Opinion
Periscopio

El vuelo de una mariposa y el cambio climático

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Armando Sepúlveda Sáenz

sábado, 20 febrero 2021 | 05:00

«El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Este proverbio chino se ha vinculado a las investigaciones del matemático y meteorólogo Edward Lorenz, de una de las más espectaculares teorías físicas: el efecto mariposa.  Poética denominación que sus amigos le sugirieron a Lorenz para sus hallazgos vinculados a la Teoría del Caos: el aleteo de un insecto en un extremo del mundo puede desatar una tempestad en las antípodas. 

Desde hace décadas, la predicción del tiempo meteorológico se obtiene de la aplicación de complejos modelos matemáticos. En 1960, Lorenz advirtió que su modelo daba pronósticos desmesuradamente diferentes por el solo hecho de variar los valores de una variable en diezmilésimas de punto porcentual para simplificar los cálculos.

El conocimiento preciso de algunos sistemas complejos, aunque mejorable es prácticamente imposible, aun cuando se conozcan todas las variables, los valores de ellas no siguen valores fijos, y sus efectos pueden ser muy diversos. Al comportamiento real se le designa como sistema causal no determinista (sujeto a cambios probabilísticos), cambios menores pueden acarrear a consecuencias totalmente distintas. Una pequeña variación inicial, mediante un proceso de realimentación entre variables puede amplificar o reducir resultados del sistema en muy breve tiempo. En el largo plazo puede significar un sistema con comportamientos imprevisibles o caóticos, dados los conocimientos y herramientas de cálculo. En la condición del tiempo meteorológico, corto se refiere a minutos.  

En el largo plazo, sin embargo, se han podido establecer relaciones causales entre la contaminación ambiental y el cambio climático. Desde años atrás se habían pronosticado la sequías prolongadas e intensas, o tormentas y ciclones de una magnitud inusitada, temperaturas extraordinarias, etcétera. Fenómenos cuya presencia geográfica, momento cronológico y magnitud son también indeterminables.

Las inusitadas tormentas invernales con nevadas intensas en el estado de Texas, tomaron a las autoridades y a la población, sin las medidas de respuesta adecuadas al meteoro, absortos en su autarquía energética, actitud añeja, fundamentada en sus sentimientos de autonomía de república. Su aislamiento energético les ha acarreado insuficiencia de oferta de gas y el disponible a precios estratosféricos, ya que carecían de almacenamiento significativo para alimentar las centrales termoeléctricas de ciclo combinado. Estaban atenidos a la producción de gas natural, la que también tuvo que suspenderse. El retiro parcial de las turbinas eólicas, según las autoridades texanas no tiene relevancia en el desabasto eléctrico.  

El sistema de electricidad de Estados Unidos está separado en tres partes: Dos conforman la Interconexión Este y la Interconexión Oeste, y sus sistemas eléctricos se encargan de 48 estados. El tercer sistema, llamado Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas o ERCOT, es una isla de electricidad que está separado de los otros dos. En estas condiciones Texas se quedó sin gas y sin energía eléctrica. La lección obvia es que las pretensiones autárquicas en un ambiente político, económico y social interdependiente son una imprudencia económica, ambiental y social. Aunque es improbable que el fracaso de sus políticas estatales lleve al gobierno a declinar su patrioterismo chovinista, se puede esperar que se den a la tarea de crear la capacidad de almacenamiento de gas, cuando menos para cubrir la operación de plantas, negocios y hogares por un lapso de una o dos semanas. Revisar la autonomía energética les puede llevar un período largo pues está sujeta a procesos políticos y a la hegemonía partidaria. 

Y por añadidura nadie puede asegurar que en el futuro no se volverán a presentar sucesos como el vivido. Para cualquiera, texano o no, es claro que sobre el sistema climático no se tiene control. Y si no se toman las medidas necesarias para tener una respuesta ante lo fortuito pero probable, seguramente vivirán otro episodio catastrófico.

De hecho, a los mexicanos los sucesos climatológicos en Texas, en las condiciones de sus sistemas energéticos, nos han resultado muy costosos, por la conexión más importante con ese estado, en materia de suministro de gas natural; de menor importancia y longitud es la conexión con Arizona y California.

La visión estrecha de la vinculación con los ductos de gas estadounidenses, llevó a las autoridades federales a desestimar relativamente la necesidad de almacenamiento de gas suficiente para garantizar la operación de las termoeléctricas de ciclo combinado, previendo cualquier percance fortuito. En la actual administración federal no se habían dado cuenta del problema potencial, y la desestimación para crear infraestructura de almacenamiento, simplemente fue absoluta.  En la mirada oficial así lo recibieron y es correcto, pero no hicieron nada. Y no solo eso, agotaron las reservas de gas disponibles en 2018. Presumen que la dependencia no es buena. No obstante, no se ha creado la capacidad de extracción de gas, procesamiento, transporte y almacenamiento. 

Recuérdese la cancelación por el presidente de las rondas previstas en el Plan Quinquenal 2015-2019, que preveía la licitación de 128 bloques de exploración y extracción de hidrocarburos, incluyendo gas natural. Asimismo, canceló las asociaciones de Pemex con empresas privadas, lo que ha comprometido seriamente la producción futura de gas. Tampoco se ve en el horizonte que el problema esté en vías de resolverse. Lo indica la solicitud presidencial para ahorrar energía en las horas “pico”. Y por si fuera poco, se cancelaron las compras de coberturas para variaciones extraordinarias de precios del gas importado. Ignoraron la posibilidad de que subieran los precios como aconteció.

En estas condiciones, lo más viable es aprovechar las conexiones distintas a Texas, aumentando su longitud y ramales, e instrumentar un programa de emergencia para aumentar la capacidad de almacenamiento. Y olvidarse de las plantas de generación tecnológicamente obsoletas, termoeléctricas de combustóleo y carbón. Por otra parte, hay que efectuar, las inversiones necesarias para garantizar un sistema de interconexión que optimice la alimentación de energía de fuentes no convencionales, abriendo la posibilidad de incrementar aceleradamente la producción eólica y fotoeléctrica. Se puede, de lo contrario, estaremos expuestos un largo rato a los apagones, precios altos de energía o descomunales subsidios a CFE,  además de la contaminación ambiental a contrapelo de los metas comprometidas en los Acuerdos de París, lo normado en el T-MEC , y al derecho humano  “Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar. El Estado garantizará el respeto a este derecho. 

El daño y deterioro ambiental generará responsabilidad para quien lo provoque en términos de lo dispuesto por la ley” (Artículo 4º de la Carta Magna).