Opinion

En defensa de la vida

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Benito Abraham Orozco Andrade

martes, 07 septiembre 2021 | 05:00

La conclusión de un quinquenio malogrado, de una histórica decepción, así como el inicio de un sexenio de esperanza fundada en la experiencia de otro quinquenio que dio muestras de capacidad y de responsabilidad, son situaciones que por el momento están resueltas para los chihuahuenses, y que conforme se vaya avanzando en el retiro y en la asunción correspondientes, irán asomándose las novedades que deban de surgir. Existe otro asunto que por lo pronto, por su delicadeza, se impone.

Nuevamente aparece en la palestra nacional el tema del aborto, que no viene a ser sino la interrupción de la vida de un inocente —así, lisa y llanamente—, auspiciado por hombres y mujeres que legislan, que gobiernan, que juzgan, que dicen defender los derechos humanos. A ese absurdo hemos llegado.

Nos encontramos inmersos en individualismos que quieren orientar todo hacia la exigencia de derechos (o supuestos derechos), pero no hacia el cumplimiento de obligaciones o de compromisos para con los demás. La solidaridad y el respeto se van desdibujando en un entramado social en decadencia, en donde pueden más las posturas estruendosas que la defensa de los valores tradicionales.

No se trata de asumir conductas belicosas que provocan más enconos, sino de hacer patentes convicciones que, de generación en generación, han resultado infalibles en la formación de personas y sociedades con una alta consideración del respeto hacia los derechos del prójimo. He aquí precisamente el meollo del asunto, que es el hacer conciencia de quién es ese prójimo.

Al momento de estar escribiendo la presente colaboración, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se encontraba discutiendo por enésima ocasión la despenalización del aborto y la objeción de conciencia de los médicos ante tal aberración, y en voz de su ministro presidente, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, refiere que “todos estamos en favor de la vida, lo único que sucede es que estamos a favor de que la vida para las mujeres sea una en la que se respete su dignidad, que puedan ejercer con plenitud sus derechos”. ¿Es en serio? ¿Y los derechos y la dignidad de ese prójimo inocente?

No fue una ocurrencia, sino la razón, la realidad social, lo que llevó al legislador en nuestro país y en muchos otros más, a reconocer, como lo hace en el artículo 22 del Código Civil para el Estado de Chihuahua, que una persona lo es desde su concepción. Desde ese momento ya es un prójimo, una persona con derechos adquiridos, sobre todo el derecho fundamental de la vida que por ningún motivo debiera estar a discusión. El adentrarse en qué normatividad internacional y nacional se está violando al permitir el aborto, es un tema sobre explorado, que ha venido siendo confundido por posturas como la del ministro Arturo Zaldívar, así como por un marco legal atiborrado de disposiciones que atentan contra los derechos humanos que hemos conocido y defendido la gran mayoría de los mexicanos. 

No obstante, ante esas actitudes estridentes y exacerbadas, se ha preferido evitar críticas incluso hasta groseras y violentas, reservándose la manera de pensar ante ese y otros temas “escabrosos”, por lo que ante esa inactividad y/o silencio, se está en la creencia de que existe una conformidad generalizada con el aborto, la adopción de menores por parejas del mismo sexo, etc., lo que definitivamente no es así.

Esos inocentes que pudieron haber tenido un nombre, una personalidad, un hermano, un padre y una madre, unos abuelos, un amigo, un compañero de escuela, un cónyuge, momentos de alegría y de tristeza, y un sinnúmero de situaciones que la vida nos ofrece —incluso a quienes los rechazan—, a ellos quién los defiende. Esas personitas que lo único que esperan es el cariño y el amor de su madre, no cuentan sino con quienes tenemos la convicción y el respeto por la vida desde su concepción. Manifestaciones en contra del aborto las ha habido, pero están lejos de representar a esa inmensa mayoría que no está de acuerdo con tal aberración.

En cuanto al personal médico y de salud en general, por ningún motivo debe ponérsele en la disyuntiva de actuar o no actuar en perjuicio de su conciencia.

Por dichos seres humanos inocentes, debemos superar nuestros temores y abrirnos a expresar nuestro sentir y nuestra forma de pensar ante tal abominación, con la debida prudencia, evitado al máximo enfrascarnos en discusiones bizantinas y en poner en riesgo la ya mermada armonía social.

¡EN DEFENSA DE LA VIDA: NO AL ABORTO!