Opinion

El Presidente predicador

(Con cariño al huarachudo sin carro artista oaxaqueño Francisco Toledo)

Daniel García Monroy
domingo, 08 septiembre 2019 | 05:00

Desde su púlpito oficial instalado en el propio Palacio Nacional, sus mensajes mañaneros son constantes y bastante persuasivos. Ahí su feligresía presente --más apóstata que creyente--, son decenas de periodistas de todo el país, que le preguntan, le fustigan, le debaten; perdiendo las más de las veces ante las tranquilas respuestas-razones del cuestionado, incansable, entrevistado. Y aunque enojados y aburridos, los medios agrandan irremediablemente el sonido de las palabras del seguro, sonriente y feliz: predicador-presidente. (“Y en el principio era el verbo, y el verbo era con dios, y el verbo era dios”: Juan 1:1). 

Su otra congregación nacional, la más importante, la tele-observadora de su “República amorosa”; esa que le escucha atenta a través de you tube y demás “benditas” redes sociales, crece, asiente y le cree. El ejecutivo domador del elefante burócrata “reumático y mañoso”, ha creado, sin dinero alguno de por medio, un mitin diario con más gente escuchándolo, que la que podría convocar físicamente, para ampararlo contra otro desafuero en el Zócalo de la CDMX. Un cuarto de millón de mexicanos lo siguen habitualmente desde temprano en la misión oral de su laica fe conceptual; por repetitivamente cansante que esta sea. (¿Qué es toda religión sino el rito y la oración que se repite perenne hasta arraigar en el alma de los necesitados de cualesquiera salvadora fe?). 

El culto de Andrés Manuel López Obrador, el Presidente de México, aumenta y se fortalece incontrastable. Su propia narrativa de gobierno permea cada día en todo el país, desde la boca feliz del peje-salmón de agua dulce, a contracorriente. Fenómeno mundial del único líder político moderno que expande sus buenas nuevas con tenacidad de fanático religioso. Y al que los medios internacionales ya comienzan a visualizar: sorprendidos-incrédulos-intrigados. ¿Qué diablos (o qué cristos) está pasando en México, con este austero-poderoso, señor tabasqueño de todos los días profetizando el fin de la corrupción política-empresarial de la era post-neoliberal en su hermoso, respetado y ensangrentado país?

Inexplicable para los críticos a ultranza, su excesiva exposición y declaraciones en los medios de comunicación no lo han desgastado, al contrario lo han catapultado a una aprobación nacional del 70 por ciento de la población que gobierna. Mientras todos sus opositores políticos minusválidos, esperan impacientes el quiebre de su ascenso;  aún y cuando este no se vislumbra en el corto plazo. 

Desde el antilopezobradorismo de los “expertos” sólo se oye un  crujir de dientes de absurdos insubstanciales. Voces que buscan en las masacres diabólicas del narco, y la supuesta falta de medicamentos, su esperanza de que se caiga la aprobación del que ya no quiere que se robe tanto, tantísimo dinero del erario público federal, --que algo, poco, mucho, se sospecha, se les habrá acabado en sus cuentas bancarias a sus mecánicos detractores, que nunca se vieron tan feroces contra la suma corrupción de los anteriores presidentes mexicanos--. 

Con voz de pastor evangelista AMLO prescribe sus propios mandamientos que remacha día tras día con mística pasión: no mentir, no robar, no traicionar; todo por la razón, nada por la fuerza; no reprimirás al pueblo; nada fuera de la ley, nadie por encima de la ley; el neoliberalismo es sinónimo de corrupción; ya lo pasado, pasado punto final; bienestar material sí, pero también del alma, porque no solo de pan vive el   hombre (Lucas 4:4). 

Ferviente, contento e infatigable en sus homilías socio-políticas-morales, ya escribe en sus horas libres, su primer documento pastoral al que pretende llamar: Economía Moral.   

Pero luego, da pena ajena constatar como el profeta amado por su pueblo es terriblemente mal defendido por los torpes discípulos ambiciosos de la Morena que se pretende transexenal --tanto en el Poder Legislativo, como en las súper-delegaciones estatales--, que mejor se verían calladitos ante las preguntas sobre su desastre administrativo-organizacional. Y la amenaza del mediocre-misionero-líder-juarista se escucha y se escucha fuerte: Si la Morena se pierde entre los cantos de las sirenas de dinero, nepotismo y negocios fraudulentos, dentro de sus irredentos miembros que no me entienden, yo me voy, y hasta les quito el nombre que les di de Regeneración Nacional, pues que caray.    

Y el mesías tropical habla también de milagros económicos como ese de que el peso mexicano es la moneda más fuerte del mundo frente al patrón dólar y que los inversionistas del mundo están ahora invirtiendo más en nuestro crucificado país por el poder fáctico del narcotráfico ¡wooow! No le gustan las cifras, los datos, ni los porcentajes cuantitativos de los inmorales tecnócratas, pero cuando los números respaldan sus políticas públicas, pues ni hablar el evangelista debe predicarlas, aunque no sea por presumir, claro está.

Nueve meses del nacimiento de otra forma de ver de entender a México y nuestra mexicanidad. Otra forma de intentar comprender lo que somos y lo que podemos ser. Doloroso parto de los montes para los pocos que todo lo ven desde arriba.  Inicio de algo diferente y esperanzador para los más que todo lo ven desde abajo. Y ante optimismo de la voluntad el pesimismo de la inteligencia. Creer o no creer esa es la cuestión. Amén.