Opinion

El Súper Subsecretario

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 13 mayo 2020 | 05:00

De mis lecturas filosóficas admiro a Platón, quien me enseñó cómo los hombres deberían ser y a Maquiavelo porque me expuso como son. Para el filósofo griego sólo quienes hayan conocido la Idea del Bien serán capaces de dirigir los asuntos públicos. Así, los sabios –los filósofos- deben guiar los destinos de la colectividad. Los filósofos deberían ser reyes y si un rey no lo es debería convertirse en uno. 

En cambio Nicolás Maquiavelo admira al Príncipe habilidoso, lleno de recursos, inteligente, carismático, intuitivo, capaz. Fiero como un león, astuto como una zorra. Actuar en correspondencia según su concepción de hombre los cuales para él son “ingratos, volubles, disimulados, que huyen de los peligros y son ansiosos de ganancia”. El príncipe sólo debe tener como objetivo acceder y conservar el poder.   

En la actual crisis de salud, económica y social sobran voces que piden que los políticos saquen las manos y dejen actuar libremente a los científicos. No estoy de acuerdo porque finalmente es una decisión de política social. Aunque no queramos reconocerlo la política también es una ciencia. Ésta tiene como objetivo teórico el análisis del poder, del sistema político del Estado a través de la perspectiva politológica, jurídica, económica y metodológica.

Una de las fotografías de cómo se encuentra la sociedad mexicana son las encuestas. Según Consulta Mitofsky AMLO presenta un 53% de rechazo a su actuación ante la crisis provocada por el Coronavirus y una aprobación de un 47%. 

En cambio el doctor Hugo López Gatell,  Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, es el personaje más conocido de México y su nivel de aceptación está cerca del 60% y únicamente por detrás, unas décimas, de los trabajadores del sector salud.

¿Por qué los números del presidente van de bajada y los de un funcionario menor en aumento? De quien ni siquiera es del círculo cercano de AMLO. Hay bastantes explicaciones. Pero yo acepto la que a continuación expondré.

López Gatell está en el momento y en el lugar apropiado. Cuenta con los conocimientos, la profesión, el prestigio, el currículo, la experiencia, la imagen, la edad y lo que no se compra: carisma. Recordemos que al Secretario de Salud muy poco lo pueden nombrar porque su subalterno lo ha opacado por completo. Mientras que López Gatell muestra información y metodología científica y utiliza conceptos de curvas epidémicas, variables, evidencia científica, datos, números, parámetros, estadística descriptiva, muestreo estadístico, hipótesis, teorías, modelos matemáticos,  el presidente hace declaraciones de ocurrencias y está muy lejos de Platón y de Maquiavelo (los conservadores, la mafia del poder, los fifís, atacar a los médicos “neo liberales”, invitar a que las familias salgan a la calle, proponer protegerse con un escapulario, y así una serie de ingeniosidades en sus acostumbradas y tediosas conferencias de prensa). En tanto que LG se empeña en explicar a los desinformados periodistas y se esfuerza en exponer sus cifras, sus fuentes, el presidente empeña su prestigio proponiendo rifar un avión y posteriormente un sorteo de un no avión. He ahí la diferencia.

López Gatell ya aprendió a manejar los medios informativos pero deberá luchar contra quien trate de detenerlo, porque nadie debe ser más popular, conocido y admirado que el presidente. Ya le han puesto piedritas (la presencia del fantasmagórico secretario de salud, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, la desafortunada participación de la directora de CONACYT, la comparecencia alterna de una desconocida secretaria de Economía y otros más). Además, el subsecretario supera en 3 a 1 en rating a las mañaneras presidenciales. 

Finalmente sólo unas recomendaciones al subsecretario: la más difícil, que la fama no se le suba a la cabeza. Y debería espaciar sus apariciones porque terminará por aburrir. Continúe sin mencionar a AMLO y no se enoje. Siga con la posición de que lo informado se apega a los datos obtenidos objetivamente. Él y su equipo hacen lo que pueden con lo poco que tienen. Qué más quisiéramos contar con millones de pruebas pero… (por cierto yo le regalo un control remoto para que pase él las diapositivas).

A un eminente epidemiólogo se le pidió escribiera mil palabras de cuándo terminará la pandemia, en qué momento contaremos con la vacuna correspondiente y si quienes ya se han recuperado son inmunes. Él respondió 500 veces “lo ignoramos”.

Mi álter ego les recuerda a los incrédulos de la realidad del coronavirus que según el testimonio de quienes la han sufrido y la sufren es que es una enfermedad dolorosa, muy dolorosa.