Opinion
Crónicas de mis recuerdos

Enero 15 de 1972: los Demonios se Desatan

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Oscar A. Viramontes Olivas
domingo, 20 octubre 2019 | 05:00

En la última semana parece que los demonios se han desatado en el país, pues los actos de violencia ya forman parte del escenario cotidiano de nuestras calles, colonias, parques, centros de recreo ya que no hay día en que no se publique en los medios de comunicación crímenes violentos, robos y todo lo que tiene que ver con la violación a las leyes. Con este antecedente me viene a la mente el recuerdo de un acontecimiento que dejaría huella en las páginas de la historia de nuestro terruño chihuahuense, aquel acto violento que cimbró a una sociedad tranquila, en paz, donde las condiciones de inseguridad no eran las mismas como las que hoy experimentamos. Estos hechos fueron los asaltos a los bancos que se produjeron en enero de 1972, donde un grupo de jóvenes convencidos de sus ideales, atacarían tres sucursales bancarias a la vez en la ciudad de Chihuahua.

La mañana del 15 de enero de 1972, se mantenía con una tranquilidad que permitía que todo mundo saliera de sus casas a realizar las actividades cotidianas, sin embargo, con toda esa “luz” que iluminaba el cielo citadino, en el horizonte se observaban algunos nubarrones negros que envolvían el escenario con malos presagios que ocurrirían en esa quincena del 72. De repente, el ambiente se volvió sombrío y los demonios salían desde ultratumba para desatar la violencia en la ciudad. De una notoria tranquilidad, de repente todo fue envuelto por el ruido estremecedor de los cuerpos policiacos que con sus sirenas anunciaban que algo muy serio estaba sucediendo en la tierra de Jordán. No era de noche sino de mañana, cuando los negros y malos augurios anunciaban la tragedia; se percibía un caos, una masa de gente se divisaba a lo lejos y eso asustaba a la población porque intuitivamente, sabían que los demonios habían desatado la violencia en la pacífica Chihuahua.

Yo iba tomado de la mano de mi padre Chalío y nos conducimos a la escena escalofriante de lo que estaba sucediendo; gritos y algunos disparos se escuchaban a lo lejos, no sabía qué estaba pasando pues todo se movilizaba. Después de unos minutos el alboroto terminó, los policías y soldados aparentemente ya tenían todo bajo control, la confusión reinaba, el lugar, la calle 25 y avenida Revolución (hoy la Teófilo Borunda), donde todos comentaban: ¡Fue un asalto! Sí, efectivamente fue eso, un asalto. Me tocó acercarme junto a mí papá a la escena del crimen y después de unas horas, la tormenta aminoraba. El Banco Comercial Mexicano S.A. había sido atacado por jóvenes que pretendían robarlo. La escena fue impactante para mí, pues tuve la oportunidad de observar sangre y cabellos de una mujer que desafortunadamente había sido alcanzada por las balas de los soldados y que después supe que había sido Avelina Gallegos. Se decía a gritos que era una de las que pretendía lamentablemente asaltar el banco. Además supe que no sólo había sido una mujer, sino otro que estaban dentro del banco, las que no corrió con suerte, pues en la “trifulca”, fueron abatidas por las balas. Me acuerdo de ese evento como si fuera ayer, algo que me dejó marcado en el recuerdo de mi existencia.

Mi padre y yo fuimos testigos de los hechos, el botín, medio millón de pesos, algunas personas caídas y heridas y después de unas horas, me doy cuenta que el Comercial Mexicano no había sido el único, sino los atracos se habían extendido a otras dos sucursales. Preguntaba a mí padre: ¿Cuáles otras? ¿Qué están diciendo?   Y él me respondería con el pulso agitado: “¡Fueron otros dos bancos!” -¿Cuáles fueron?  Yo le pregunté insistentemente y él me contestó: “El Banco de Comercio de Chihuahua de la 20 de Noviembre y Ocampo, ahí por donde vive tu abuelita y otro del mismo nombre, pero que está en los locales de Futurama Universidad” (hoy, “Al súper” Universidad).

Todo comenzaría a eso de las 9:30 de la mañana, era un sábado fresco, pero candente, el viento soplaba presagiando lo inevitable porque pronto lo que vendría elevaría la temperatura de cualquier ser humano y los demonios harían de las suyas. 

Sí, como dije, la sucursal “Chuvíscar” fue escenario de fuego cruzado entre jóvenes asaltantes y una patrulla de soldados que intervino para detener el atraco, lo que produjo que se iniciara el tiroteo a sangre y fuego. Uno de los atracadores vestía como hombre, pero en realidad era una mujer de aproximadamente 23 años, su nombre, Avelina Gallegos Gallegos que cayó por las ráfagas militares en medio de la “gritería”. Otra jovencita que estaba en la escena del crimen, recibió un balazo en la cabeza, una de esas balas que entre la confusión andaba “perdida”; lo inevitable, le causó una muerte fulminante, el nombre de la infortunada Magdalena Contreras Hernández de sólo 18 años y que, nada tenía que ver con el asalto. La balacera siguió y poco tiempo después, murió Oscar Montes Flores que era parte del grupo de asaltantes y que dolía al verlo, porque era un jovencito. En la contabilidad de los hechos, se agregaban dos heridos de gravedad que fueron alcanzados de manera inmisericorde por las balas cruzadas. Finalmente, el terrible y angustioso asalto de la sucursal del canal, dejó un saldo de tres muertos y tres heridos.

Para desgracia de los que nada tenían que ver con el asunto, le tocaría a un comerciante conocido en la ciudad y cliente del banco de nombre Rubén Rodríguez, dueño de una cadena de tintorerías el cual, sufriría un balazo al tratar de salir corriendo del local y al pedirle el alto por los federales, fue alcanzado por las armas de fuego. Don Rubén se desplomaba gritando de dolor. Así, entre la confusión que se respiraba imperó la duda entre la milicia, si ese señor Rodríguez era o no de los asaltantes, o simplemente lo habían confundido; después se supo que se trataba de un cliente asustado por el atraco y el alboroto, pero como premio a su huida, habría recibido una fuerte herida. Las noticias empezaban a correr por los cuatro puntos cardinales de la “provinciana” ciudad de Chihuahua. Otros dos eventos se habían suscitado simultáneamente, la sucursal del Banco Comercial Mexicano denominada “Futurama”, había sido también atracada, el botín, cerca de 300 mil pesos según informaba el asustado gerente de esa sucursal el señor Jesús Gutiérrez. Una de las consignas de los ladrones, sería: “¡Somos revolucionarios, este es un asalto!”, fue el grito que conmocionó a los empleados y clientes de ese banco y en donde algunos ya creían en sus mentes que los autores formaban parte de una guerrilla urbana...Esta crónica continuará.

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Fuentes de Investigación: 

Periódico Norte de Chihuahua.

Libro México Armado (1943-1981), Laura Castellamos.


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