Opinion

El silencio de la Suprema Corte

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Sergio Alberto Campos Chacón
domingo, 18 agosto 2019 | 05:00

El viernes 16 de esta semana que pasó, pusieron los primeros cerrojos a las puertas de 10 de las aulas magníficas de las Casas de la Cultura Jurídica: Chihuahua, Mexicali, Ensenada, Celaya, Nuevo Laredo, Matamoros, Uruapan, Tapachula, Ciudad Obregón y Guanajuato.

Están en curso algunos diplomados, a cuyos alumnos los portones dejarán pasar, apenas, y concluidos, las salas quedarán vacías, sin alma, pantallas y equipo electrónico se apagarán, paredes y jardines sin ecos de los comentarios y discusiones.

Una escuela sin alumnos es como un cementerio solitario, abandonado, por ahí, nos parecerá ver, que alguien, todavía pregunta cuál es su salón, dónde será la conferencia, si ya empezó, apurar el cigarrillo y no perder la clase.

En la Casa de la Cultura Jurídica de Chihuahua conocí abogados jóvenes y otros no tan muchachos, reencontré amigos, exalumnos, exmagistrados, adolescentes, compañeros, mujeres de colonias y organizaciones sociales, a veces en grandes grupos o apenas unos cuántos, todos, aprendiendo, todos aprendimos.

El recuerdo más valioso para mí, es la compañía en mis exposiciones de mi admirado hermano Dr. Antonio Campos Chacón (Q.E.P.D.), Forista de corazón, sumado a las causas justas, las más humanistas, las más universales. 

Después de leer el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha o Los Miserables, de Víctor Hugo, quedan pocas cosas para meditar en la condición humana, como algunos le llaman. 

¿Qué pasará con las instalaciones? Quizá Víctor Hugo nos lo explica en la página penúltima de Los Miserables, en su conclusión VI. La hierba guarda y la lluvia borra. Dice: “… bajo un gran tejo por cuyo tronco trepan mil enredaderas, entre la grama y el musgo, una piedra. Dicha piedra no está menos exenta que las otras de las lepras del tiempo, del moho, de los líquenes, del flemo de los pájaros. El agua, la vereda y el aire la ennegrece. No está próxima a ningún sendero, y no agrada ir por aquel lado, porque la hierba es alta y los pies se mojan fácilmente”.

Aquí en Chihuahua, me consta por vivido, que el personal de la Casa de la Cultura Jurídica se desempeñó con eficiencia, tolerancia, calidez y respeto.

Muchos aprendimos muchas cosas, facilitaron y ayudaron a “abrir las entendederas”, a apreciar el derecho con perspectivas de pluralidad, diversidad y progresividad de los derechos humanos.

Por sabido que esos fueron los propósitos de las Casas de la Cultura Jurídica, que toda la sociedad civil tuviera acceso a los criterios nuevos de la interpretación del derecho y qué hace para ello hace la Suprema Corte.

Estoy convencido que tanto al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como a los integrantes del Pleno, no les son ajenas las reclamaciones de abogados y sociedad civil por esa decisión abominable.

Seguro no ignoran la lesión, sin pronto retorno, a la educación jurídica nacional, como saben que invertir en educación es construir nuevas mentalidades para que, especialmente los abogados, coadyuven con la Corte y tribunales federales o locales, por la primacía del orden constitucional y el respeto a los derechos.

Me parece que, a ninguno de los ministros, integrantes del Consejo de la Judicatura, magistrados o jueces federales simpatizó con la idea de esas clausuras, porque significa tapiar el ventanal a los nuevos conocimientos.

Pienso que, como señalé en mi artículo del domingo 11, igual que a los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina, ante las directrices de recortes presupuestales del gobierno del presidente López Obrador, los ministros de la Corte analizaron la complicada situación que los criterios administrativos del presidente y su gabinete impusieron.

Dichos secretarios y ministros tienen claro que esta administración federal terminará al fenecer el plazo constitucional, y que las instituciones ejército, marina y Corte subsistirán a largo plazo, que las cosas se armonicen y reasuman funciones sustanciales a favor de la nación.

Mientras tanto, les toca navegar en el mar azaroso de la confusión y determinaciones incomprensibles para, serenado el oleaje, reanudar los caminos y veredas buenas.

En admirable acto, decenas de abogados y personas de la sociedad civil se manifestaron en caravana de vehículos el jueves 15, hasta la Casa de la Cultura Jurídica en la Ave. Zarco, donde efectuaron un mitin de protesta por el evento trágico que se avecina para la educación jurídica.

Son infinidad los argumentos que fundan el no cierre; los saben bien los ministros, y también tengo la certeza que los comparten con los protestantes, con la academia, con los abogados litigantes, jueces, docentes, gente de los barrios y amplia sociedad civil que ha abrevado en esa casa.

Pero, la instrucción del recorte presupuestal no es del Pleno de ministros; es asunto de política real, de sujeción al presidencialismo. Así funciona y realiza la dirigencia del trabajo político en este sistema mexicano, cuya operatividad niega el discurso del deber ser de división de poderes constitucionales. Es la verdad.

Analistas especializados en política interior, en la historia política de México, aún no encuentran respuesta racional, lógica, al cúmulo de criterios administrativos emitidos por el presidente López Obrador; que nos lleva al cataclismo, dicen, y que no tarda mucho en confirmarse.

En ese torbellino agraviaron los derechos de los niños en las Estancias Infantiles, lo repito por enésima vez; no se olvida. Allí van en volteretas sin rumbo soldados, marinos, jueces, abogados litigantes, mujeres violentadas, víctimas de la delincuencia organizada, personas con discapacidad, en situación de discriminación y tantos más.

Un gobierno de izquierda no restringe derechos, los amplía, por el tan conocido principio de progresividad de derechos humanos.

Por todo ello, la Corte guarda silencio y acepta hacer; son, los signos de los tiempos, soporta la ira popular y del foro. Rectificará si rectifica López Obrador. La embestida es muy agresiva contra las tropas profesionales y la Suprema Corte.

Repaso el poema épico de Rafael Ramos, cabo de alumnos de artillería (1920), del Heróico Colegio Militar, titulado “13 de Septiembre de 1847”, con relación al asalto de las tropas norteamericanas al Castillo de Chapultepec: “… allá en el bosque como un viviente muro, se tendía Felipe Xicoténcatl con su heroico Batallón de San Blas, sobre él caía la fuerza colosal del enemigo… Mas tuvo qué ceder, que intenta en vano una pequeña barca abandonada resistir los furores del océano”.

Así me veo, como esa pequeña barca, junto a los manifestantes contra la deleznable resolución de truncar, de ahogar, esa fuente de divulgación y aprendizaje popular del derecho.

La pregunta imposible de no formular: ¿A quién beneficia el cierre? No, desde luego, al pueblo, no a los justiciables, no a los que menos o nada tienen y piden justicia.


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