Opinion

El privilegio de aprender

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Iván González

jueves, 29 abril 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- La educación es lo más importante que tenemos como seres humanos, aprender nos permite adquirir un capital cultural y social, para desempeñarnos de manera digna en nuestra vida adulta.

No obstante lo anterior, el acceso a una formación académica aún hoy en día, no es fácil. De acuerdo con el INEGI, para el 2020, casi cuatro millones y medio de personas en nuestro país era analfabeta.

De acuerdo con el mismo organismo, para 2015, “solo el 44% de la población en edad de 15 a 24 años, acudía a algún centro educativo”.

Así las cosas, pareciera que la tendencia de la década de 2010 a 2020, fue el abandono escolar. Inclusive, se estigmatizó a quienes abandonaron sus estudios de preparatoria y de universidad,“ninis” se les llamó, pues ni estudian ni trabajan. 

Con una pandemia de proporciones históricas a cuestas, con clases a distancia interrumpidas por la señal de internet, y con la ausencia de aparatos tecnológicos adecuados.

¿Qué podemos hacer para que las niñas, niños y jóvenes NO abandonen la escuela?

Si hasta hace algunos años; en los que no existían la pandemia, ni las clases a distancia; los pronósticos no eran muy halagüeños, hoy, el reto es cuesta arriba. 

En primer lugar debemos reconocer que la responsabilidad es compartida. Gobierno, sociedad, empresarios, asociaciones religiosas, maestras, maestros, directivos, administrativos y de manera particular los padres, madres y tutores, estamos llamados a mantener un compromiso constante con la educación de nuestras hijas e hijos.

Lamentablemente muchos padres, madres y tutores abandonan su vocación y por supuesto, su obligación de educar desde la casa, dejando al sistema educativo la responsabilidad de formar ciudadanas y ciudadanos responsables y productivos.

La disciplina, la constancia y el buen vivir se enseñan en el espacio cotidiano, “si el hogar fracasa, no le pidamos al docente que tenga que arreglar los agujeros que hay en él”, decía el expresidente uruguayo José Mújica en 2014.

Hay docencia también en la casa, en cada madre, padre o tutor que se preocupa verdaderamente por el bienestar de sus hijos e hijas, y que cultiva en ellos valores para la vida. 

Padres conscientes y preocupados tendrían tiempo suficiente para saber cómo van sus hijas e hijos con sus tareas, qué tal les fue en el examen y para preguntarles cómo les quedó aquel ensayo que les solicitaron en la escuela.

En lugar de eso, les encontramos más preocupados por el trajín de su propia vida (resolviendo sus dilemas del día a día), e ignorando a sus hijas e hijos. ¿Cuándo fue la última vez que les vimos de frente y les preguntamos cómo se sienten, qué necesitan? 

Cada familia que se preocupa por la formación cívica, moral y profesional de sus hijos e hijas, hace la diferencia. Debemos detenernos y ser conscientes de nuestra propia condición, decidamos hoy plantear un rumbo distinto.

Construyamos desde la casa una ciudad dedicada al buen vivir, en la que podamos ver crecer a nuestros jóvenes con mejores condiciones de vida, que las que nosotros mismos tenemos hoy en día. 

La buena educación en la casa, como en la escuela, es la clave para erradicar el cáncer de la deserción escolar. Cultivemos con trabajo y con esfuerzo, pues bien vale la pena la recompensa.