entendieron que para ser exitosos deberían evitar la división de católicos, muchos del partido Zentrum, y luteranos dispersos en otras formaciones. Así gobernaron Konrad Adenauer y Ludwig Erhard los primeros años de la posguerra, y alumbraron el llamado milagro alemán, que por cierto tuvo mucho más de sentido común y trabajo que de milagro (que envidia).

Es claro que la fertilidad del éxito conlleva la liberación de todo tipo de demonios, aplacados famélicos en el estiaje. El célebre politólogo florentino Giovanni Sartori asume en su libro “Partidos y sistemas de partidos”, como natural que en estas formaciones haya fracciones, facciones y tendencias. Los problemas surgen cuando estas intentan apropiarse de la agenda e imponerla al conjunto. De ello nos prevenía, en lenguaje coloquial, el sabio panista michoacano Luis Mejía Guzmán, cuando lamentaba que del partido se había apoderado “la onda grupera” desde el triunfo de Fox.

En Chihuahua alguna vez me comentó Don Alfonso Arronte que el gran problema del partido había sido la división entre “diacos” y “felices” (apodos de dos grandes agrupaciones informales partidarias, muy parchadas en el tiempo), y atribuyó a Javier Corral haber inoculado este virus en la institución. 

Hoy existe el gran reto y la gran oportunidad de no repetir ese terrible error. Encontrar el modo en que los diferentes modos de pensar tengan espacios de participación y de representación, que nos activemos por un programa que salve a los chihuahuenses de sus principales carencias existenciales y construyamos con decisión los elementos del bien común que ha de ser compartido, y nos preocupemos con mayor ahínco en ayudar a los que vienen más retrasados en el acceso a los bienes de la tierra y la cultura. Que se concilien diferencias y que las cosas no pasen más allá de sí unos son poco más mochos y otros poco más picarones. 

Hay la convicción ampliamente compartida de que el indiscutible liderazgo de la gobernadora Maru Campos es un factor clave en torno al cual nos podemos agrupar para conseguir este dilatado propósito.