Opinion

Enseñar, aprender y sobrevivir

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Gabriela Borunda

domingo, 24 julio 2022 | 05:00

Según estimaciones, 16,500 jóvenes intentarán ingresar al Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua, ingresan en un momento de crisis estatal, esperamos tener recursos para atenderlos a todos, pensando que alguno de ellos pudiera ser nuestro hijo. El director general del COBACH, Marco Licón Barraza termina el semestre con el compromiso de no despedir un solo maestro. Sólo queda esperar.

Son vacaciones y ya no estoy bajo la dictadura del despertador, ahora tengo tiempo de recordar las pesadillas de la noche, justo hoy soñé que lazaba y ataba como becerro a un agitador político de lengua muy larga, de esos que se llevan pero no aguantan. La docencia me ha enseñado mucho, por ejemplo, cuando hablas de más o equivocas los datos, lo mejor es no ponerse necio, aceptar que el alumno también puede tener la razón; disculparse es lo más sencillo y eficiente para las relaciones humanas. Lo mejor de ser maestro es cuando aprendes de los alumnos.

Son vacaciones, uno tiene tiempo de volver sobre sus pensamientos, algo que no ocurre en las labores diarias, un trabajador público o privado tiene una jornada media de diez horas, o al menos eso dice la Organización Internacional del Trabajo, dando al traste con la leyenda del mexicano perezoso. A eso hay que sumar las horas de traslado que al final del día pueden ser cuatro, tomando en cuenta el deteriorado sistema de transporte público, cuatro horas de vida al sumidero. Me da risa la fotografía de funcionarios en un Bowí como si nos estuvieran dando una gran lección ciudadana. El asunto es llegar a las siete de la mañana al trabajo, lo que significa despertar a las 4:30 de la mañana, hacerlo todos los días y llegar de urgencia al IMSS en el colectivo cuando un hijo tiene fiebre, eso es ser un trabajador en México.

Ahora que Greta Thunberg hace que a los jóvenes les repapaloteen los sueños de huelga, me viene a la cabeza que una huelga es un buen pretexto para que un patrón se deshaga de los trabajadores, porque la huelga es una figura legal y durante los años, ¡sí años!, que dure el trabajador no recibirá su sueldo, ni podrá ceder las instalaciones para que el patrón no contrate nuevos trabajadores. Una huelga sólo es legal si los trabajadores están afiliados a un sindicato registrado y cuentan con un contrato colectivo de trabajo.

No, la mayoría de los trabajadores en México no tenemos un contrato colectivo de trabajo, ni los maestros -para que ya apacigüen esas ideas de que los maestros levantamos el dinero con pala-. de hecho, las jornadas laborales tienden a desaparecer sustituidas por la hora de trabajo. Ya no es chido ser maestro ni en la UACH. El patrón, público o particular tiene que entender de una vez por todas que su mejor aliado es el trabajador, sino quién va a mantener funcionando la empresa, por eso hay que procurar que el trabajador esté feliz.

Que no le sorprenda saber qué países con empresas altamente productivas tienen sindicatos muy vigorosos que garantizan el bienestar social, ese que luego nos dijeron que era malo para el desarrollo de las economías nacionales: Inglaterra, Francia, Alemania y sí, los gringos, tienen sindicatos que garantizan un equilibrio de fuerzas entre obrero y patrón.

¿Porque le estaba yo contando todo esto? ah… sí, porque al fin tengo tantitas vacaciones y recordé a mi maestro de ciencias sociales Luis Aguilar, el tigre Aguilar. Verlo entrar por la puerta era ver la teoría hecha acción, en medio de profesores demasiado acartonados para su falta de conocimientos teóricos; conocía la teoría marxista, sus evoluciones y revisiones, su aplicación sociológica, era imposible no seguirlo.

El sindicato es la entidad de poder político que hace valer los derechos y demandas de los trabajadores, es por sí mismo un poder político, no necesita hacerse acompañar de ningún partido o candidato y según la normatividad laboral vigente, un delegado sindical posee la misma autoridad en materia de negociación de las condiciones laborales que la parte patronal, ya nos podemos poner al tú por tú.  El derecho laboral es un terreno trepidante y telúrico tironeado por dos fuerzas, el patrón que quiere jornadas de 10 horas por cincuenta pesos, y el trabajador que quiere una jornada de seis horas con 200 pesos. Estamos muy lejos de ser la empresa Lego, donde cada trabajador define sus horarios de trabajo, crea grupos colaborativo y cuenta con una barra de comida saludable para su descanso, lejos de los tres años de licencia materna en Alemania, lejos del año de descanso para los trabajadores docentes… Lejísimos.

La primera huelga de la que tengo memoria fue la de la extinta Uramex, por sí no lo sabían, los chihuahuenses estamos sentados en un montón de uranio radioactivo. En México existió el Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear, y el 30 de mayo de 1983 estalla una huelga que tenía rato de ser anunciada, los trabajadores demandaban un bono salarial emergente ante el bajo salario y el poco poder adquisitivo. Uranio Mexicano, lo que entonces se conocía como Uramex, terminó ese año su historia en la ciudad de Chihuahua.

Cada mañana los veía sobre las instalaciones en la Avenida Zarco, alguien les llevaba comida, alguien juntaba despensas, a lo largo de 1983 la empresa liquidó a los trabajadores y cerró operaciones.

En 1987 con la lucha de los obreros de aceros Chihuahua, tras dos años en huelga, logran adjudicarse la misma ¿Se imagina una resistencia de dos años, no llevar el sustento a casa? Los relatos de los trabajadores de la industria acerera se mezclan con la leyenda; se hablaba de trabajadores que se internaban por los pasillos de la empresa y desaparecían, de calderas que se soltaban y caían sobre algún trabajador. Condiciones extremas mueven a medidas extremas.

Luis Aguilar fue una representación ética de la participación social, no basta con los diez mandamientos hay que pensar si nuestro obrar perjudica o beneficia a aquellos que el sistema no puede o no quiere ver: niños, ancianos, todo el colectivo LGBT y más.

El mes próximo mi querido maestro Luis el tigre Aguilar, estaría cumpliendo 70 años, México ha cambiado su panorama político, pero no las circunstancias reales de los trabajadores, él fue el que acuñó la frase de “nuestros carros son chuecos, pero nuestro salario también es chueco”.

A 27 años de su muerte hoy tenemos una reforma laboral que sustituye las Juntas de Conciliación y Arbitraje por Tribunales Laborales, que regula elecciones sindicales por voto directo y secreto, y la paulatina inclusión de las trabajadoras domésticas y los trabajadores del campo, pero el outsorcing sigue sin regulación, la llegada de servicios como Didi y Uber impactan de lleno a los sindicatos de trabajadores del transporte público, nuevas necesidades y desastres ¿Le fallamos maestro? Ya viene el nuevo período escolar y con un rezago educativo temible. A causa de la pandemia, los maestros tendremos que desplegar nuestras mejores capacidades en el aula y esperar que las autoridades educativas hagan lo propio.