Opinion
Periscopio

El vellocino con pelambre en dólares

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 01 septiembre 2021 | 05:00

De la emisión general de Derechos Especiales de Giro determinada por el Fondo Monetario Internacional (Institución multilateral  aborrecida como enemigo de los pueblos por la retórica de la 4T), a México le correspondió una asignación de DEG 8,542.4 millones, equivalente a aproximadamente USD 12,117 millones. Esta operación incrementa en idéntica cantidad tanto el pasivo como el activo del Banco de México. Por consiguiente, se aumenta en DEG 8,542.4 millones la tenencia de (o inversión en) DEG, que forma parte integral de la reserva de activos internacionales del Banco de México. En contrapartida, aumenta en ese mismo monto la cuenta de asignaciones especiales de giro en el pasivo del balance del Banco Central. El Banco de México paga trimestralmente intereses por su asignación de DEG y, con la misma frecuencia y tasa, los recibe por su tenencia. En consecuencia, la operación no tiene impacto en el resultado del Banco de México.

El DEG es un activo de reserva internacional creado por el FMI en 1969 para complementar otros activos de reserva de los países miembros. De este modo, las respectivas tenencias de DEG permiten a los miembros del organismo reducir su dependencia de otros activos para constituir reservas internacionales. El DEG constituye un derecho potencial de su tenedor para obtener monedas de libre uso de los países miembros del FMI, por lo que puede canjearse por este tipo de divisas. El valor de un DEG se basa en la cotización de una canasta de las cinco principales monedas del mundo: el dólar estadounidense, euro, yen japonés, libra esterlina y renminbi chino. El “selecto” club está integrado por 189 miembros, así que la convertibilidad de los DEG entre éstos no presenta dificultad. No obstante, no es una moneda internacional de curso legal. Los DEG no son una donación en virtud de su pertenencia a la Institución. Se paga un interés por su disponibilidad.

La Ley del Banco de México, establece que la reserva tendrá como único objeto coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional mediante la compensación de desequilibrios entre los ingresos y egresos de divisas del país.

El párrafo octavo del Artículo 28 de la Constitución Federal establece: El Estado tendrá un banco central…Su objetivo prioritario será procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, fortaleciendo con ello la rectoría del desarrollo nacional que corresponde al Estado. Ninguna autoridad podrá ordenar al banco conceder financiamiento.

Aun cuando, la finalidad operativa del Banxico parece simple, la medición de la inflación y el crecimiento de ésta más allá de ciertos rangos pone en peligro la capacidad adquisitiva de la moneda de curso legal: el peso mexicano, constituye una tarea compleja.  Gráficamente se pueden observar dos esferas que tienen intersección. La primera de ellas se refiere a la circulación monetaria interna y la externa que se determina por los flujos monetarios en divisas. Mantener el equilibrio de valores es la función del Banco Central, toda vez que el Banco es el órgano capacitado para convertir las divisas en moneda de curso legal. Ahora bien, los conceptos por los que “entran” divisas al país pueden ser: remesas, las exportaciones, la inversión extranjera directa, variación del valor de las reservas internacionales y de financiamiento externo como los DEG. 

Debe precisarse que contrariamente a lo que se imagina, no son divisas en especie, billetes y monedas. El grueso de las divisas son movimientos virtuales, son registros en libros que se depositan -invierten- en otros países y obtienen un rendimiento. En un momento dado se pueden convertir en monedas de libre curso internacional.

Los dólares de las exportaciones petroleras de PEMEX como de cualquier otro agente público o privado deben convertirse a pesos mexicanos. Las divisas se acumulan en las Reservas Internacionales de Banxico. Y los tenedores de divisas en un momento dado, reciben pesos mexicanos a través de los mecanismos administrados por el Banco Central. 

En el caso de la necesidad de divisas por parte de cualquier agente para solventar rubros como los siguientes: importaciones de mercancías y servicios, pagos de obligaciones por deuda externa, rendimientos de inversiones físicas y financieras, ventas de activos fijos de empresas extrajeras, remesas, entre otros. Para estos fines el Banxico provee las divisas.

Las divisas se incorporan a los activos de Banxico como reserva monetaria internacional. Al hacerlo convierte las divisas en pesos equivalentes que pasan a ser parte del circulante monetario que para el Banco constituyen obligaciones y por tanto son pasivos del Banco. Sin embargo, en virtud de su tarea primordial, no puede dejar en circulación las adiciones de billetes y monedas fruto de los pagos de divisas.  

El exceso de circulante monetario debe ser retirado de la circulación , mediante la colocación de valores del propio Banxico. Un instrumento para este propósito son los Bonos de Regulación Monetaria del Banco de México (BREMS), que es la herramienta propuesta por el Presidente, para hacerse de dólares baratos y pagar deuda externa del sector público. Los BREMS según el Banxico, tienen el propósito de regular la liquidez en el mercado de dinero y facilitar con ello la conducción de la política monetaria.  En el momento no hay problemas de exceso de liquidez. 

Los problemas de liquidez surgirían al momento de vender los DEG recién incorporados a las Reservas Internacionales y convertir este activo en dólares. Quién tiene que operar este procedimiento es Banxico. Y los DEG dejan de ser un activo virtual para convertirse en dólares, al fin un activo incorporado a la Reservas Internacionales. Presumamos que ya tiene los dólares que sustituyen otro activo.

El Poder Ejecutivo quiere que se los proporcionen para liquidar deuda externa, Y no puede ser de otro modo que generando el valor equivalente en valores gubernamentales ya que la Constitución prohíbe en forma expresa que el Banxico financie al Gobierno Federal.  

A fin de cuentas, se trata de canjear deuda externa del sector público por interna de menor costo. Sin embargo, no se cumple la condición establecida en la Ley del Banco de México de desequilibrio entre egresos e ingresos de divisas del país.  Sin embargo, el hallazgo del vellocino no es gratis.