Opinion

El Sinaia

"España ya no está en un solo lugar, está en dos. Allí y aquí. Allí quedó el cuerpo físico de España; nosotros nos trajimos su alma, su espíritu". Paulino Masip

Sergio Sarmiento
miércoles, 12 junio 2019 | 05:00

Ciudad de México.- Era un vapor francés, construido en Escocia en 1924, con nombre rumano, Sinaia, producto de una temprana globalización. Transportaba mil 599 pasajeros, españoles refugiados en Francia por la guerra civil, y llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939, hace exactamente 80 años.  

El arribo del Sinaia a Veracruz es considerado formalmente el inicio del exilio español en México. En realidad ya habían llegado antes, en plena Guerra Civil, los "niños de Morelia", unos 500 menores albergados por el gobierno mexicano en la capital michoacana, además de otros pequeños grupos. Los exiliados españoles siguieron llegando hasta 1942. Mi familia paterna desembarcó en mayo de 1941, después de haber pasado por campos de refugiados en Francia y por la República Dominicana. Cada familia vivió un periplo distinto. En total vinieron a México unos 25 mil refugiados, aunque otros miles de españoles llegaron y se quedaron sin haber recibido nunca la condición formal de refugiados.      

Mucho se ha hablado y escrito de los exiliados más conocidos, como el poeta León Felipe, el cineasta Luis Buñuel, el escritor Max Aub, el jurista Wenceslao Roces y los filósofos Adolfo Sánchez Vázquez y José Gaos. Menos notadas son las historias de otros que reconstruyeron sus vidas en México, como Abelardo Padín, combatiente comunista en la Guerra Civil que en México se convirtió en gerente general, máximo ejecutivo "mexicano", de la Ford; u Ovidio Salcedo, líder del sindicato de dependientes comerciales en España y militante socialista, quien en México estableció una exitosa empresa de productos para la construcción.      

Las escuelas del exilio español forjaron a varias generaciones de mexicanos, algunos hijos y nietos de exiliados. El Colegio Madrid y el Instituto Luis Vives son, quizá las más conocidas, pero ahí está también la Manuel Bartolomé Cossío, que fundaron José de Tapia Bujalance y su esposa, la mexicana Graciela González, el maestro Pepe y la maestra Chela, para introducir a México el sistema Freinet. El Colegio de México, nacido como la Casa de España para albergar a profesores e investigadores exiliados, es hasta la fecha una de las instituciones universitarias más sólidas de nuestro país.      

En un momento en que los nacionalismos quieren cerrar todas las puertas, el morenista Martí Batres, presidente del Senado, ha escrito que "el exilio español nos recuerda que las migraciones enriquecen a las naciones, las hacen más grande y fuertes". Los refugiados españoles, junto con los migrantes chinos, judíos, libaneses, argentinos, chilenos, estadounidenses y centroamericanos, ayudaron a construir un México más próspero, diverso y avanzado.      

Hoy hay voces que quieren borrar nuestro legado español; que pretenden que la única historia del país proviene de los pueblos indígenas, que no le debemos nada al mestizaje. La realidad, sin embargo, es insoslayable: vivimos en un México mestizo que se ha nutrido de manera extraordinaria de los inmigrantes.  

Quizá por eso, sin importar las críticas que se hacían en 1939 a los "refifigiados" (sí, ya se usaba el peyorativo "fifí"), el presidente Lázaro Cárdenas ordenó a sus diplomáticos, como Gilberto Bosques, dar todo el apoyo posible a los exiliados españoles, a los que una vez que llegaron a México les dio residencia y permiso para trabajar. Fue la mejor inversión que México pudo hacer.  


Ebrard, encargado 

La tarea quedó en manos del canciller Marcelo Ebrard y no de la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, pese a que el Instituto Nacional de Migración depende de ella. El reto es enorme: detener la oleada migratoria centroamericana hacia Estados Unidos sin violar los principios éticos y jurídicos del asilo.  

Twitter: @SergioSarmiento