Opinion

El previo a Kamala

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Yuriria Sierra

viernes, 04 junio 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Kamala Harris pisará territorio nacional al día siguiente de la elección en México. Para ese entonces tendremos números que avalen el futuro del Congreso. ¿Morena tendrá mayoría? ¿Al presidente le habrán concedido los electores tres años más de gracia y libertad legislativa? 

Vaya momento para este primer encuentro presencial entre ambos. Estados Unidos ha sido sumamente cauteloso en el tono de su relación con nuestro país. No cobra factura por la cercanía de Andrés Manuel López Obrador con Donald Trump, pero tampoco se desvive por alimentar la fraternidad, que parece haberse estancado. 

El gobierno de EU ha decidido tratar a México, no con recelo, pero sí con la distancia suficiente que permite intuir una lectura adelantada de lo que podrían ser los próximos meses. No han sido buenos días ni para México ni para el presidente fuera de nuestras fronteras. Primero fue The Economist: “López Obrador divide a los mexicanos en dos grupos: ‘el pueblo’, con lo que se refiere a quienes lo apoyan, y ‘la élite’, a la que denuncia, a menudo por su nombre, como delincuentes y traidores a los que culpa de todos los problemas de México…”, en la edición donde lo señaló en su portada como un falso mesías. Hace un par de días fue el periódico francés Le Monde: “Nunca un presidente mexicano ha desacreditado tanto a las autoridades electorales. El enfrentamiento entablado por Andrés Manuel López Obrador electrifica la campaña de elecciones legislativas y locales programadas para el 6 de junio…”. Y el último, apenas antier, el diario alemán Die Welt: “López Obrador es un maestro de la pintura en blanco y negro, del afilado sí o no, del enfrentamiento implacable. Le gusta afirmar que México en realidad no está avanzando a través de procesos electorales democráticos, sino sólo a través de la movilización social permanente…”. A la publicación británica le respondió. Nada nuevo, la califica de neoliberal, a las otras dos las pasó de largo, aunque seguro llegará la embestida desde Palacio Nacional.

López Obrador no ha encontrado el tono (ni la agenda) que logre comunicar que él entiende debidamente lo que Estados Unidos es y representa para nuestro país: nuestro principal socio comercial y también (aunque no le guste al presidente) todavía la primera potencia del planeta. Y como tal, por un lado pide auxilio para el acceso a las vacunas o para financiar programas que ayuden a contener la migración centroamericana a nuestro país, pero después le escuchamos señalamientos contra el gobierno de EU y organizaciones mexicanas que él considera “opositoras”, que más bien son de la sociedad civil (y que mucho han trabajado para alimentar la democracia mexicana, sin la que hubiera sido imposible el triunfo de Morena en 2018, por decir algo). Y el miércoles, cinco días antes de la llegada de la vicepresidenta Harris, el presidente mexicano creyó que era oportuno decir esto: “eran pocos medios los que informaban, y algunos en los estados. Era un periodismo totalmente sometido, los intelectuales ‘bien maiceados’, todos, esto que estamos viendo que van a cobrar los de la llamada sociedad civil a la embajada de Estados Unidos, o sea que la embajada de Estados Unidos reparte maíz con gorgojo…”. ¡Ay, presidente!

La degradación aérea a nuestro país, la visita del subdirector de la CIA, la degradación de la calificación de la refinería que México recién le compró a los texanos, el mensaje del miércoles del secretario de Estado Antony Blinken y las posibilidades varias a lo que suceda tras la elección... todo previo a la que será una de las visitas de más alto nivel que encabece López Obrador. Curiosas ¿coincidencias?. (Y por supuesto que el que tiene que salir como malabarista a intentar que todos los equilibrios —internos y externos— prevalezcan es el canciller Marcelo Ebrard, quien sin duda entiende como pocos en la 4T todas las señales que se han mandado en las últimas semanas).