Opinion

El ser fronterizo (III)

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Iván González Ibarra

jueves, 08 abril 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Hemos revisado en las últimas dos entregas, dos vías de consolidación del ser fronterizo. En un primer lugar, y desde una perspectiva cultural, analizamos brevemente los movimientos migratorios, así como los encuentros culturales que provocaron una asimilación y una resistencia al espacio fronterizo, manifestados en figuras como Tin Tan y Juan Gabriel.

En un segundo lugar, revisamos desde el enfoque social, la trayectoria empresarial y política de una reconocida familia juarense: los Bermúdez. Su labor, influenció de manera decisiva las formas de vivir y comprender el espacio fronterizo.

Destacados promotores de esta región, don Antonio y don Jaime, enfocaron sus esfuerzos en dos proyectos determinantes para nuestra ciudad: el Programa Nacional Fronterizo (PRONAF), y el Programa de Industrialización Fronteriza (PIF).

En esta última entrega, habremos de revisar el resultado del encuentro entre el enfoque cultural y social, para entender a la frontera entre Ciudad Juárez-El Paso como un punto de quiebre.

En tanto a la aplicación del PRONAF, se inauguraron espacios culturales y sociales acordes con la arquitectura del centro del país. Su meta, era otorgar un carácter nacional a una sociedad fronteriza “americanizada".

Por su parte, el PIF avanzó de manera estable, pues para 1970, de 147 empresas registradas bajo ese esquema, 22 se ubicaban en Ciudad Juárez. Entre 1965 y 1985, la maquila se consolidó como el lugar de trabajo por excelencia en la frontera. Su crecimiento, incluyó varias crisis derivadas de recesiones económicas en los Estados Unidos. 

Desde su inicio de operaciones, en 1965, la Industria Maquiladora evitó el contacto con sindicatos, por lo que impulsó la contratación de mano de obra femenina, a la que se le consideraba dócil y confiable.

Las trabajadoras de las “maquilas”, debieron afrontar condiciones de trabajo adversas, que entre otras cosas incluyeron: jornadas de ocho horas de pie, limitación de permisos para ir al baño, aplicación ilegal de pruebas de embarazo, reducción de las jornadas laborales y el cierre de sus lugares de trabajo, sin previo aviso y sin pago de liquidación.

Las mujeres se convirtieron así, en la principal fuerza laboral y conquistaron el espacio público bajo el estigma de "las maquileras". Su acceso al trabajo les otorgó una precaria independencia, que les permitió apoyar en la economía de sus hogares, adquirir vivienda y otorgar educación a sus menores hijos. 

Las hijas y los hijos de estas mujeres habríamos de encontrar, para la década de 1990, un Juárez fragmentado, con una movilidad deficiente, con rezagos sociales y urbanos graves, y con una infraestructura cultural alejada, obsoleta y que difícilmente representaba el sentir fronterizo.

Comprender la complejidad de nuestra ciudad y explicarla a quienes la habitamos, y a quienes apenas llegan, no cabría en este espacio. No obstante, el arte nos permite trascender a las palabras y nos ayuda comunicarnos de maneras más amplias. 

Ubicado en los cruces de la Avenida de las Torres y Paseo de la Victoria, el monumento al “Ser Fronterizo” -elaborado por el artista local Jorge Alejandro Pérez “Yorch”- es un camión escolar que representa ampliamente la complejidad de la frontera. 

En su quiebre se representa a la frontera en México y Estados Unidos, mientras que en su mural, se rinde un homenaje a la mano de obra de la maquiladora. Finalmente, en sus colores, se plasma la pluralidad de Ciudad Juárez.

En palabras del artista, “el hecho de que sea un camión de este tipo, refleja la basura que [recibimos] de Estados Unidos…esos camiones llegan aquí ya usados y nosotros los reutilizamos”. Entre la basura, lo obsoleto y lo precario: las y los juarenses.