Opinion

El pecado del sexo

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 15 septiembre 2021 | 05:00

“¿Por qué no matamos a la mamá? Una mujer 

que aborta ya no sirve para nada”

Sacerdote Lázaro Hernández Soto

Recién casado hablé con mi esposa sobre si autorizar un legrado o continuar con un embarazo de alto riesgo. ¿Probabilidades médicas? 10 o 15% de que ambos se salvaran. Un 90 u 85% de que perecieran y un 96% de que mi cónyuge se salvara. No fue fácil decidirlo –dada la urgencia- en minutos. El colmo hubiese sido si a pesar de tal difícil resolución nos hubieran encarcelado a ella, a los médicos, a las enfermeras y a un servidor.

Antecedentes 

Llevamos a cuestas el “pecado original”. Así, según interpretaciones anacrónicas, sexo es sinónimo de pecado, debilidad de hombres y mujeres que permitieron que el demonio los tentara, las relaciones íntimas son para engendrar y no para disfrutar.

Oración de la era porfirista antes del coito: “No es por vicio ni por fornicio/ es un sacrificio/ para darte un hijo/ que esté a tu servicio” es una cita que mentes incongruentes intentan revivir. Ella, cubierta con la “sábana santa”, se resignaba al suplicio del sexo.

Sexo y aborto 

Los grupos conservadores y ultra conservadores se han dado vuelo rechazando la decisión de la SCJN “A partir de ahora no se podrá procesar a mujer alguna que aborte en los supuestos considerados por este tribunal”. Lo que no quieren entender es que a nadie se le está obligando abortar. Lo que desean es establecer un “Código Universal Moral” donde ellos, poseedores de la verdad absoluta, digan lo que una mujer debe hacer consigo misma. 

La prevención

Una manera de impedir los abortos es evitando los embarazos indeseados. ¿Pero cómo? Amando con toda el alma al producto porque así lo quiso la divinidad sea o no creyente sin importar si es producto de una violación o la vida de la futura madre esté en peligro o x circunstancia. Otra es con la abstinencia. El sexo solo es permitido si se practica en el matrimonio por la iglesia. El sexo “ilícito” es pecado y la penitencia es un embarazo. Por tanto las damas deben abstenerse de ejercer su sexualidad. Pero si aun cuando las jóvenes decidieran por la castidad, deberían tomar píldoras contraceptivas si por desgracia son violadas y engendradas en el camino del templo a su casa.

Otra es tomando anticonceptivos o usando preservativos (la palabra “condón” ofende a oídos inmaculados). Pero las iglesias prohíben ambos. El “coitus interruptus” igualmente porque es onanismo. Sexo anal o masturbación solitaria o en pareja, ¡tampoco, es degeneración! Está prohibida la homosexualidad. En fin, todo está excluido.  Los representantes de Dios los proscriben porque ellos sí saben lo que Él quiere.

Es decir, ni para cuál lado hacerse.

Si los talibanes mexicanos dominaran la vida moral y social pobres mujeres: las bebés, niñas, muchachas, jóvenes, adultas, ancianas deberían ser recatadas, célibes, decentes, ingenuas, cándidas, felices con su anorgasmia, creyentes, obedientes, asexuadas, virtuosas, fieles, vírgenes, intachables, angelicales, decorosas. No deberían tener deseos carnales ni con su esposo. El sexo es pecado si se disfruta aunque sea poquitito.

Vivan y dejen vivir

Salvadores de la vida eterna, preocúpense por blindar su alma y dejen que nosotros, los pecadores, vayamos directamente al  Segundo o al Sexto o al Séptimo Círculo del Infierno de Dante. Y seguramente ahí nos encontraremos con ustedes si es que no los enviaron al Segundo, Tercero o Cuarto Círculo. ¿Ya leyeron la Divina Comedia? Váyanse preparando para el viaje.

Mi álter ego se alegra de que los hermanos afganos sean bien recibidos –y por el canciller- en nuestro país. Pero a los consanguíneos centroamericanos el gobierno los recibe a toletazos ¿Qué no son más parientes éstos que los asiáticos?