Opinion

Elecciones en la pandemia: ¿sobrevivirá la democracia?

.

Nicolás Juárez Caraveo

domingo, 02 mayo 2021 | 05:00

Un tema recurrente en estas colaboraciones ha sido el impacto de la pandemia del Covid-19 en nuestras vidas, pero hoy nos enfrentamos a un reto mucho más importante: ¿sobrevivirá la democracia frente a este flagelo?

La pregunta no es nada descabellada; no sólo se trata de restringir o mejor dicho modificar las campañas electorales en pleno auge, sino también la realización del mismo proceso electoral: primero ante la negativa de los ciudadanos a participar como funcionarios de casilla y segundo a los mismos partidos se les está dificultando conseguir a sus representantes de casilla.

Aunque la autoridad electoral no lo ha querido decir, es ya un foco rojo para el Instituto Nacional Electoral el poder completar a los funcionarios de casilla, es más, hasta al personal de capacitación para esta tarea y ya estamos a un mes de la elección.

No se puede ocultar: el impacto de la pandemia en la democracia y en el desarrollo del proceso electoral aún no se puede siquiera predecir, y aunque está claro del daño que está causando, aún no se ven acciones reales que puedan lograr una solución.

Lo importante sin lugar a dudas es preservar el derecho al voto y a la salud de los ciudadanos, lo que no se observa es cómo se pueda lograr.

Cómo lograr lo que señala Luis Almagro, secretario general de la OEA, de que es necesario analizarse alternativas democráticas para garantizar que no se vea lesionada la legitimidad de origen de los gobernantes, la alternancia de sus autoridades y la duración de los periodos de gobierno.

El impacto de la pandemia en la democracia y en el desarrollo de los comicios es evidente y notorio, y aunque obliga a reprogramar aspectos que no se tenían previstos, simplemente no hay nada contundente.

La semana pasada en este espacio se dijo que la autoridad es un florero de ornato y es la realidad: no ha tomado ninguna acción que pueda garantizar como se dijo que se tenga un proceso democrático con una alta protección a la salud de quienes participen en éste.

Desde su inicio el COVID-19 ha presentado retos importantes y hoy toca en México enfrentar a la democracia, por lo que no resulta sorprendente que los procesos electorales sean una víctima inmediata e inevitable de la pandemia. 

Por su esencia, las elecciones constituyen grandes acontecimientos sociales que movilizan a miles de personas, y para garantizar su validez es necesario garantizar su transparencia, seguridad e integridad, y al momento en varias partes del mundo la pandemia ha puesto a prueba los sistemas electorales.

Con respecto al proceso electoral, las candidatas y los candidatos tendrán que buscar formas efectivas de difundir sus ideas y propuestas de campañas pero ya sin esos grandes mítines y enfrentando el reto de las redes sociales que hasta el momento han demostrado que sólo han sido efectivas para destruir y no para construir.

Y para la autoridad electoral la principal amenaza a la salud pública, es la exigencia de que los votantes sufraguen de modo presencial, y claro en una sola jornada como siempre se ha realizado, pero la convergencia en las casillas y la manipulación del material electoral asusta a más de uno.

En menos de un mes, tanto la autoridad federal como estatal electoral deberán garantizar mecanismos que aseguren niveles suficientes y fiables de participación electoral, y que garanticen la representatividad y legitimidad de quienes obtengan el triunfo; proporcionar un entorno de votación seguro para quienes emiten su voto y claro que también para los funcionarios de casilla.

Las acciones que ha desarrollado el gobierno estatal, con los “súper cierres” de fin de semana y hasta el regaño que recientemente realizó el secretario de Salud a los candidatos de dejar de hacer campañas de contacto, no sólo desalientan la participación, sino que contribuyen a sembrar el terror en la población y con ello las pocas ganas de participar.

Ojalá que no se llegue a la tentación de decretar una situación de emergencia por el semáforo rojo, que decida aplazar las elecciones, porque aunque usted no lo crea, puede pasar por la mente de varios que no quieren perder el poder que tienen.

En poco más de un año que hemos sufrido este grave problema de salud, en México y en el mundo no ha sido motivo suficiente de cancelación o bien modificar la fecha de los procesos, es mas según los datos registrados ni siquiera ha sido motivo de una baja participación social.

Queda un mes más de campañas, un proceso donde participan un ejército de candidatas y candidatos que todos quieren llegar al elector y hoy tendrán que hacerlo con estrictas medidas de salubridad.

Como lo habíamos descrito en anteriores colaboraciones, en el pasado quedarán los mítines multitudinarios, visitas domiciliarias, desayunos o comidas y hasta encuentros en grandes salones con líderes y sectores; no se diga la entrega a granel de playeras, gorras, mandiles, bolsas de mandado, sombrillas, lapiceros, pañoletas y cuanto material utilitario se les ocurra… la “nueva normalidad” impactará directamente a las campañas políticas.