Opinion

En el mar, la vida es más sabrosa

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Héctor García Aguirre

martes, 07 septiembre 2021 | 05:00

“Yo soy el marino que alegre de Guaymas salió una mañana, llevando en mi barca como ave piloto mi dulce esperanza”  La barca de Guaymas, autor desconocido.

In memoriam del ingeniero mecánico naval ABELARDO ELOY HERRERA MENDÍVIL, guaymense, amigo entrañable y compañero de mi generación de la Escuela Náutica de Mazatlán 1978-1982, quien perdiera la batalla contra el Covid el mes de agosto próximo pasado. Hasta siempre, “Pollito”; nos vemos en la siguiente y eterna singladura.

Abordaremos en este espacio algunas expresiones del habla cotidiana que para la gente de mar tienen significados muy diferentes a los que les atribuimos en tierra. Se sorprenderá:

“Donde manda capitán no gobierna marinero”. En efecto, en tierra, el jefe (que puede o no coincidir con la calidad de líder) decide lo que se ha de hacer y sus órdenes, aunque absurdas a veces, suelen ser obedecidas “sin chistar” por sus subordinados. Éstos, según la cita, serían los marineros y aquel quien dispone, el capitán. En el mar, sin embargo, “donde manda capitán sí gobierna marinero”. Resulta que en los grandes buques de guerra y mercantes, quien da las órdenes es el capitán; es decir, el capitán manda. No obstante, quien gobierna la caña del timón es un ABS (Able body seamen o marinero). Empero, en los buques pesqueros se tiene un dicho: Donde hay patrón no manda marinero.

“Su vida dio un giro de ciento ochenta grados". En navegación dar un giro de ciento ochenta grados significa virar a una banda o a otra (babor o estribor) media rosa náutica para quedar en sentido inverso al rumbo que se traía originalmente; esto es, volver sobre la estela que traíamos hasta antes de dar la ciaboga (vuelta). Con ello regresaríamos por la derrota (camino) para quedar navegando por donde veníamos. Así que si una persona da un giro de ciento ochenta grados a su vida, pues sencillamente regresa por donde venía. Su vida habrá cambiado en retroceso.

También es común escuchar que la vida de tal o cual persona dio un giro de trescientos sesenta grados; huelga decir que su vida siguió por el mismo rumbo que traía, es decir, para seguir igual. La única forma de cambiar es virar por lo menos un grado en nuestra vida. Si queremos ser más rigoristas, lo correcto sería decir que la vida nos cambió noventa grados, ese sí es un cambio de ruta.

“Atracado”: Esta expresión significa que el buque quedó estacionado ya por estribor (derecha) o por babor (izquierda) al muelle. Desde luego en tierra significaría que el barco fue asaltado o robado. Cuestión de semántica.

“En el mar la vida es más sabrosa”. Esta divertida proposición de la canción En el mar del cubano Osvaldo Farré, seguramente nos transporta a la disipada vida de las playas. Para el marino que surca los mares a bordo de buques de carga, veleros, pesqueros o de guerra, o el que permanece en las plataformas petroleras o centros de investigación durante meses, esta locución no es más que un espejismo, porque allá, mar adentro, no siempre se disfruta la sabrosura que imaginara Farré en su famosa y alegre composición. No aplicaría el calificativo cuando se cruza por mares violentos de olas de entre quince y veinte metros de altura y vientos que pueden alcanzar los ciento cincuenta kilómetros por hora, donde el buque es menos que una cáscara de nuez azotada inmisericordemente por la furia del viento y la mar violenta. Para el marino, en esas circunstancias, nada tiene de graciosa la aseveración de que “…en el mar la vida es más sabrosa…”.

“Vas hacia atrás, como los cangrejos”. Los cangrejos no caminan hacia atrás, caminan de lado. Esta particularidad es especialmente eficaz en la orilla del mar, donde necesitan un mejor agarre para hacer frente a las olas, entre otras razones.

“Gritarlo a los cuatro vientos”. En tierra se entiende que se grita hacia todos lados de tal manera que todo mundo se entere de algo. En el mar esa expresión resulta muy limitada. La rosa de los vientos contiene treinta y dos direcciones. En sentido horario se divide en ¡6,400 partes! Más aún, matemáticamente hablando, el número de direcciones de las que puede venir el viento ¡es infinito!

“Vete al carajo”. No está clara la etimología de la palabra carajo, mucho se ha discutido si pertenece o no al argot marino. En tierra, sobre todo en México, tiene tantas connotaciones como el verbo chingar. Las frases más comunes, y en ellas va el significado son, entre otras: ¡con un carajo!, ¡Me lleva el carajo!, ¡está carajo!, etc. En los barcos de vela, sobre todo en la antigüedad, había una especie de puesto de vigilancia en el palo mayor al cual se le denominaba, al parecer, carajo. Dice la mitología náutica que cuando un miembro de la tripulación incurría en alguna falta grave contra la disciplina del barco, era enviado “¡al carajo!”. Ya se ha de imaginar usted que era un castigo tremendo, puesto que al ser el punto más alto dentro de la estructura del barco, era muy susceptible a los bandazos con el vaivén de las olas con la consecuente mareada de los aprendices de marinería que embarcaban por primera vez…y última.