Opinion

En Memoria a los 82 años de la tragedia de las siete cabecitas (cuarta parte)

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/ Esquela de la Asociación Cristiana de Jóvenes que se divulgó en los medios de comunicación el 2 de agosto de 1939 (Foto-Archivo-YMCA).
/ Caritas de Teodoro y el niño Méndez que fueron esculpidas en el monumento ubicado en el kilómetro 21 en las “Curvas del Perico” (Foto-APCUCh).
/ Carita del niño Gutiérrez que fue esculpida en el monumento ubicado en el kilómetro 21 en las “Curvas del Perico” (Foto-APCUCh).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 27 agosto 2021 | 05:00

Continuamos con esta interesante y trágica crónica del accidente donde un grupo de excursionistas de la YMCA (Young Men's Christian Association), Asociación Cristiana de Jóvenes de la ciudad de Chihuahua, dónde lamentablemente perdieron la vida siete niños y a los cuales, se les haría un monumento que sería bautizado como “Las Siete Cabecitas” a la altura del kilómetro 21 de la carretera libre de Chihuahua a Ciudad Juárez. Sí, después del encontronazo entre los dos pesados camiones y las declaraciones uno de los involucrados, en este casa Encarnación Espinoza, el cual argumentaba que al llegar al kilómetro 21, el camión de Rafael Murga se encontraba invadiendo el carril y al no poder esquivarlo debido a un puente de cemento en construcción, se produjo el impacto.

Sigue comentando Encarnación que se bajaría inesperadamente a ver lo sucedido y con sorpresa, observaría a los niños muertos; sin embargo,esta versión sería cuestionada debido a que la policía  encontraría una botella de tequila semi vacía. Por otro lado, al tomarle la declaración a Murga, manifestaría haber sido contratado por el profesor Francisco Balderrama para llevar a los niños a Majalca,partiendo de la YMCA el martes a las 16:00 horas y su viaje duraría tres horas. A una velocidad de 40 km por hora con 25 jovencitos, dos tanques para gasolina, un permiso para conducir desde 1937 y un camión de redilas destrozado por el lado izquierdo del brutal golpe recibido del otro vehículo. Murga además agregaría que al momento del impacto, el dompe de Espinoza se había detenido a 150 metros de distancia, ordenándole se detuviera.Sin embargo, Espinoza al ser nuevamente cuestionado entraría en una serie de contradicciones, ya que estaba conduciendo con imprudencia y debido a las malas condiciones del dompe, no se pudo detener antes del impacto. 

Además de Murga y Espinoza, declararon el señor Guillermo Rivera, el profesor Balderrama y María Elena González, los que coincidieron que el responsable había sido Espinoza. Finalmente se interrogó a varios niños entre los que se citan a Luis Eduardo León Gebels, Rafael Carreón y Héctor Rodríguez. Otros declarantes fueron Hipólito Aranda, profesor de cultura física; Héctor Santitrero y Jesús José Aranda. Al poco tiempo saldría en libertad Ramón Murga con las reservas de ley, al quedar pendientes posteriores investigaciones, en cambio, Espinoza fue consignado al juez Primero Penal por los delitos de homicidio, lesiones y destrucción en propiedad ajena. El panorama se percibía muy oscuro, miles de chihuahuenses se solidarizaban con las familias de los niños accidentados, las palabras de aliento y condolencias no se hacían esperar; Chihuahua se unía en cuerpo y alma para llevar a los siete niños fallecidos a su última morada, eran momentos terribles para cada miembro de la misma YMCA que solo esperaban el día del adiós definitivo.

Para informar algunos detalles sobre los últimos acontecimientos que estaban llegando a las oficinas de la “Guay” se emitía un comunicado en donde se informaba que se suspenderían todas las actividades dentro de sus instalaciones y en el que se ofrecía un mensaje a los profesores de los chiquillos, el cual decía: “Chihuahua, Chihuahua, 3 de agosto de 1939, señores profesores Roberto B. Zaldívar, Hipólito Vega Ch., Francisco Balderrama, José Ma. Vergara,  Adolfo Medellín y J. Isabel Arredondo… Muy estimados señores y amigos, con la inmensa pena que embarga a nuestros corazones a raíz de la desaparición de nuestros hijos que perdieron la vida en el accidente sufrido el día primero del actual (1939), hemos querido aprovechar unos momentos de descanso para llevarles a ustedes unas palabras de aliento y cariño a los que lo necesitan. Ni ahora, ni en los momentos tan angustiosos de enterarnos del hecho y que podamos pensar influidos por el dolor, llegamos a tener un solo pensamiento con ustedes, porque sabemos el inmenso cariño que les tienen a todos los niños que están a su cargo… Sabemos que todos ustedes guardarán un recuerdo imperecedero de nuestros hijos, que todos y uno por uno estarán en nuestras mentes y que ese recuerdo sea para todos un nuevo estímulo para las actividades que desempeñan”... Firmaban este comunicado los señores: María Balderrama de Anda, Salim Giacoman, V.G. Gardea, A. Díaz Garza y M. Méndez.

Las miles de personas que se congregaban a las afueras de la “Guay” para acompañar a los “angelitos” a su última morada, todo se veía oscuro y desolador a pesar del “mar” de gente que se acercaba al edificio de la YMCA. La hora, pasaditas de las 4 de la tarde, cuando los cuerpos de los niños en sus cajas salían de las instalaciones deportivas, de color blanco y llevados en los hombros de quienes sentían el dolor de la pérdida de un ser querido; los semblantes con una gran pena, embargaban a los corazones ahí reunidos, pues tanto hombres como mujeres, niños, jóvenes y ancianos, se hallaban enormemente conmovidos ante el cuadro de dolor que ofrecieron los compactos grupos de familiares y amigos que acompañaban a cada uno de los cuerpecitos de los niños sacrificados en la horrenda tragedia; sí, era difícil describir los cuadros de angustia que se desarrollaban en cada metro, en cada kilómetro rumbo al panteón de Dolores; se derramaban copiosas lágrimas, contagiadas de dolor prevaleciente; se escuchaban por doquier, exclamaciones de protesta contra los individuos que sin calcular los daños irreparables,ocasionarían con su imprudencia pues manejar vehículos sin las debidas precauciones, jamás se olvidaría. 

Ahí en el panteón se observaba al Director Técnico de la Guay, señor Roberto B. Zaldívar con el semblante y el alma destrozada y agobiada por la pena, no podía disimular sus sentimientos, de igual forma el profesor Ramón Vargas Flores y otras personalidades, se formarían para expresar palabras de aliento y oraciones a favor de los niños, lo que vino a conmover más a la enorme concurrencia… Uno a uno, eran sepultados, entre los finados estaba  Armando Gutiérrez, Luis Díaz García, Jorge Giacoman, Venancio Gabriel Gardea, José Alberto Méndez y el cuerpecito de Horacio Brondo, depositado en la cripta de unos familiares esperando a su padre el señor Horacio Brondo para darle sepultura y en el caso del cadáver del niño Teodoro Faulkner, sus restos fueron trasladados por la noche a bordo del tren sur-norte, para inhumarlo en Denver, Colorado de donde era la familia, llevando el féretro sus papas, el señor y la señora James Faulkner.

Dentro del panteón ahí donde no cabía ni un “alfiler”, las palabras de despedida de algunas personas hacían más emotivo el momento; ríos de lágrimas y gritos de angustia, eran llevados por el “chiflar” del viento que trasmitía el dolor de los asistentes a cada rincón del camposanto. Entre la multitud el señor Venancio Gabriel Gardea, compartiría las siguientes palabras a todos los asistentes: “En nombre de mi familia y mío propio, mis más expresivas gracias y mi deseo vehemente de que en sus hogares jamás tengan que sufrir el dolor que se siente cuando un hijo se nos va… El destino me hace perder dos hijos en análogas circunstancias por accidente y quiero, por creerlo necesario, las palabras que pronuncié al depositar los restos de mi querido Venancio en su tumba…Cumpliendo con el deber de padre, me tienen aquí señores, para certificar que mi hijo fue modelo de rectitud y supo captarse la simpatía de sus compañeros y condiscípulos y con esto, me basta para aprobar su actuación durante 14 años que él vivió.

“Esta manifestación, este grupo de personas tan enorme que nos rodea, es el más grande galardón que se le puede otorgar a un padre, a una madre y con ello, con el alma destrozada quiero sirvan aceptar mis más sinceras gracias por tan honrosa distinción que me conceden al estar presentes en este acto… No puedo terminar sin elevar mí protesta más enérgica ante quienes permiten a los guiadores irresponsables que con frecuencia, ponen en peligro las vidas de los conductores; que la dirección de caminos debe de proceder inmediatamente a cambiar de guiadores por hombres nuevos a quienes se les haga conocer la responsabilidad que contraen al conducir un vehículo”…Esta crónica continuará.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “En Memoria a los 82 Años de la Tragedia de las Siete Cabecitas” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros mande un WhatsApp 614-148-85-03 para mayor información y con gusto los llevamos a domicilio. 

Fuentes

Libro: Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua, Tomo I; Archivo de la YMCA, Chihuahua; don Alberto Contreras; don Benjamín Tena Antillón; don Juan Manuel Morones.