Opinion

El retorno a las masacres

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Daniel García Monroy

domingo, 17 julio 2022 | 05:00

De nueva cuenta Chihuahua regresa a su estado de barbarie criminal que le ha ganado su puesto entre los territorios más violentos no sólo de México sino del mundo entero. Vergonzoso. De nueva cuenta las masacres de 11, 6, 4 acribillados en un mismo hecho sangriento se suman en las estadísticas, que por desgracia convierten a las víctimas en cifras, en fríos números que no conmueven a nadie. En malahora nos hemos acostumbrado a la brutalidad del hombre lobo del hombre. 

Pero ¿qué factores han hecho posible la estela de dolor y sufrimiento que dejan todos los días los hechos de máxima violencia que sufrimos en Chihuahua y todo México? Establezcamos.

El hombre es una especie del reino animal que por naturaleza no es apta para matar. La mayoría de los seres humanos en solitario --y en esto las mujeres llevan una evidente desventaja de fuerza-- no podrían quitarle la existencia ni a un pollo con sus propias manos o pies; y olvídense si habláramos de aniquilar a un puerco o una res. 

Nuestras delicadas manos tienen más que ver con la docilidad amable, que con la violencia mortal. Aunque irascibles, desde los primates, nuestros antepasados más cercanos nunca fueron ejemplo de furia desencarnada de fieras, sino criaturas sociales y amistosas, como los chimpancés y hasta los bonachones gorilas ahora casi exterminados. El problema sobrevino con la invención de las armas. La afilada lanza, el cuchillo penetrante y hasta las duras piedras arrojadas con ondas facilitaron la matanza. La incipiente-evolutiva-mente del homo sapiens superó, para comer, defenderse y sobrevivir, su incapacidad física de matar.  

--Si creemos en la Biblia y sus leyendas tendríamos que aceptar que Caín tuvo que utilizar la faca-quijada de un asno, es decir la primer arma de la historia sagrada, para asesinar a su hermano menor Abel. Esto no porque este escrito en la Biblia, sino porque a un visionario monje pintor se le ocurrió que con sus propias manos es muy posible que el primer fratricida de la humanidad no hubiera consumado su bestial crimen--.

En la historia real lo peor devino con las armas de fuego --hijas descomunales del arco y la flecha--, por la impunidad emocional que generaron. La distancia mental y física entre apretar un gatillo y el estallamiento de vísceras o sesos que un balzo produce en la víctima, es tan enorme que borró la reacción de mínima compasión animal posible. El muro de natural inhibición, que debería existir en toda agresión contra un semejante desconocido, creado por el sistema racional de causa y efecto se derrumbó, desapareció de la sensibilidad humana con la pólvora y el plomo teledirigidos. 

De no ser por las desgraciadas pistolas, los rifles y ametralladoras prácticamente ningún hombre normal mataría ni a una triste liebre, si tuviera que hacerlo con propias manos y dientes, y percatándose del dolor, el terror y la angustia visible de su inocente pieza de caza sacrificada. Es la distancia entre dos acciones que parecieran no tener relación alguna: la de jalar un gatillo y la expiración de un ser vivo, lo que hace que un crimen o una masacre deje de tener consecuencias mentales, emocionales, morales o éticas en la conciencia del perpetrador.  

Lo analizó y escribió el maestro austriaco Premio Nobel de Medicina, Konrad Lorenz (1903-1989): “Sucede simplemente que los profundos cimientos personales de nuestra personalidad no registran el hecho de que la presión del índice para disparar un balazo destroza las entrañas de otro hombre. Ningún hombre cuerdo iría siquiera a cazar conejos si la necesidad de matar con sus armas naturales le devolviera la conciencia emocional plena de lo que está realmente haciendo”. 

Las armas de fuego también provocaron otra lamentable ventaja mental-criminal en el homicida: la de poder utilizar un artefacto externo a su cuerpo de superioridad fatal frente a su víctima. Es decir, con un arma de fuego cualquier  cobarde pudo y puede usurpar valor desde hace más de dos siglos, para destruir la vida de un verdadero ser valiente desarmado o tomado por sorpresa. Infamia brutal que cambió el curso de la historia humana.     

Es bastante lógico suponer que si un sicario del narcotráfico tuviera que matar con su sola fuerza física a otro semejante no lo haría o no podría. Le daría miedo siquiera intentarlo. Un adolescente de 16 años qué potencia propia podría tener para agredir a otro ser. Ninguna. Desdichadamente las malditas armas de fuego cambiaron la ecuación entre la vida y la muerte. Inhumana supremacía entre el acribillamiento de las personas pacíficas y la estúpida mente de los cobardes criminales a mansalva, pero armados.

Sumemos un factor más a la tragedia actual. Argumentan los acérrimos Republicanos norteamericanos, fanáticos de la cofradía del rifle, que es la locura humana, la insania mental, la que provoca las masacres en su país, no las armas como productos de sencilla compra-venta hasta en supermercados gabachos. Vaya, vaya, con el pensamiento de los herederos del Kukuxklán de la supremacía blanca. Con el 40  por ciento de las armas fabricadas en el mundo existiendo funcionales en Estados Unidos ¿qué es lo único que se necesita para activarlas, para utilizarlas, para no tenerlas guardadas oxidándose? Un limpio y cínico discurso de odio contra una de las tantas minorías raciales que ahí existen. El mejor símil histórico: Hitler contra los judíos.  

Chihuahua retorna trágicamente a las masacres recurrentes. El paso de la irracional ira activada, activando los fusiles de asalto, las r15 y demás armas automáticas para arrasar al desafortunado otro, que estuvo en el momento equivocado en el lugar equivocado. Que puede ser un sacerdote Jesuita o una ama de casa, peor aún un niño chihuahuense. Mientras las autoridades de los tres niveles se comienzan a echar la bolita de la culpa y la ineficacia de su combate a los narcos y sicarios. Las masacres y homicidios seguirán dejando su estela de muertes y dolor. Qué nos queda ¿Tan sólo sobrevivir en el miedo ambiente del poder factico de la narco-política mexicana?